MARTES, 24 DE MARZO DE 2026. San Juan (8,21-30)

 

"EL QUE ENVIÓ ESTÁ CONMIGO"

 

Yendo por el desierto hacia la tierra de promisión, el pueblo estaba extenuado del camino y comenzó a protestar contra Dios y contra Moisés de este modo: "¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos pan ni agua y nos da náusea ese pan sin cuerpo". Entonces el Señor les envió unas serpientes venenosas que los mordían y murieron muchos israelitas. "Moisés rezó al Señor por el pueblo, y el Señor le respondió: Haz una serpiente y colócala en un estandarte: los mordidos de serpiente quedarán sanos al mirarla". Moisés hizo lo que le mandó el Señor, y, si alguien era mordido por una serpiente, al mirar las serpiente de bronce, quedaba curado. Dios está siempre dispuesto a perdonar a su pueblo. Moisés, que amaba entrañablemente a aquel pueblo, intercede siempre por él ante el Señor. En Moisés se cumple la experiencia del salmista (Sal.101 que también busca la salvación: "Señor, escucha mi oración, que mi grito llegue hasta ti". El evangelio de hoy (Jn.8,21-30) se hace eco del rechazo que Jesús sufre de parte de los fariseos. Jesús responde con estas palabras: "Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que yo soy, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada. Cuando les exponía esto muchos creyeron en él". Los judíos no terminan de enterarse quién es Jesús,  cuál es su camino y cuál su misión. Están desconcertados. Jesús les repite una y mil veces que Él es el enviado del Padre. Que se siente siempre apoyado por el Padre. Jesús cumple hasta el extremo la misión que el Padre le ha encomendado. Al hablar tanto y con tanta intensidad del Padre, muchos creyeron en Él. Señor Jesús, nosotros te conocemos, sabemos que el Padre te ha enviado para salvarnos, y queremos seguir de cerca tus pasos.