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SU VIDA UN CANTO AL EVANGELIO


Este verano sentimos el fallecimiento de Pedro Casaldáliga obispo claretiano del Mato Grosso, Brasil. Su vida bien podría ser presentada como un canto al evangelio de hoy: con el poder y la autoridad de quien se sabe discípulo, Pedro no llevó nada, no pidió nada, no hizo alarde de nada. Sólo se puso “en camino”, “de aldea en aldea”. Y entonces su vida se desplegó, como la de Jesús. 

Por tantas veces que exigimos reconocimientos, adjetivos e incluso honores, bien nos haría recordar una de sus poesías que nos llevan al corazón del evangelio. Y, de este modo, volver a sabernos discípulos de Aquel que nos envía: 

Pobreza evangélica
No tener nada.
No llevar nada.
No poder nada.
No pedir nada.
Y, de pasada,
no matar nada;
no callar nada.
Solamente el Evangelio,
como una faca afilada.
Y el llanto y la risa en la mirada.
Y la mano extendida y apretada.
Y la vida, a caballo, dada.
Y este sol y estos ríos
y esta tierra comprada,
por testigos de la Revolución ya estallada.
¡Y “mais nada”!

(Pedro Casaldáliga)
Acompasando

SI TÚ VIVES...

Imagen

Si tú vives… Si tú vienes… Es porque te amo. Es porque te hablo. Si yo existo… Si yo me abro… es porque me vives, es porque me vienes, es porque te abres, es porque me hablas, es porque me amas.

Cipecar

ASÍ



En el silencio de las grandes ciudades, 
en los que sufren sin más remedio, 
en aquel del que ya nada espero, 
en lo súbito y lo desprevenido, 
en el corazón de los desalmados, 
en la contradicción grosera y aparente,
 en el que dejó su alegría olvidada, 
en la luz lejana y vacilante, 
en ese que mira su esperanza rota, 
en la inmovilidad del susto y la ternura,
 en ese instante tocado por la muerte, 
en la fe fugitiva y traicionada, 
en aquello que sostiene nuestra pobre vida, 
en el que nada ni a nadie tiene, 
en lo ordinario de los días y las horas… 
Así, así es esa manera tuya de nacer. 
 (Seve Lázaro, sj)

LLENARME DE TI



¡Cuántas veces pensé, Jesús, que yo lo podía todo,
el prepotente, el autosuficiente.
y me di de bruces con la piedra del camino!
O, simplemente, desfallecí ante las
primeras dificultades de la jornada.
Y ahora me doy cuenta de que sin ti
«no puedo hacer nada»
Es verdad: sin tu Espíritu es como dar palos al aire,
pisar en el vacío y exponerme a la esterilidad.
Para evitar este riesgo a tus apóstoles
les dices bien claro antes de partir:
«Quedaos en la ciudad hasta que seáis revestidosde la fuerza que viene de arriba».
En efecto, dentro de unos días recibirían el Espíritu Santo
para fortalecerles en su gran misión evangelizadora.
¡Así, sí! Con la fuerza del Espíritu todo será posible.
No habrá fuerza ni poder humanos que les puedan detener.
Después de tu ascensión al cielo
los apóstoles «volvieron muy alegres» a Jerusalén.
¡Cómo no! Como niños con zapatos nuevos se fueron al templo
y allí todo era alegría, alabanza y júbilo imparable.
Ya presentían de alguna manera
la emoción del Espíritu que tú les ibas a enviar.
Qué bueno, Jesús, que ese mismo Espíritu pueda apoderarse de mí
y convertirme en fuego permanente para arder y calentar por donde pase!
Eso quiero ser, Jesús: llama, fuego, brasa, pura candela
en los desiertos de la vida y del solitario caminar de tantos hombres y mujeres
que se debaten entre el frío de las noches y las heladas de tantos amaneceres sin amor...
Ya no quiero ser el fanático caminante que quiere bastarse a sí mismo.
Siento muy dentro de mí una invitación a dejar llenarme de ti
para poder ofrecer algo valioso a mis compañeros de camino.
Sólo así estará justificada mi existencia. ¡Sólo así merece la pena vivir!
A de Pastoral



