LUNES,
9 DE MARZO DE 2026. San Lucas (4,24-30)
"OS ASEGURO QUE NINGÚN PROFETA ES BIEN MIRADO EN SU
TIERRA"
En el ritmo de la Cuaresma, la
semana tercera gira en torno a la preparación de los catecúmenos que van
recibir el Bautismo en la Vigilia Pascual. La Cuaresma no sólo se mueve en
torno a la penitencia, sino también al Bautismo. En concreto, la primera lectura
de hoy, tomada del segundo libro de los Reyes (IIRe. 5,1-15), nos refiere la
curación de Naamán, general del ejército de Siria. Por medio del profeta
Eliseo, Dios cura de la lepra a este general, mediante el baño en las aguas del
Jordán. En verdad, el enfermo renace, como de un baño bautismal, pues su carne
quedó limpia como la de un niño. El salmista (Sal. 41,2.3. Sal.42,3.4) se nos
presenta como alguien que tiene sed del Dios vivo y se pregunta: ¿Cuándo
entraré a ver el rostro de Dios?. Es una forma de de describir el deseo íntimo
que la persona tiene de encontrarse con Dios. En la sinagoga de Nazaret, Jesús
dice a sus paisanos: "Os aseguro que ningún
profeta es bien mirado en su tierra". Para probar su afirmación, Jesús
les recuerda lo que había sucedido con Eliseo y con Elías. Sus paisanos, al oír
esto "se pusieron furiosos y levantándose, lo empujaron fuera del pueblo
hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de
despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba". También a
Jesús, en su mismo pueblo, le pasó como a los antiguos profetas. El profeta es
el portavoz de Dios; el que denuncia el culto vacío y toda clase de
injusticias; y el que consuela al pueblo de Dios. Son tres tareas que están
presentes en la misión profética. Por el Bautismo somos incorporados a Cristo.
No queremos apartarnos de Él; al contrario, deseamos unirnos cada vez más a Él.
