SÁBADO, 7 DE NOVIEMBRE DE 2026. San Lucas (16,9-15)

 

"NO PODÉIS SERVIR A DIOS Y AL DINERO"

 

En aquel tiempo, "decía Jesús a sus discípulos: Ganaos amigos con el dinero injusto, para que, os reciban en las moradas eternas. El que es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo, tampoco en lo importante es honrado. Si no fuisteis de fiar en el injusto dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro quién os lo dará? Ningún siervo puede servir a dos amos, porque o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. Oyeron esto unos fariseos, amigos del dinero, y se burlaban de él. Jesús les dijo: Vosotros presumís de observantes delante de la gente, pero Dios os conoce por dentro. La arrogancia con los hombres, Dios la detesta". Después de la parábola del mayordomo infiel, el evangelista recoge diversas sentencias de Jesús sobre las riquezas. ¿Cómo hemos de utilizar las riquezas? La administración de los bienes exige fidelidad. De lo pequeño se pasa a lo grande. Si sabemos utilizar los bienes temporales, teniendo en cuenta las exigencias evangélicas, seremos dignos de recibir el verdadero bien, cuando nos encontremos definitivamente con el Señor resucitado. No se puede servir a Dios y al dinero. En efecto, servir a Dios es una dependencia que nos hace libres para servir a los más necesitados, mientras que servir al dinero es una esclavitud que aplasta a la persona y pervierte nuestras relaciones con Dios y con los demás. Si damos culto al dinero, este nos esclavizará y deshumanizará. Lo importante es practicar la caridad con los más necesitados. Esta riqueza no tiene fecha de caducidad. Nos ayuda a ser felices en este mundo y nos abre las puertas de la felicidad definitiva. Señor Jesús, ayúdanos a ser ricos en generosidad.

 

DOMINGO, 8 DE NOVIEMBRE DE 2026. San Mateo (25,1-13)

 

"¡QUE LLEGA EL ESPOSO, SALID A RECIBIRLO!"

 

Hoy es domingo, el día del Señor. Nos vamos acercando al final del año litúrgico. La Palabra de Dios, en sus diversas lecturas, nos va orientando hacia el final de la historia  y la venida gloriosa del Resucitado. En concreto, la primera lectura (Sab 6,12-16)  es un canto a la verdadera sabiduría. Por eso nos insta a todos a buscar, encontrar y a poseer la auténtica sabiduría. Acerca del don de la sabiduría, afirma el Concilio Vaticano II: "La naturaleza intelectual de la persona humana se perfecciona y debe perfeccionarse por medio de la sabiduría, la cual atrae con suavidad la mente del hombre a la búsqueda y al amor de la verdad y del bien. Imbuido por ella, el hombre se alza por medio de lo visible hacia lo invisible" (GS n.15). Ser sabio consiste en dejarnos atraer en nuestra vida concreta por la verdad y el bien. En el texto evangélico (Mt 25,1-13) se nos recuerda la parábola de las doncellas. En ella se nos invita a estar a punto para entrar en el banquete eterno. En efecto, el punto más llamativo de la parábola no es, por tanto, la llegada o el retraso del esposo, sino el hecho de que las jóvenes poco previsoras no podrán participar en la boda. El retraso de la vuelta de Jesús no puede llevarnos al adormecimiento y al descuido. Al contrario, la certeza del venida del esposo nos ha de animar a un compromiso activo, que consiste en poner en práctica las enseñanzas de Jesús. San Pablo (1Tes 4,13-18) nos ofrece una catequesis acerca de la suerte de los difuntos y los acontecimientos del fin del mundo.  Cristo vendrá a clausurar la historia humana, y todo el que por la fe participe en su muerte y su resurrección, alcanzará la salvación. Es necesario velar, ya que no sabemos el día ni la hora. El Señor llegará. Cuando llegue hemos de salir a recibirlo.

 

LUNES, 9 DE NOVIEMBRE DE 2026. San Juan (2,13-22)

 

UN TEMPLO NUEVO

 

