«Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada».
— Teología de andar por casa (@teologiadapc) May 6, 2026
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«𝐘𝐨 𝐬𝐨𝐲 𝐥𝐚 𝐯𝐢𝐝, 𝐯𝐨𝐬𝐨𝐭𝐫𝐨𝐬 𝐥𝐨𝐬 𝐬𝐚𝐫𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬» (Juan 15,5)
— Teología Valencia (@FTeoVal) May 6, 2026
El sarmiento no tiene vida en sí mismo; la recibe de la vid. Separado, se seca. Unido, da fruto. Permanecer es dejar que su Palabra moldee criterios, decisiones y afectos
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Amable recordatorio de catolicismo básico: el fin no justifica los medios.
— Andrés E. // Mängiliath. (@Aegi86) May 5, 2026
La maledicencia, el juicio temerario, los insultos, las insinuaciones maliciosas, las burlas ácidas para deshumanizar –todo ello con el agravante de escarnio público–, no tienen justificación posible 👇🏻 pic.twitter.com/TmwDFfHH2K
MARTES,
5 DE MAYO DE 2026. San Juan (14,27-31a)
"LA PAZ OS DEJO, MI PAZ OS DOY"
Jesús continúa con sus palabras
de despedida. Dijo a sus discípulos: "La paz os dejo, mi paz os doy; no os
la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se
acobarde". Jesús se despide deseándoles la paz. Su paz no queda reducida a
un simple saludo. Tiene otra calidad. Es la paz que brota de las
bienaventuranzas y que nos compromete en la edificación de una tierra nueva y
reconciliada. Las despedidas provocan tristeza. Jesús trata de animar, de dar
serenidad a sus discípulos. Jesús cita sus palabras anteriores: "Me habéis
oído decir: Me voy y vuelvo a vuestro lado. Si me amarais, os alegraríais de
que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes
de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo. Ya no hablaré mucho con
vosotros, pues se acerca el Príncipe del mundo, no es que él tenga poder sobre
mí, pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que lo que
el Padre me manda yo lo hago". La ausencia de Jesús no es definitiva, ni
siquiera prolongada. Ir al Padre, aunque sea a través de la muerte, no es una
tragedia, puesto que su muerte va a ser la manifestación suprema del amor del
Padre, la victoria sobre el mundo y la muerte. Jesús, que había predicho la
traición para que sus discípulos comprendieran más tarde la magnitud de su amor
y se confirmaran en que él era el Mesías, repite ahora la frase a propósito de
su promesa de volver. La marcha de Jesús es inminente, la estancia con los
suyos toca a su fin. Jesús no está en absoluto sometido al poder del Príncipe
del mundo. La muerte de Jesús debe convencer a todos de la autenticidad de su
mensaje y de su fidelidad al que le envió. Jesús nos ha dejado el regalo de la
paz. El beato Juan XXIII pedía al Señor: "Destierra de nuestros corazones
cualquier cosa que pueda poner en peligro la paz, ilumina a nuestros
gobernantes para que puedan garantizar y defender el gran don de la paz".
Padre Faltas: El signo de la cruz es la fortaleza de los cristianos en Tierra Santa, desde siempre https://t.co/htBUurCUL6
— Religión Digital (@ReligionDigit) May 5, 2026
