DOMINGO, 22 DE FEBRERO 2026. San Mateo (4,1-11):
LAS TENTACIONES DE
JESÚS
Celebramos el primer domingo de Cuaresma. La primera lectura de la
Eucaristía de hoy (Gén.2,7-9;3,1-7) nos introduce en la historia de la
salvación, al narrarnos el primer pecado del hombre, cediendo ante el tentador.
De este modo, la armonía que brota de la creación se ve truncada por el pecado
original, bajo la seducción de Satanás. Como respuesta a esta primera lectura
nos encontramos con el Salmo 50. Con él nos dirigimos a Dios, rezando:
"Misericordia, Señor, hemos pecado". Reconocemos ante el Señor que
somos pecadores y, confiando en su misericordia, le pedimos que nos perdone.
Todos los años, en el primer domingo de Cuaresma leemos uno de los relatos de
las tentaciones de Jesús. En este ciclo A nos corresponde Mateo 4,1-11. Jesús
fue llevado al desierto para ser tentado por el Espíritu. Después de un ayuno
de cuarenta días, sintió hambre: "El tentador se le acercó y le dijo: Si
eres Hijo Dios...". El Evangelio nos muestra a Jesús ofreciendo plena
resistencia al tentador que le presentaba un camino fácil. Jesús se mantiene
fiel a la voluntad del Padre hasta el final de su vida histórica. Estas
tentaciones que sufre Jesús son las del pueblo de Israel y de la Iglesia. El
remedio contra las tentaciones es: la Palabra de Dios, la fidelidad a los
mandamientos y adorar solo a Dios. En la segunda lectura (Rom. 5,12-19) el
Apóstol, San Pablo, nos presenta a Cristo como el segundo Adán, cabeza de la
humanidad. Cristo, rechazando las tentaciones y siguiendo con fidelidad la
senda que el Padre le había señalado, se convierte en el Salvador de todo el
género humano. Como dice el Apóstol, "si por la desobediencia de uno todos
se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos se convertirán
en justos". Como se nos recordaba en la oración colecta de esta
Eucaristía, "que las celebraciones y penitencias cuaresmales nos lleven a
la verdadera conversión"; y de este modo "conoceremos y viviremos con
mayor plenitud el misterio de Cristo".