Hoy celebramos la fiesta de la Dedicación de la Basílica de Letrán. Como siempre la Palabra de Dios nos orienta para vivir con sentido la liturgia de cada día. En la primera lectura (Ez 47,1-2.8-9.12) el profeta afirma que el agua que sale del templo se convierte en torrente impetuoso que sana y da la vida a su paso. Esta agua fertilizante es el templo donde Dios habita y donde se celebra el culto. El Evangelio de hoy (Jn 2,13-22) nos dice que "se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró   en  el templo a los vendedores  de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados: y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó  las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre. Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: El celo de tu casa me devora. Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: ¿Qué signos nos muestras para obrar así? Jesús contestó: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Los judíos replicaron: Cuarenta y seis años ha costado construir este templo ¿y tú lo vas a levantar en tres días? Pero hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús". Los cuatro evangelistas nos dan noticia del gesto provocativo de Jesús expulsando del Templo a 'vendedores' de animales y 'cambistas' de dinero. Jesús puede soportar ver la casa de su Padre llena de gentes que viven del culto. A Dios no se le compra con 'sacrificios'. Más todavía, en el Evangelio de hoy, se recoge una afirmación solemne de Jesús: 'Destruid  este templo, y en tres días lo levantaré". Nadie puede entender en su verdadero sentido las palabras de Jesús, pues Jesús hablaba del templo de su cuerpo. El evangelista recuerda a los seguidores de Jesús que ellos no han de sentir nostalgia del viejo templo. En efecto, Jesús, sacrificado en su pasión y muerte, pero resucitado por el Padre, es el nuevo templo. Las puertas de este nuevo templo, que es Jesús, están abiertas. En este templo estamos llamados a adorar al verdadero Dios en Espíritu y en verdad. Sin esto, el culto es adoración vacía. Señor Jesús, deseamos vivir de este modo nuestra relación contigo.

 

MARTES, 10 DE NOVIEMBRE DE 2026.  San Lucas (17,7-10)

 

"SOMOS SIERVOS INÚTILES...".

 

Por aquel entonces, Jesús dijo a sus discípulos: "¿Quién de vosotros, si tiene un criado labrando o pastoreando, le dice cuando vuelve del campo: Enseguida, ¿ven y ponte a la mesa? ¿No le diréis más bien: ¿Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú? ¿Acaso tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo que os he mandado, decid: Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer". ¿Cuál debe ser nuestra actitud ante Dios? En primer lugar, reconocer nuestra condición de criaturas. El gran pecado consiste, como nos dice el papa Francisco, intentar ocupar el lugar de Dios. Fuimos creados a su imagen y semejanza. Como nos señala el relato evangélico, hemos de cumplir la voluntad de Dios en cada circunstancia. Los años de nuestra vida han de ser una respuesta agradecida a los dones recibidos de Dios. Esta es la vida de fe. Una fe comprometida en el amor a Dios y a los demás. Jesús nos presente una fe fuerte, marcada por el servicio y la generosidad. En la parábola Jesús se opone a la mentalidad de los fariseos que pensaban que con el cumplimiento de la ley obligaban a Dios a premiarles por su comportamiento. Jesús piensa, por el contrario, que los dones de Dios al siervo fiel no son un derecho que se puede reivindicar, sino un don gratuito.

 

MIÉRCOLES, 11 DE NOVIEMBRE DE 2026.  San Lucas (17,11-19)

 

"LEVÁNTATE, VETE; TU FE TE HA SALVADO".

 

Yendo Jesús de camino hacia Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Cuando iba a entrar en una ciudad, "vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: Jesús, maestro, ten compasión de nosotros. Al verlos, les dijo: Id a presentaros a los sacerdotes. Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias. Este era un samaritano. Jesús tomó la palabra y dijo: ¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero? Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado".  El relato evangélico nos habla de diez leprosos que salen al encuentro de Jesús. Ellos se pararon a los lejos, según mandaba la ley. A gritos piden la misericordia de Jesús. Jesús les manda que vayan y se presenten a los sacerdotes, para que ellos comprueben que están curados y les permitan integrarse en la vida normal, pudiendo desde entonces participar en las celebraciones del culto. Mientras iban de camino, los leprosos quedaron limpios. Si solo se tratase de un signo de curación, el relato podía haber terminado aquí. Ahora bien, se quiere destacar la reacción de uno de los diez leprosos curados. Este hombre ve que está curado. Se da cuenta que su vida ha cambiado. Entonces, alaba a Dios a grandes gritos. Luego se postra ante Jesús y le da gracias. Reconoce que Jesús es realmente su Salvador. Esta persona que vuelve a dar gracias es un samaritano. Jesús manifiesta su extrañeza, por eso pregunta, "los otros nueve, ¿dónde están?". Dirigiéndose al samaritano le dice: "Levántate, vete; tu fe te ha salvado". Si observamos con detención el comportamiento de las personas, vamos descubriendo que la gratitud está desapareciendo del paisaje afectivo de la vida moderna. Nos cuesta ser agradecidos. Desde la fe, sabemos que toda nuestra existencia es un don de Dios. Te doy gracias, Señor, por amarme cada día.

 

JUEVES, 12 DE NOVIEMBRE DE 2026.  San Lucas (17,20-25)

 

"¿CUÁNDO VA LLEGAR EL REINO DE DIOS?"

