MIERCOLES,
25 DE MARZO DE 2026. San Lucas
(1,26-38)
ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR
Hoy celebramos la solemnidad de
la Anunciación del Señor. La Palabra de Dios que
proclamamos en este día nos ayuda a profundizar en este gran misterio de
nuestra fe. El profeta Isaías (Is.7,10-14) ofrece a la casa de David esta
señal: "La Virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pone por nombre Emmanuel
(que significa: 'Dios-con-nosotros')". El profeta, frente a la
incredulidad del pueblo, adelanta algunos rasgos del misterio de la encarnación
del Hijo de Dios en el seno de la Virgen. El salmista (Sal.39,7-9.10.11) nos
recuerda el modo de actuar del Hijo durante su vida histórica. Él se presenta
de este modo: "Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. El autor de la
carta a los Hebreos (Heb. 10,4-10) retoma este salmo para hablar de Jesucristo
como sumo y eterno sacerdote. En efecto, "cuando Cristo entró en el mundo,
dijo: Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo;
no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está
escrito en el libro: Aquí estoy, ¡oh Dios!, para hacer tu voluntad".
Cristo no ofreció sacrificios de animales o de cosas externas a sí mismo. Se
ofreció a sí mismo como sacrificio personal por nuestra salvación. El relato de
la Anunciación a María lo encontramos en el Evangelio según San Lucas
(Lc.1,26-38). El ángel Gabriel es enviado a Nazaret a una virgen desposada con
un hombre llamado José. La virgen se llamaba María. Ésta se asombra con el
saludo del ángel. Éste le explica los motivos del saludo. Dios la ha elegido
para concebir y dar a luz al Salvador. He aquí las palabras del Ángel: "No
temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre
y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará
Hijo del Altísimo, el Señor Dios el trono de David, su padre, reinará sobre la
casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin". El asombro inicial
de María se transforma ahora en perplejidad. Ese proyecto es imposible. Ella no
conoce varón. El ángel en su mensaje evoca al Espíritu de Dios y a la
fecundidad de su sombra. María acepta el plan de Dios sobre ella,
diciendo"Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu
palabra". Como nos enseña el C. Vat.II, "el Padre de las
Misericordias quiso que precediera a la Encarnación la aceptación de parte de
la Madre predestinada, para que así como la mujer contribuyó a la muerte, así
también contribuyese a la vida..." (LG. n.56).
