LUNES, 18 DE MAYO DE 2026.  San Juan (16,29-33)

 

"¿AHORA CREÉIS?"

 

Jesús ha dicho a los suyos que se acercaba la hora de entender plenamente, no que hubiera llegado ya. En este sentido los discípulos le dijeron: "Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que saliste de Dios. Les contestó Jesús: ¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre". Jesús muestra su escepticismo ante semejante motivación. La fe verdadera tiene por objeto a Jesús en la cruz; consiste en la adhesión a su Persona, como manifestación del amor de Dios. Jesús les conoce mejor que ellos mismos. La no adecuación de su fe se va a mostrar muy pronto: cuando se enfrenten con la realidad de la muerte de Jesús. Se imaginan ser plenamente discípulos, antes de aceptar su muerte y recibir el Espíritu. Su fe es a todas luces insuficiente. Pero el Padre está con Jesús, y su presencia  se manifestará más que nunca en ese momento, cuando todos lo hayan abandonado. Jesús termina las palabras de despedida de este modo: "Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo". Así terminan las advertencias de Jesús acerca de la persecución de los discípulos por parte del mundo. Jesús quiere tranquilizar a los suyos. Jesús da por descontado el hecho de la persecución; si los discípulos se mantienen fieles a él, ésta es inevitable. Para el que cree en Jesús, el orden injusto quedará desacreditado para siempre. Con su entrega hasta el extremo Jesús ha vencido al mundo.