 

Por aquel entonces, los fariseos preguntaron a Jesús: "¿Cuándo va a llegar el reino de Dios? Él les contestó: el reino de Dios no viene aparatosamente, ni dirán: Está aquí o Está allí, porque, mirad, el reino de Dios está en medio de vosotros. Dijo a sus discípulos: Vendrán días en que desearéis ver un solo día del Hijo del hombre, y no lo veréis. Entonces se os dirá: Está aquí o Está allí; no vayáis ni corráis detrás, pues como el fulgor del relámpago brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su día. Pero primero es necesario que padezca mucho y sea reprobado por esta generación". Los fariseos plantean a Jesús una pregunta acerca del momento de la llegada del reino. Jesús les contesta con una respuesta que, en primer lugar excluye una venida aparatosa y físicamente localizable. Al contrario, el reino de Dios está en medio de nosotros. En las palabras y en los hechos de Jesús se hace presente el reino de Dios. ¿Qué hemos de hacer nosotros? Hemos de responder con nuestra vida al mensaje salvador de Jesús. Después de afirmar esta presencia actual de reino, resta hablar de su dimensión futura, de su plenitud en el día del Hijo del hombre. Hay que reconocer que en los primeros tiempos de la Iglesia la espera de la venida del Señor hacía pensar que estaba próximo el fin del mundo. Cuando se escribe el Evangelio según san Lucas, la espera entusiasta del Jesús glorioso había decaído. Las palabras de Jesús nos animan a vivir en la tensión de la espera, pero sin expectativas apocalípticas. La historia da fe de que hubo y hay charlatanes o falsos profetas que pueden turbar la vida de las personas. Lo nuestro es vivir las exigencias de la conversión, aunque no parezca que la venida en gloria del Señor esté próxima.

 

VIERNES, 13 DE NOVIEMBRE DE 2026.   San Lucas (17,26-37)

 

"¿DÓNDE SEÑOR?"

 

Después de haber preguntado los fariseos sobre el cuándo de la venida del reino, al final del evangelio de hoy (Lc 17,26-37), los discípulos preguntaron a Jesús: "¿Dónde Señor? Él les dijo: Donde está el cadáver, allí se reunirán los buitres". Jesús comienza subrayando el carácter subitáneo e inesperado de la parusía. La expresión 'los días del Hijo del hombre' se refieren al día concreto de la segunda venida gloriosa del Señor. Los dos ejemplos bíblicos de la historia de Noé y Lot intentan mostrar el carácter subitáneo y de sorpresa de la parusía. Ésta no sorprenderá a los que con sus buenas obras viven siempre preparados. No hemos de vivir apegados a los bienes de la tierra. La mujer de Lot mostró su apego a los bienes temporales, y por eso murió. Debe servir de ejemplo para nosotros. Los discípulos plantean a Jesús la pregunta sobre el dónde de la parusía. Una curiosidad con la cual Jesús no va a condescender. La respuesta se hace por medio de un proverbio de sentido muy general: El Hijo del hombre se aparecerá allí donde se verifiquen las condiciones oportunas. En el ejemplo de las aves existe un trasfondo veterotestamentario que habla de la presencia de las aves de presa en sus descripciones del juicio (Is 18,6; 34,15-16; Jr 7,33; 12,9; 15,3; Ez 39,17). Señor Jesús, que vivamos con una esperanza comprometida en el amor a Dios y a los hombres.

 

SÁBADO, 14 DE NOVIEMBRE DE 2026.  San Lucas (18,1-8)

 

"ORAR SIEMPRE, SIN DESANIMARSE"

 

Por aquel entonces, "Jesús para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre, sin desanimarse, les propuso esta parábola: Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En aquella ciudad había una viuda que solía ir a decirle: Hazme justicia frente a mi adversario. Por algún tiempo se estuvo negando, pero después se dijo a sí mismo: Aunque no temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está molestando, le voy a hacer justicia...pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche? ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?". El evangelista nos orienta en el sentido de la parábola: La constancia en la oración. En la parábola del juez inicuo y la viuda se nos ofrece una fotografía del desamparo de la viuda y de un juez que deja mucho que desear en el ejercicio de su función. La viuda solo pide justicia. El soliloquio del juez coincide con la descripción hecha anteriormente. En la aplicación que hace el Señor de la parábola hay que distinguir dos aspectos: El hecho de que Dios oye siempre las oraciones de sus escogidos y la constancia de la oración. En la parábola se nos anima a permanecer fieles al Señor incluso cuando la fe vaya perdiendo importancia en el mundo. La pregunta de Jesús: Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?  se convierte así en una exhortación a perseverar en la fe. En este sentido, la oración del creyente es como la respiración que permite seguir viviendo los diversos compromisos en orden a construir un mundo más humano y fraterno. 

