Padre Faltas: El signo de la cruz es la fortaleza de los cristianos en Tierra Santa, desde siempre https://t.co/htBUurCUL6
— Religión Digital (@ReligionDigit) May 5, 2026
Nuestra ayuda a los menos afortunados les permite experimentar el amor de Dios y les abre un camino para establecer una relación duradera con Él. Al mismo tiempo, nos permite entrar en contacto con la carne de Cristo, cuando tratamos de verlo y servirlo en nuestros hermanos y…
— Papa León XIV (@Pontifex_es) May 4, 2026
«La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado”. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre».
— Teología de andar por casa (@teologiadapc) May 5, 2026
(Jn14,27-31a) #EvangelioDelDía #PalabraDeDios #Pascua pic.twitter.com/B9tdIDbNqR
LA PAZ OS DEJO
— José Antonio Satué (@satuehuerto) May 5, 2026
Danos, Señor, aquella Paz extraña
que brota en plena lucha.
Danos la Paz de los que andan siempre.
Aquella Paz del pobre
que ya ha vencido el miedo.
Aquella Paz del libre
que se aferra a la vida,
en igualdad fraterna
como el agua y la Hostia.#EvangelioDelDía pic.twitter.com/ZFrLKRZh1A
MARTES,
5 DE MAYO DE 2026. San Juan (14,27-31a)
"LA PAZ OS DEJO, MI PAZ OS DOY"
Jesús continúa con sus palabras
de despedida. Dijo a sus discípulos: "La paz os dejo, mi paz os doy; no os
la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se
acobarde". Jesús se despide deseándoles la paz. Su paz no queda reducida a
un simple saludo. Tiene otra calidad. Es la paz que brota de las
bienaventuranzas y que nos compromete en la edificación de una tierra nueva y
reconciliada. Las despedidas provocan tristeza. Jesús trata de animar, de dar
serenidad a sus discípulos. Jesús cita sus palabras anteriores: "Me habéis
oído decir: Me voy y vuelvo a vuestro lado. Si me amarais, os alegraríais de
que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes
de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo. Ya no hablaré mucho con
vosotros, pues se acerca el Príncipe del mundo, no es que él tenga poder sobre
mí, pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que lo que
el Padre me manda yo lo hago". La ausencia de Jesús no es definitiva, ni
siquiera prolongada. Ir al Padre, aunque sea a través de la muerte, no es una
tragedia, puesto que su muerte va a ser la manifestación suprema del amor del
Padre, la victoria sobre el mundo y la muerte. Jesús, que había predicho la
traición para que sus discípulos comprendieran más tarde la magnitud de su amor
y se confirmaran en que él era el Mesías, repite ahora la frase a propósito de
su promesa de volver. La marcha de Jesús es inminente, la estancia con los
suyos toca a su fin. Jesús no está en absoluto sometido al poder del Príncipe
del mundo. La muerte de Jesús debe convencer a todos de la autenticidad de su
mensaje y de su fidelidad al que le envió. Jesús nos ha dejado el regalo de la
paz. El beato Juan XXIII pedía al Señor: "Destierra de nuestros corazones
cualquier cosa que pueda poner en peligro la paz, ilumina a nuestros
gobernantes para que puedan garantizar y defender el gran don de la paz".
