MIERCOLES, 11 DE FEBRERO DE 2026. San Marcos (7,14-23)
NADA QUE ENTRE DE FUERA PUEDE HACER AL HOMBRE IMPURO
Jesús sigue insistiendo en la interioridad de la verdadera religión.
Hemos de prestar atención a las advertencias de Jesús. Les dijo a los
discípulos: "Escuchad y entended todos: Nada que
entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo
que hace impuro al hombre. El que tenga oídos para oír que oiga". Jesús
desea mostrarnos lo que de verdad mancha al hombre. Para ello reclama nuestra
atención. Él repite aquí la frase que suele añadir a las parábolas. Prestemos
atención a lo que dice a sus discípulos que le habían pedido una explicación de
la parábola. Les dijo: "¿Tan torpes sois también vosotros? ¿No
comprendéis? ...Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos
propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias,
injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad.
Todas las maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro". Como buen
Maestro, Jesús apunta a la fuente de la vida moral y nos ofrece una ecología
del corazón. Hemos de cuidar con esmero nuestra interioridad. El Catecismo de
la Iglesia Católica, describe de este modo tan preciso el corazón humano:
"El corazón es la morada donde yo estoy, o donde yo habito (según la
expresión semítica o bíblica: donde yo 'me adentro'). Es nuestro centro
escondido, inaprensible, ni por nuestra razón ni por la de nadie; sólo el
Espíritu de Dios puede sondearlo y conocerlo. Es el lugar de la decisión, en lo
más profundo de nuestras tendencias psíquicas. Es el lugar de la verdad, allí
donde elegimos entre la vida y la muerte. Es el lugar del encuentro, ya que a
imagen de Dios, vivimos en relación: es el lugar de la alianza" (n.2563).
Estas palabras del Catecismo reflejan la importancia decisiva del corazón en la
vida moral de una persona. ¡Cuidemos con esmero la salud moral de nuestro
corazón!