 

DOMINGO, 15 DE NOVIEMBRE DE 2026.  MATEO (25,14-30)

 

"¡BIEN SIERVO BUENO Y FIEL!"

 

Hoy es domingo, el día del Señor. Estamos celebrando ya el penúltimo domingo del año litúrgico. La Palabra de Dios nos invita a vivir con esperanza y responsabilidad la voluntad de Dios. La primera lectura (Prov 31,10-13.19-20.30-31) nos presenta a una mujer hacendosa como un ejemplo de laboriosidad en favor de su familia y de los más necesitados. Esta lectura nos invita a pensar en tantas madres de familia que van entregando su vida en un trabajo muchas veces oculto. Una labor que realizan con un amor propio de una madre. A la luz del Evangelio de hoy (Mt 25, 14-20) cada persona ha de poner en juego lo que es y lo que tiene. En el plan de Dios no cabe enterrar nuestros talentos. Todos ellos son unas cualidades que Dios nos las regala para que produzcan los frutos apetecidos. Dios nos regala un tiempo en este mundo para que lo aprovechemos lo mejor posible. El dador de todo bien no nos quiere holgazanes. En la segunda lectura, San Pablo (1Tes 5,1-6) no dice que "no nos entreguemos al sueño como los demás, sino que estemos en vela y vivamos sobriamente". Del uso que hagamos de las cualidades que Dios nos ha dado, nos pedirá cuentas cuando vuelva, como ladrón en la noche. Cuando Dios nos llame, ojalá podamos escuchar de él estas palabras del Evangelio: "¡Bien, siervo bueno y fiel!; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor".  

 

LUNES, 16 DE NOVIEMBRE DE 2026.  San Lucas (18,35-43)

 

"SEÑOR, QUE RECOBRE LA VISTA"

 

Cuando Jesús se acercaba a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino pidiendo limosna. "Al oír que pasaba la gente, preguntaba qué era aquello; y le informaron: Pasa Jesús el Nazareno. Entonces empezó a gritar: ¡Jesús, Hijo de David, ¡ten compasión de mí! Los que iban delante lo regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte: ¡Hijo de David, ten compasión de mí! Jesús se paró y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: ¿Qué quieres que haga por ti? Él dijo: Señor, que recobre la vista. Jesús le dijo: Recobra la vista, tu fe te ha salvado. Y enseguida recobró la vista y lo seguía, glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alabó a Dios". Estamos una vez más ante un relato de curación. En él aparece con una fuerza especial la revelación de Jesús como Mesías de Israel el que abriría los ojos a los ciegos (Is 35,5). El ciego, al enterarse de que era Jesús el Nazareno el que pasaba a la entrada de Jericó, le llama Hijo de David. Jesús cumple con su programa de salvación, tal como había anunciado (cfr. Lc 4,18). En el pasaje contrasta su actitud con la ceguera de los discípulos. El ciego cree firmemente en la compasión de Jesús y, una vez curado, le sigue como cualquier discípulo. Ante esta curación el pueblo reconoce la presencia de los dones del Reino y alaba a Dios. Hemos de avivar nuestra fe en el Señor Jesús, nuestro Salvador. También nosotros necesitamos pedirle: Señor que veamos con los ojos del corazón. Con esta forma de ver nos daremos cuenta de las personas que pasan a nuestro lado en el camino de la vida. Señor, danos la valentía de reconocer nuestra ceguera que nos incapacita para ser como tú compasivos y prontos a ayudar a los más necesitados.

 

MARTES, 17 DE NOVIEMBRE DE 2026. San Lucas (19,1-10)

 

"...HOY TENGO QUE ALOJARME EN TU CASA"

 

En aquel tiempo, "entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió en una higuera para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: Zaqueo, baja enseguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa. Él bajó enseguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador. Pero Zaqueo se puso en pie y dijo al Señor: Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más. Jesús le contestó: Hoy ha sido la salvación de esta casa; también  este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido". El evangelista describe a Zaqueo como una persona rica y jefe de publicanos. Estaba al servicio de Roma, y la riqueza provenía de la práctica de su profesión. La eficacia de su deseo por ver a Jesús le atrajo la mirada de éste, que lo llamó por su propio nombre. La prisa es la diligencia de todos los actos que inspira Dios: Zaqueo, baja enseguida, hoy tengo que alojarme en tu casa. La prisa con que baja del árbol es la misma alegría con que hospeda a Jesús. El favor de Jesús y su trato cambian por dentro el corazón de Zaqueo y lo liberan del dominio de las riquezas. Al contacto con Jesús, Zaqueo inicia una nueva vida en la que los hechos son mucho más importantes que las palabras: compartir más de la mitad de sus bienes con los pobres y restituir cuatro veces  a aquellos de quienes se ha aprovechado. Aquel día llegó la salvación a su casa. Tal salvación se hace extensiva a toda la casa, a toda su familia. El trato de Jesús con publicanos se debe a la naturaleza de su propia misión. Dejémonos transformar en el trato con Jesús. La actuación de Zaqueo nos puede  orientar a la hora de señalar y practicar la penitencia en la recepción del sacramento de la Reconciliación.

