DOMINGO,
8 DE MARZO DE 2026. San Juan (4,5-42):
"SEÑOR, DAME ESA AGUA: ASÍ NO TENDRÉ MÁS
SED..."
Celebramos hoy el tercer
domingo de Cuaresma. En la oración colecta de este domingo pedimos al Señor que
mire con amor al pueblo penitente y que restaure con misericordia 'a quienes
estamos hundidos bajo el peso de las culpas'. Aparece con claridad el acento
penitencial. La primera lectura está tomada del libro del Éxodo (Éx. 17,3-7).
El pueblo, torturado por la sed en el desierto, murmura contra Moisés. La
carencia de agua en medio del desierto pone a prueba la fe de Israel en Dios:
"¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?". El Señor, por
intercesión de Moisés, sacia la sed de aquel pueblo. Para alcanzar la tierra de
la libertad es necesario pasar por la purificación del desierto. Recordando
aquel acontecimiento, el salmista (Sal.94) nos dice: "Ojalá escuchéis hoy
la voz del Señor: No endurezcáis vuestro corazón". En la carta a los
Romanos (Rom.5,1-2.5-8), el Apóstol se gloría en la gracia recibida de Dios por
Jesucristo. San Pablo está seguro que nuestra "esperanza no defrauda,
porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu
Santo que se nos ha dado". La gran prueba del amor de Dios es que Cristo
ha muerto por nosotros "siendo nosotros todavía pecadores". En verdad
el manantial del amor de Dios es el Espíritu Santo derramado en nuestros
corazones. En el Evangelio de hoy (Jn.4,5-42) se nos narra el encuentro de Jesús con la samaritana. Esta mujer iba a buscar el
agua necesaria para la vida corporal, al pozo compartido por todo el pueblo. En
el diálogo de Jesús con ella, Él le ayuda a sentir la necesidad de un agua que
calma definitivamente la sed: "...el que beba del agua que yo le daré,
nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un
surtidor de agua que salta hasta la vida eterna". Es entonces cuando
aquella mujer le dice a Jesús: "Señor, dame esa agua: así no tendré más
sed, ni tendré que venir aquí a sacarla". Este relato es una preciosa
catequesis sobre cómo el Señor conduce al catecúmeno hacia las fuentes de vida,
que es el Bautismo. Hemos de ser fieles a la gracia bautismal
