SÁBADO,
2 DE MAYO DE 2026. San Juan
(14,7-14)
CREEDME: YO
ESTOY EN EL PADRE, Y EL PADRE EN MÍ"
En la Persona de Jesús se hace presente el Padre. Jesús
se lo dice a sus discípulos de este modo: "Si me conocéis a mí, conoceréis
también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto. Felipe le dice:
Señor, muéstranos al Padre y nos basta. Jesús le replica: Hace tanto que estoy
con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto
al Padre ¿Cómo dices tú: Muéstranos al Padre? ¿No crees que yo estoy en el
Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El
Padre, que permanece en mí, hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el
Padre en mí. Si no creed a las obras". El término del camino y de la
semejanza de que nos habla Jesús es el Padre, pero éste está presente en Jesús.
Éste, ante la pregunta de Felipe, hace una llamada apremiante a sus discípulos.
Les pide que crean que Él es como una fotografía viviente del Padre. El Padre
no habría podido escoger mejor imagen suya para acercar la humanidad a su
misterio que la de su Hijo. Más todavía, la presencia del Padre en Jesús es
dinámica. Cada día el Padre se hace presente en las palabras y en los gestos de
Jesús. Aquel que contemple la calidad de las obras de Jesús, se da cuenta que
son obras de Dios. En el Evangelio encontramos el verdadero rostro del Señor
Jesús. Cuánto mejor le conozcamos, tanto mejor podremos descubrir en él la
encarnación del amor del Padre. El Hijo de Dios, al asumir nuestra naturaleza
humana, puede mostrarnos con hechos y palabras cómo nos ama el Padre. Esto se
manifiesta de una manera definitiva en la muerte de Jesús en la cruz por
nuestra salvación. Nosotros somos hijos en el Hijo único del Padre.
