MARTES, 3 DE MARZO DE 2026. San Mateo (23,1-12)

 

"LAVAOS, PURIFICAOS..."

 

Una vez más la Palabra de Dios nos urge a la conversión. El profetas Isaías (Is.1,10.16-20), como portavoz del Señor nos dice: "Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones: cesad de obrar mal, aprended a obrar bien, buscad la justicia, defended al oprimido, sed abogados del huérfano; defensores de la viuda". El pueblo que estaba satisfecho de su culto, recibe esta apremiante llamada a cambiar de vida. El culto sin una vida coherente es vacío, no agrada al Señor. Ahora bien, si el pueblo practica la justicia y ayuda a los más necesitados, el Señor perdonará sus pecados. El salmista (Sal.49,8-9.16-17.21.23) escucha la voz del Señor que le dice: "Por qué recitas mis preceptos, y tienes siempre en la boca mi alianza, tú que detestas mi enseñanza, ¿y te echas a la espalda mis mandatos?". El Señor quiere que sus fieles se relacionen con Él, mediante la aceptación de su enseñanza y el cumplimiento de sus mandamientos. Jesús recrimina con dureza el comportamiento de los escribas y fariseos, cuando dice: "En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos: Haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen". Los escribas y fariseos conocen la Ley de Dios; con la palabra la transmiten fielmente, pero ellos no viven lo que dicen. Existe un profundo divorcio entre lo que dicen con su boca y lo que hacen con sus obras. Cuando no existe coherencia, los escribas y fariseos se ven obligados a cubrir su desnudez con el vestido de los atributos superiores. Para Jesús esto no es válido. La Cuaresma nos impele a caminar por la senda de la coherencia en nuestra relación con Dios y con los demás.