 

MIÉRCOLES, 18 DE NOVIEMBRE DE 2026. San Lucas (19,11-28)

 

"NEGOCIAD MIENTRAS VUELVO"

 

En el texto evangélico, que proclamamos en la Eucaristía de hoy (Lc 19,11-28), el evangelista ha combinado  dos narraciones  diferentes. En primer lugar, una parábola sobre la conducta de los siervos fieles y activos (Lc 19,13.15b-26) y, en segundo lugar, una parábola sobre el rechazo del rey (Lc 19,12.14-15a. 27). El interés del evangelista no está tanto en el retraso de la venida del Señor cuanto en la presencia actual del reino y, sobre todo, en lo que debemos en este período de espera: negociar y ser fiel. A fin de caer en una falsa interpretación moralista de esta parábola, hemos de tener en cuenta la gratuidad de los dones de Dios. De este modo nuestra actividad será siempre respuesta agradecida a su generosidad, sin que en ningún momento pretenda acumular méritos. La conclusión del relato insiste en estas dos realidades: 1) La llamada de Dios nos invita a vivir el riesgo de la fe. El que no produce frutos de conversión no es digno del reino, por eso se le quitará hasta lo que tiene. 2) Los enemigos del rey serán castigados; ellos representan a los líderes de Jerusalén cuyo rechazo de Jesús firma la sentencia de muerte de su ciudad.

 

JUEVES, 19 DE NOVIEMBRE DE 2026.  San Lucas (19,41-44)

 

JESÚS LLORÓ SOBRE JERUSALÉN

 

Por aquel entonces, "al acercarse a la ciudad, Jesús lloró sobre ella, mientras decía: ¡Si conocieras tú también en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos. Pues vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco de todos los lados, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el tiempo de tu visita". Hay que reconocer que la profecía sobre la ruina de Jerusalén contrasta con el marco de gloria mesiánica tal como aparece en este relato. ¿Por qué llora Jesús? Jesús ama a Jerusalén, cuyo bien ha procurado y cuyo mal prevé. La visita de la paz es el momento mesiánico que Dios le ofrece para que se salve. Jesús llora sobre Jerusalén por su cerrazón. Este texto también es susceptible de una lectura en primera persona. ¡Cuántas veces no aceptamos la visita de la paz! Cerramos las puertas a Dios que nos llama a la conversión. Nos sentimos cómodos en nuestra vida rutinaria y rehusamos las sorpresas que Dios nos va ofreciendo en cada llamada. Estoy a la puerta y llamo, nos dice Jesús. ¿Le abrimos la puerta de nuestro corazón, para escucharle, amarle y seguirle más de cerca? ¡Cuánto nos cuesta ser generosos con Dios y con los demás! 

 

VIERNES, 20 DE NOVIEMBRE DE 2026. San Lucas (19,45-48)

 

"MI CASA SERÁ CASA DE ORACIÓN"

 

Por aquel entonces, "Jesús entró en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles: Está escrito: Mi casa será casa de oración; pero vosotros la habéis hecho una cueva de bandidos. Todos los días enseñaba en el templo. Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y los principales del pueblo buscaban acabar con él, pero no sabían qué hacer, porque todo el pueblo estaba pendiente de él, escuchándolo". Según san Lucas, la purificación del templo se convierte en el fin de la entrada de Jesús en Jerusalén y de su mismo viaje iniciado en el capítulo 9. En el hecho de la purificación del templo, Jesús sigue el mensaje de los profetas. El profeta Isaías (Is 56,7) ya hablaba del templo con una finalidad recibida de Dios: ser casa de oración. El profeta Jeremías (Jr 7,11) ya se lamentaba de que el templo fuera una 'cueva de bandidos'. Jesús recuerda este mensaje profético y prepara el templo como lugar de su enseñanza, que era seguida atentamente por el pueblo, pero rechazada por sus dirigentes. Hoy día la Iglesia debe estar muy atenta, para evitar toda corrupción de lo sagrado. No caer en errores parecidos. Al contrario ser verdaderas casas de oración y de encuentro con Dios y los hermanos. 

