MARTES, 24 DE FEBRERO DE 2026. San Mateo (6,7-15)

 

"VOSOTROS REZAD ASÍ: PADRE NUESTRO DEL CIELO...".

 

La Palabra de Dios es viva y eficaz. El profeta Isaías (Is.55,10-11) nos lo hace ver con estas palabras: "Como bajan la lluvia y la nieve del cielo y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come; así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo". Realidades tan elementales como la lluvia y la nieve que fertilizan la tierra, para dé fruto, sirven al profeta para hacer sentir al pueblo, falto de esperanza en el destierro, que la Palabra de Dios posee una fuerza creadora extraordinaria. De este modo, el Señor desea que su pueblo renueve su esperanza y vuelva al camino de la alianza. El salmista (Sal.33,4-5.6-7.16-17.18-19) nos recuerda esta experiencia tan humana y tan consoladora a la vez: "Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de sus angustias". Nuestra oración ha de estar animada por una confianza total en Dios nuestro Padre. Así nos lo enseñó el Señor Jesús Mt.6,7-15), al decirles a sus discípulos: "Vosotros rezad así: Padre nuestro del cielo...". El evangelista recoge de labios de Jesús la oración del Padre nuestro. Una oración que encierra en sí todo el Evangelio. Es la oración que todos los días nos prepara para recibir al Señor en la Comunión. En esta oración nos dirigimos a Dios como nuestro Padre. ¡Cuántas veces rezamos al día el Padrenuestro! Lo hemos aprendido de pequeños de labios de nuestros padres. Padre nuestro, que descubramos tu presencia en nuestra vida y respondamos a tu bondad con el perdón que surge porque Tú nos has perdonado primero.