domingo, 9 de julio de 2017

REFLEXIÓN

   VENID A MÍ
“Venid a mí”, bramó la tormenta,
invitándonos a adentrarnos
en su intemperie llena de posibilidades.

“Venid a mí”, dijo la luz,
alejando de nosotros
el temor a la sombra.

“Venid a mí”, propuso la esperanza,
convertida en caricia
para quienes andaban cansados y afligidos.

“Venid a mí”, exclamó la pasión,
prometiendo un nuevo fuego
al rescoldo de corazones que en otro tiempo ardieron.

“Venid a mí”, exigió la justicia,
herida –en las víctimas–
por tanta mentira dicha en su nombre.

“Venid a mí”, susurró el silencio,
mostrando, con los brazos abiertos,
una forma distinta de cantar.

“Venid a mí”, gritó la soledad,
cansada de deserciones y abandono.


“Venid a mí”, pidió el dolor,
ofreciendo su rostro herido
para que la compasión lo acunase.

“Venid a mí”, llamó el Dios de los encuentros.
Y fuimos. A veces vacilantes,
con toda nuestra inseguridad a cuestas.
Pero fuimos.

José María R. Olaizola sj

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