SÉ QUE ES VERDADERO



Sé que es verdadero si me libra del pasado vivido.
Si no pienso que cualquier tiempo pasado fue mejor.
Si no lleno los días de recuerdos nostálgicos y melancólicos.
Si no lamento los infinitos pasados que debieron haber sido, pero que no fueron.
Sé que es verdadero si me olvido del futuro.
Si puedo vivir sin proyectarme en los meses que vienen.
Si las decisiones que tendré que tomar no me agobian.
Si no me atrapan sueños irreales de una vida que no sé si viviré.
Si vivo centrado en el presente.
Si lo importante es lo que voy a vivir hoy o mañana o la semana que viene.
Si me levanto con la sensación de que el día va a ser especial.
Si me acuesto soñando con mañana.
Si siento que el momento que ahora vivo es más especial  que los recuerdos del pasado.
Si soy capaz de vivir sin que me importe la incertidumbre de mi futuro.
Si no necesito planear casi nada.
Si camino despacio y paso ratos sin hacer nada.
Si el tiempo cambia de velocidad.
Si no quiero dejarlo escapar.
Si siento que merece la pena.
Si me hace sonreír.
Si estoy en paz.
Entonces, sé que es verdadero.

EL ROSTRO DE MARÍA

Margarita, Rosa, Verde

Si algo irradia, el rostro de María, es serenidad. El rostro de la Nazarena, para nosotros, es afable, importante, y convoca a la fe porque, simplemente, se abrió sin reservas a Dios y aceptó la maternidad de Jesús.
Desde entonces, y han pasado muchos siglos, nuestros pueblos y ciudades, generaciones pretéritas y presentes de cristianos, la han visto como un modelo de referencia para vivir y compartir la misma fe en el Señor que, en María, fue sólida, profunda y verdadera.

¿Qué refleja el rostro de María? El deseo de ser Madre de Jesús

¿Qué nos dice a nosotros? Que, sigue tan vigente en Ella, como en aquel primer día, la indicación de Cristo: "ahí tienes a tus hijos"

En este mes de mayo, nos acercamos a María, porque sabemos que su rostro es una fuente de felicidad que emana de su corazón: DIOS

Cuando uno tiene a Dios en su corazón, la paz y la armonía, brota a borbotones. El rostro de María, en la Pascua, nos hace entender y comprender la alegría del Señor Resucitado.

Hoy, mirando a la Madre, tal vez escuchemos de sus labios: ¡ha merecido la pena sufrir por Cristo!

Dejamos, ante su imagen, la flor de nuestro agradecimiento a María. Ella es Madre espiritual de todos los que queremos avanzar en el conocimiento de los sentimientos de Jesús, de su vida y del compromiso cristiano en medio del mundo

Tu semblante, Virgen María,
aún siendo pobre refleja riqueza
Tu rostro, Virgen y Madre,
es libro abierto de gozo y de dolor
Tu semblante, Virgen María,
es compendio de esperanza y de optimismo
Tu rostro, Virgen y Madre,
es dulce por estar tocado por la mano de Dios
Tu Semblante, Virgen María,
ahonda en las raíces profundas de tu corazón
Tu rostro, Santa María,
es surtidor que salta desde lo más hondo de tus entrañas
Tu semblante, Madre nuestra,
es llamada a reservar un espacio para Dios
Tu rostro, Virgen y Madre,
es pantalla de lo que vive tu corazón
Tu semblante, Madre del pueblo,
es fidelidad de tu relación con el Padre
Tu rostro, Santa María,
nos lleva a mirarnos menos a nosotros
y más al Creador.
Sí; Santa María.
No dejes de mirarnos, ni mucho menos de guiarnos,
con la delicadeza y profundidad de tu santo rostro.
                                                                                                                            A de Pastoral