JUEVES, 2 DE ABRIL DE
2026. San Juan (13,1-15)
JUEVES SANTO
La Cuaresma desemboca en el Triduo Pascual. Toda la preparación
y esfuerzo de conversión que supone la Cuaresma, termina en la celebración del
misterio pascual de Jesucristo paciente, muerto, sepultado y resucitado. El
Triduo Pascual comienza con la misa vespertina de la Cena del Señor. Esta
Eucaristía vespertina del Jueves Santo es "aquella misma memorable
Cena" en la que Cristo, "antes de entregarse a la muerte, confió a la
Iglesia el banquete de su amor, el sacrifico nuevo de la Alianza eterna"
(oración colecta). La lecturas de la Eucaristía son las siguientes. La primera,
tomada del libro del Éxodo (Ex.12,1-14), narra la pascua judía, figura y
anticipo de la Pascua de Cristo. Él es el verdadero Cordero y Pascua de
salvación de los cristianos. La segunda, tomada de la primera carta a los
Corintios (ICor.11,23-26), representa la descripción más antigua que conocemos
de la Eucaristía cristiana. En este relato nos dice el Apóstol: "Por lo
que a mí toca, del Señor recibí la tradición que os he transmitido, a saber,
que Jesús, el Señor, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, después
de dar gracias, lo partió y dijo: Esto es mi cuerpo entregado por vosotros;
haced esto en memoria mía. Igualmente, después de cenar, tomó el cáliz y dijo:
Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; cuantas veces
bebáis de él, hacedlo en memoria mía. Así pues, siempre que coméis de este pan
y bebéis de este cáliz, anunciáis la muerte del Señor hasta que vuelva".
El Apóstol advierte que la narración que él hace, la ha recibido de una
tradición que viene del Señor y que él a su vez la transmite. Sitúa la
celebración de esta primera Eucaristía "en la noche en que iban a
entregarlo". El Evangelio de Jn.13,1-15 comienza con un prólogo solemne,
de profundo contenido y significado teológico: lo que narra sucede "antes
de la fiesta de la Pascua". Jesús es conocedor del momento, "había
llegado la hora de pasar de este mundo al Padre", es la "hora"
señalada por el Padre y aceptada voluntariamente por Él. El evangelista, en vez
de hablar de la Eucaristía, narra el lavatorio de los pies a los Apóstoles. He
aquí el clima en que ha de celebrarse la Eucaristía: el servicio humilde como
expresión de todo el misterio de Cristo y de su entrega por amor hasta el fin.
Éste debe ser también el ministerio constante de los discípulos, derivado del
ejemplo dado por el Maestro.
