LUNES, 23 DE FEBRERO DE 2026. San Mateo (25,31-46)
CADA VEZ QUE LO HICISTEIS CON UNO DE ESTOS, CONMIGO LO
HICISTEIS
La Palabra de Dios en
el tiempo de Cuaresma es muy incisiva. El mismo salmista (Sal.18,8.9.10.15)
reconoce que la Palabra de Dios es espíritu y vida. Es una palabra límpida y
que da luz a los ojos. Alegra el corazón y es descanso del alma. La primera
lectura tomada del libro del Levítico (Lev.19,1-2.11-18) comienza haciéndonos
una llamada a la santidad: "Seréis santos, porque yo, el Señor vuestro
Dios, soy santo". Es una llamada universal a la santidad. Para responder
con sentido a esta llamada, es necesario seguir la senda de los mandamientos de
Dios. El decálogo nos libera de toda esclavitud, nos orienta en nuestra
relación con Dios y nos muestra el camino para vivir con autenticidad nuestra
relación con los demás, con nosotros mismos y con toda la creación. San Mateo
(Mt. 25,31-46) nos ofrece hoy el relato del juicio final. En este relato queda
muy patente que al atardecer de nuestra vida Dios nos examinará del amor. Nos
dice Jesús: "Os aseguro que cada vez que lo
hicisteis con uno de estos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis".
Cualquier detalle de ayuda, de acogida y de generosidad que hayamos tenido con
nuestro prójimo, Jesús lo considera como hecho con él. La asignatura
fundamental en el último examen será el amor al prójimo. Nuestros días en este
mundo representan la oportunidad de ir respondiendo a esta pregunta definitiva
con prontitud y con lo mejor de nosotros mismos. Señor Jesús, que sepamos descubrirte
en el hambriento, en el sediento, en los enfermos y en los privados de
libertad, porque en ellos tú estás sufriendo.
