DOMINGO, 1 DE MARZO DE 2026.  San Mateo (17,1-9)

 

LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR

 

Avanzamos en este tiempo de Cuaresma. Hoy celebramos el segundo Domingo. Como siempre la Palabra de Dios nos ilumina para vivir el día del Señor a fondo. En la primera lectura (Gén.12,1-4) se nos habla de la vocación de Abrahán. El Señor le dijo: "Sal de tu tierra y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré. Haré de ti un gran pueblo...Abrán marchó, como le había dicho el Señor". Abrahán es nuestro padre en la fe. Escucha la voz de Dios y se pone en camino. Dios quiere hacer de él el padre de su pueblo. Por eso le bendice abundantemente. En el Salmo responsorial (Sal. 32) contestamos a la primera lectura con este estribillo: "Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros como lo esperamos de ti". Cada uno de nosotros somos también llamados por Dios, para, como nos dice la segunda lectura (IITim.1,8b-10), "tomar parte en los duros trabajos del Evangelio, según la fuerza de Dios. Él nos salvó y nos llamó a una vida santa". La santidad es la vocación de cada cristiano. En el Evangelio (Mt. 17,1-9) se nos presenta el relato de la transfiguración del Señor. En la montaña, Jesús habla con dos personajes que resumen toda la ley y los profetas: Moisés y Elías. "Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió, y una voz desde la nube decía: Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo". He aquí una advertencia decisiva para vivir bien la Cuaresma: Escuchar con el oído del corazón al Hijo amado y predilecto del Padre. Ser oyentes atentos de la Palabra representa una consigna determinante, para avanzar con sentido por el camino cuaresmal.