miércoles, 2 de agosto de 2017

DEJA QUE EL ABRAZO DE DIOS TE TRANSFORME

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Estamos acostumbrados a que todo lo que recibimos lo obtenemos porque nos lo hemos merecido o porque hemos trabajado para alcanzarlo, incluso el amor. Y esto nos pone en conflicto con la experiencia incondicional del amor que Dios nos tiene. Resulta entonces que nos cuesta acoger la idea de un Dios que nos ama a pesar de todo. Entonces es preferible –o quizás más cómodo– establecer una relación mercantil con el Señor: te doy para que me des, hago para que hagas conmigo, etcétera.

Sin embargo, el amor de Dios hacia nosotros no es un asunto de negocios; Él nos ama incondicionalmente. Y es que Dios es así. Lo difícil es que me lo crea, que lo sienta en mi corazón y lo experimente en todos los ambientes de mi vida. Pues bien, estamos llamados a dejarnos abrazar por el amor incondicional del Señor, que no nos pide nada a cambio. Simplemente recibir el abrazo gratuito y dejar que éste nos transforme.

E Ignaciana

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