JUEVES, 23 DE ABRIL DE 2026. San Juan (6,44-51)

 

"EL QUE COMA DE ESTE PAN VIVIRÁ PARA SIEMPRE"

 

Para acercarse a Jesús, hay que dejarse empujar por el Padre. Como dice Jesús: "Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ese ha visto al Padre". El Padre no es inmediatamente accesible, solo Jesús, que procede de él, tiene experiencia inmediata. Nadie, ni Moisés ni los profetas, lo habían visto y, sin embargo, intentaron transmitir su voluntad. Cuánto más Jesús, que conoce al Padre cara a cara, podrá ser el intérprete de Dios. Con una solemnidad especial, Jesús afirma: "El que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo". La adhesión personal a Jesús supone para el hombre una nueva calidad de vida, que, por su plenitud, es definitiva. Jesús es en persona el pan de la vida. La carne de Jesús no es solo el lugar donde Dios se hace presente, sino que se convierte en el don de Jesús al mundo, don del amor del Padre. Más todavía, Él dará su carne para que el mundo viva. Esta realidad se cumple de un modo especial todos los días en la Santísima Eucaristía. Allí el Señor se nos da como alimento, como Pan de vida.