MARTES, 4 DE AGOSTO DE 2026. San Mateo (15,1-2.10-14)
"DEJADLOS, SON CIEGOS, GUÍAS DE CIEGOS"
En aquel tiempo, "se
acercaron a Jesús unos fariseos y escribas de Jerusalén y le preguntaron: ¿Por
qué tus discípulos quebrantan la tradición de nuestros mayores y no se lavan
las manos antes de comer? Y, llamando a la gente, les dijo: Escuchad y entended:
no mancha al hombre lo que entra por la boca, sino lo que sale de la boca, eso
es lo que mancha al hombre. Se acercaron los discípulos y le dijeron: ¿Sabes
que los fariseos se han escandalizado al oírte? Respondió él: La planta que no
haya plantado mi Padre celestial será arrancada de raíz. Dejadlos, son ciegos,
guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el
hoyo". En el texto evangélico aparece muy recortada la controversia frente
a las tradiciones abusivas convertidas en leyes sobre la pureza ritual. Los
fariseos y los escribas plantean a Jesús una cuestión concreta: lavarse las
manos antes de comer. Jesús contesta a la pregunta de los escribas y fariseos,
llamando a la gente para explicar su postura. Esta respuesta que da a la gente
es concisa: lo que contamina al hombre no es lo que entra en él, sino lo que
sale de él. Para Jesús lo que hace a la persona ser pura o impura ante Dios es
lo que sale de su corazón y se manifiesta en sus acciones. Solo lo que sale de
dentro, del corazón, de lo más profundo del hombre, puede romper la comunión,
porque es ahí donde el hombre decide su vida, y su adhesión o rechazo a
Dios. Es necesario pasar de una religiosidad meramente exterior a una vivencia
interior de nuestra relación con Dios.