 

SÁBADO, 21 DE NOVIEMBRE DE 2026.   San Lucas (20,27-40)

 

DIOS DE VIVOS

 

Al comienzo Evangelio de hoy (Lc 20,27-40) se recoge, una pregunta que algunos de los saduceos plantean a Jesús sobre la resurrección de los muertos. Los saduceos no creían en la resurrección. Seguidamente, Jesús les responde en estos términos: "En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección. Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob. No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos. Intervinieron unos escribas: Bien dicho, Maestro. Y ya no se atrevían a hacerle más preguntas". Un día un grupo de saduceos, para ridiculizar la fe en la resurrección, se acercan a Jesús. Para ello le presentan un caso absolutamente irreal, fruto de su fantasía. Le hablan de siete hermanos que se han ido casando con la misma mujer, para asegurar el nombre, el honor y la herencia. En su respuesta, Jesús critica su visión de la resurrección. Comienza rechazando la idea pueril de los saduceos, que imaginan la vida de los resucitados como una prolongación de esta vida que ahora conocemos. La vida del resucitado es muy diferente. Para expresar esto, Jesús apela a un hecho aceptado por los saduceos: A Dios se le llama en la tradición bíblica 'Dios de Abrahán, Isaac y Jacob". A partir de esto, Jesús afirma: "Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos". Dios es fuente inagotable de vida. Como cristianos, desde la resurrección de Cristo, creemos que todos estamos llamados a participar de su resurrección. No hemos nacido para la muerte, sino para vivir en este mundo y de un modo definitivo después de la muerte. El acontecimiento de la resurrección de Jesús es el hecho definitivo para nuestra vida terrena y la vida eterna después de la muerte. 

 

DOMINGO, 22 DE NOVIEMBRE 2026. San Mateo (25,31-46)

 

SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO

 

Hoy es domingo el día del Señor. Celebramos la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo. Con ella terminamos el año litúrgico. La Palabra de Dios nos da la clave de esta solemne celebración. Jesucristo es realmente Rey que como Pastor quiere lo mejor para todas y cada una de sus ovejas (Ez 34,11-12.15-17). Desea la salvación de todas ellas. El salmista (Sal 22) habla del Señor como su Pastor. Lo hace con muchos detalles y desde su propia experiencia. Dice expresamente: "El Señor es mi pastor, nada me falta". Como nos recuerda el Evangelio de hoy (Mt 25, 31-46), el Señor vendrá con gloria al final del tiempo y separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Es entonces, cuando al atardecer de nuestras vidas seremos examinados de la caridad que hemos practicado con todos, especialmente con los más necesitados. Es lo único que cuenta al final; todo se resume en el amor a Dios y a los demás. En esta solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, recordamos en el prefacio de la Eucaristía que el Reino de Dios es un "reino eterno y universal: el reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz". El Reino es una realidad viva que va creciendo hasta el final de la historia. Va alcanzando la plenitud hasta que sean aniquilados sus enemigos, el pecado y la muerte. Entonces Jesús entregará el Reino a Dios Padre, y así Dios será todo en todos (1Cor 15.20-26.28). Señor Jesús, acógenos en tu reino. 

 

LUNES, 23 DE NOVIEMBRE DE 2026.   San Lucas (21,1-4)

 

"HA ECHADO TODO LO QUE TENÍA PARA VIVIR"

 

Por aquel entonces, "Jesús, alzando los ojos, vio a unos ricos que echaban donativos en el tesoro del templo; vio también una viuda pobre que echaba dos monedillas, y dijo: En verdad os digo que esa pobre viuda ha echado más que todos, porque todos esos han contribuido a los donativos con lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir". El relato evangélico nos presenta a Jesús en el entorno del templo de Jerusalén. Alzando los ojos se fija en los que están echando sus donativos en el tesoro del templo. Jesús destaca la generosidad de una pobre viuda que echa dos monedillas. Él lee en profundidad en el corazón del hombre. Por ello no le pasa desapercibido el gesto de aquella mujer. Ella, en contraste con los ricos que dan de lo que les sobra, da todo lo que tiene poniendo su confianza en Dios. Jesús no se fija tanto en la cantidad cuanto en la calidad de la limosna. Aquella pobre viuda está liberada de toda ansia de posesión. No tiene el corazón metalizado. Ella se hace acreedora de la bienaventuranza de los que viven la auténtica pobreza. El papa Francisco sueña con una Iglesia pobre para los pobres. Esta viuda es el camino a seguir para todo discípulo de Jesucristo. La mejor riqueza es la generosidad.

