MIERCOLES, 15 DE ABRIL
DE 2026. San Juan (3,16-21)
"TANTO AMÓ DIOS AL
MUNDO..."
Dentro del diálogo de Jesús con Nicodemo, en el Evangelio de hoy
(Jn.3,16-21) se recogen estas palabras de Jesús: "Tanto amó Dios al mundo
que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él,
sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar
al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será
juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del
Hijo único de Dios". Con estas palabras Jesús se manifiesta revelador de
los secretos del Padre. Dios mismo es quien toma la iniciativa y da su Hijo
como expresión de su amor por los hombres. Jesús rompe fronteras y anuncia que
el amor del Padre, fuente y origen de todo amor, no hace diferencias, es
universal. Cuando queremos expresar lo que nos desborda, lo que nos sobrepasa
en cantidad y calidad, lo que está más allá de la palabra y no somos capaces de
expresar, acudimos a la palabra ''tanto'. Es la que Jesús utiliza para mostrar
la inmensidad del amor del Padre. Podríamos preguntarnos al respecto: ¿Tiene
Dios para darnos algo mayor, mejor, después de haberse dado a sí mismo en lo
más entrañable para un Padre, que su Hijo único? ¡Ojalá nos diéramos cuenta de
esta realidad! Tal vez de tanto oír esto llegamos a verlo como algo normal.
Además, el amor que el Padre nos está anunciando por su Hijo, es fecundo porque
engendra; es creativo porque recrea, no juzga. Es un amor que salva.
