MARTES, 30 DE JUNIO DE 2026. San Mateo (8,23-27)
¡SEÑOR, SÁLVANOS QUE PERECEMOS!
En
aquel tiempo, "subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron. En
esto se produjo una tempestad tan fuerte, que la barca desaparecía entre las
olas; él dormía. Se acercaron y lo despertaron gritándole: ¡Señor, sálvanos,
que perecemos! Él les dice: ¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe? Se puso
en pie, increpó a los vientos y al mar y vino una gran calma. Los hombres se
decían asombrados: ¿Quién es este, que hasta el viento y el mar lo
obedecen?". Con este relato evangélico comienza el segundo grupo de tres
milagros que concluyen con una evaluación de la actividad de Jesús por parte de
la gente. En concreto este milagro de la tempestad calma es como una
ilustración plástica acerca del seguimiento de Jesús. Comienza el relato
diciendo que Jesús subió a la barca y sus discípulos le siguieron. La
experiencia de fragilidad de los discípulos ante el temporal que se levanta en
el mar provoca su súplica a Jesús. El seguimiento supone afrontar una
existencia cristiana con adversidades. No es una tarea fácil. Ante los
peligros, los discípulos aparecen como hombres de poca fe. Van perdiendo la
confianza en Jesús. Este no les abandona. Va en la barca con los discípulos. En
un ambiente tan materializado y descristianizado como el nuestro, parece que la
barca de la Iglesia se está hundiendo. A pesar de todo, creemos que
Jesús vive también hoy en su barca que es la Iglesia. Él es nuestro auxilio.