 

MARTES, 24 DE NOVIEMBRE DE 2026. San Lucas (21,5-11)

 

"NO VAYÁIS TRAS ELLOS"

 

Jesús aprovechando el comentario de algunos que hablaban del templo, de lo bellamente adornado con piedra de calidad y exvotos, les dijo: "Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida. Ellos le preguntaron: Maestro, ¿cuando va a ser eso?, ¿y cuál será señal de que todo eso está para suceder? Él dijo: Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre, diciendo: Yo soy, o bien: Está llegando el tiempo; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida...". Estas palabras de Jesús no son tanto para describir los acontecimientos que van a suceder, cuanto para darnos la fuerza y el coraje a fin de que podamos vivir el seguimiento de Jesús, en medio de las pruebas y dificultades, recordándonos el valor del tiempo presente. En primer lugar, en continuidad con la tradición profética, Jesús anuncia la destrucción del templo porque Israel no le ha aceptado como enviado para establecer la nueva alianza entre Dios y los hombres. Cuando le preguntaron cuándo iba a suceder esto, Jesús los pone en alerta sobre posibles signos engañosos: falsos mesías o anunciadores de la inminencia del fin. El concilio Vaticano II, nos invita a escrutar los signos de los tiempos (Gaudium et Spes, n.4). En el ambiente que respiramos detectamos la presencia de profundos cambios socioculturales y la no menos profunda crisis religiosa que sacude el cristianismo en nuestros pueblos. Estos signos han de llevarnos a buscar con urgencia en el Señor Jesús la luz y la fuerza para leerlos y vivirlos de forma lúcida y responsable.

 

MIÉRCOLES, 25 DE NOVIEMBRE DE 2026. San Lucas (21,12-19)

 

"CON VUESTRA PERSEVERANCIA SALVARÉIS VUESTRAS ALMAS"

 

Por aquel entonces, Jesús dijo a sus discípulos: "Os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio...Y hasta vuestros padres, parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas". Las palabras de Jesús son muy realistas. No auguran a sus discípulos un camino de rosas, sin dificultades. Al contrario, les da a entender que a lo largo de la historia estarán presentes las luchas, la cruz. Si nos fijamos con atención, en nuestro momento histórico están presentes las guerras, la violencia manifestada de diversos modos, genocidios, que visibilizan la presencia del mal. En momentos así nos damos cuenta que cada momento histórico tiene sus propios problemas. Se trata de no perder calma, sino que cada cual asuma su propia responsabilidad. Tampoco Jesús nos exige hacer algo que supere nuestras capacidades. Aún en un ambiento de rechazo o desafecto podemos practicar el Evangelio y vivir con sensatez la fe cristiana. La providencia divina nos sigue alentando. Nos acompaña y nos protege. Jesús nos pide también paciencia, cuando nos dice: "Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas". 

 

JUEVES, 26 DE NOVIEMBRE DE 2026. San Lucas (21,20-28)

 

"...SE ACERCA VUESTRA LIBERACIÓN"

 

En aquel tiempo, "dijo Jesús a sus discípulos: Cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que está cerca su destrucción. Entonces, los que estén  en Judea, que huyan a la sierra; los que estén en la ciudad, que se alejen; los que estén el campo, que no entren en la ciudad; porque serán días de venganza en que se cumplirá todo lo que está escrito. ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! Porque habrá angustia tremenda en esta tierra y un castigo para este pueblo. Caerán a filo de espada, los llevarán cautivos a todas las naciones, Jerusalén será pisoteada por lo gentiles, hasta que a los gentiles les llegue su hora. Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas  por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación". El texto presente comienza con el anuncio de la destrucción de Jerusalén. Se anuncia la ruina de Jerusalén como cumplimiento de las amenazas de los profetas contra la ciudad infiel.  A pesar del lenguaje apocalíptico y catastrófico, la venida del Hijo del hombre es un gran acontecimiento. No debemos  quedarnos prendidos en estas descripciones que en gran medida son solo un medio literario de aquella época para anunciar la importancia de lo que viene. La fe cristiana no está puesta en los acontecimientos descritos, sino en la venida del Hijo del hombre. La actitud del cristiano ante el fin es de esperanza y no de miedo. La venida en gloria del Señor Jesús trae nuestra liberación definitiva, de la que ya participamos por su cruz y por la que luchamos en medio de la historia humana. Hemos de enfrentarnos a las dificultades y adversidades con paciencia. Hoy apenas se habla de la paciencia. Esta es la actitud serena de quien cree en un Dios paciente  y fuerte que alienta y conduce la historia, a veces tan incomprensible para nosotros, con ternura y amor compasivo. Esta paciencia no se deja perturbar por las tribulaciones y crisis de los tiempos. La persona paciente no se irrita ni se deja deprimir por la tristeza. No olvidemos las palabras de Jesús: "Levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación".

