MIERCOLES, 8 DE ABRIL DE
2026. San Lucas (24,13-35)
"QUÉDATE CON
NOSOTROS..."
En este día de la Octava de Pascua, el Evangelio (Lc.24, 13-35)
nos describe el encuentro del Resucitado con los dos discípulos que iban de
camino desde Jerusalén a la aldea de Emaús. Estos discípulos, faltos de
esperanza, iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban,
Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. "Pero sus ojos
no eran capaces de reconocerlo". Entonces, les preguntó sobre el contenido
de su conversación. Ellos le relataron lo que había sucedido con Jesús de
Nazaret: su pasión y muerte. Y añadieron: "Nosotros esperábamos que él
fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace dos días que sucedió esto.
Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues
fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron
diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que
estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo
encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron". Estas
palabras de los dos discípulos ponen de manifiesto la desilusión y el
desencanto que embargaba sus corazones. Estaban convencidos de que con la
muerte de Jesús todo se había terminado. Habían perdido la esperanza de que el
Señor resucitara. Entonces intervino Jesús para recordarles lo que se refería a
él en toda la Escritura. En ella se dice que el Mesías tenía que padecer antes
de entrar en la gloria. Cerca de la aldea de Emaús, Jesús hizo ademán de seguir
adelante, pero ellos le apremiaron diciendo: "Quédate con nosotros porque
atardece y el día va de caída. Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la
mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A
ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero el desapareció...".
Todo este hermoso relato nos muestra claramente que la resurrección del Señor
es un misterio de fe. Aquellos discípulos reconocieron la identidad de Jesús
cuando se les abrieron los ojos de la fe. Le reconocieron al partir el pan.
Después de veinte siglos, también nosotros necesitamos avivar la fe en el Señor
resucitado. Él viene con nosotros en el camino de la vida. Como aquellos dos
discípulos, hemos de transmitir a nuestros contemporáneos que el Señor vive
para siempre.