 

VIERNES, 27 DE NOVIEMBRE DE 2026.  San Lucas (21,29-33)

 

"MIS PALABRAS NO PASARÁN"

 

Por aquel entonces, "Jesús dijo una parábola a sus discípulos: Fijaos en la higuera y en todos los demás árboles: Cuando veis que ya echan brotes, conocéis por vosotros mismos que ya está llegando el verano. Igualmente vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. El cielo y lo tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán". En su discurso escatológico, Jesús nos presenta hoy la parábola de la higuera. Esta parábola pone de relieve que todas estas cosas han de ocurrir. Es verdad que el cristiano no cuenta con un calendario preciso acerca de los acontecimientos que ocurrirán al final de los tiempos. Dado lo imprevisible de todo esto, es imprescindible una actitud de vigilancia. Las últimas palabras del relato evangélico subrayan la permanencia del mensaje de Jesús, antes, durante y después de los signos que anuncian el fin. ¿Creemos firmemente en la Palabra de Dios? ¿Es realmente esta Palabra la que alumbra los pasos de nuestra vida? ¿Practicamos lo que nos dice diariamente esta Palabra? Si lo hacemos así, la casa de nuestra vida estará construida sobre roca.

 

SÁBADO, 28 DE NOVIEMBRE DE 2026.  San Lucas (21,34-36)

 

"ESTAD, PUES, DESPIERTOS...".

 

Por aquel entonces, "dijo Jesús a sus discípulos: Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre". En este discurso apocalíptico, una vez más, Jesús hace un llamamiento a estar siempre despiertos. Estar vigilantes en todo momento. ¿Qué significa estar despiertos? Entre otras cosas, significa no mirar hacia otro lado ante lo que está sucediendo en nuestro mundo. Es decir, huir de la indiferencia y del escepticismo. Con otras palabras despertar activamente la esperanza. Vivir el presente con la mayor lucidez posible. Más todavía, vivir despiertos conlleva aprovechar todos los medios para avivar nuestra fe. Descubrir la presencia de Dios en el momento presente. Dios tiene un proyecto vital para cada persona que le abre las puertas de su corazón. Como el salmista, digamos confiados: Mi alma espera en el Señor, más que el centinela la aurora.

 

DOMINGO, 29 DE NOVIEMBRE DE 2026.  San Marcos (13,33-37)

 

COMIENZO DEL TIEMPO DE ADVIENTO

 

Hoy es domingo, el día del Señor. En este primer domingo de Adviento comenzamos un nuevo Año Litúrgico. La primera lectura (Is 63,16b-17.19b; 64,2b-7) comienza con estas palabras: "Tú, Señor, eres nuestro padre, tu nombre desde siempre es 'nuestro Libertador'. Más adelante, aparece esta súplica: "¡Ojalá rasgases el cielo y descendieses!". Hoy sabemos que nuestro Dios es el Padre que ha enviado a su Hijo como nuestro Libertador. En el tiempo de Adviento nos preparemos para celebrar el nacimiento del Hijo de Dios. El salmista (Sal 79) eleva al Señor esta súplica: "Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve". Esta súplica ha sido escuchada. Dios nos ha restaurado por mediación de su Hijo, nuestro Redentor. Como nos dice el Apóstol (1Cor 1,3-9) con la venida en carne mortal de Cristo Jesús, hemos sido enriquecidos en todo, no carecemos de ningún don gratuito; pero todavía no lo tenemos en plenitud. El Apóstol nos abre a la esperanza, hasta la manifestación plena al final de los tiempos. El Evangelio (Mc 13,33-37) de hoy comienza con estas palabras: "Estad atentos, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento" y termina con este mismo mandato: "¡Velad!". La vigilancia aparece como una actitud fundamental. La esperanza siempre es activa, comprometida. La parábola del portero vigilante es para la Iglesia y para cada uno de nosotros como un signo permanente. En el tiempo de Adviento esperamos al Señor que nace en Navidad, que viene a nosotros en las personas y en los acontecimientos, que vendrá glorioso al final de los tiempos.  

LUNES, 30 DE NOVIEMBRE DE 2026. San Mateo (4,18-22)

 

"VENID EN POS DE MÍ"

 

"En aquel tiempo, Jesús, paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores. Les dijo: Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron". Hoy celebramos la fiesta del apóstol san Andrés. Precisamente, en el presente relato evangélico, se nos narra de modo muy breve la vocación de cuatro apóstoles. Entre ellos aparece Andrés, hermano de Pedro. La forma en que Jesús empieza a constituir el grupo de sus discípulos es muy diferente a la que utilizaban los maestros judíos: no son los discípulos los que piden entrar a formar parte de dicho grupo, sino que es Jesús quien los llama. Jesús dirá en otra ocasión, no sois vosotros los que me habéis elegido, sino que soy yo quien os he elegido. San Andrés se mantuvo fiel a este primer sí a Jesús. Más todavía, sabemos que dio su vida por confesar la fe cristiana. Ante este testimonio apostólico, es bueno que nos preguntemos: ¿Estamos dispuestos a seguir al Señor Jesús con palabras y con la vida?