SABADO, 1 DE AGOSTO DE 2026. San Mateo (14,1-12)
"MANDÓ
DECAPITAR A JUAN EN LA CÁRCEL"
Según el plan
del evangelista san Mateo, al comienzo del capítulo 14 nos encontramos con el
relato de la decapitación de Juan Bautista por mandato del virrey Herodes. Este
había oído hablar de Jesús. Él creía que era Juan Bautista que había
resucitado. Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en al
cárcel, pues Juan le había echado en cara que no le era lícito vivir con la
mujer de su hermano Filipo. Quería matarlo, pero no se atrevía, porque temía la
reacción de gente que tenía a Juan por profeta. "El día del cumpleaños de
Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos, y le gustó tanto a Herodes
que juró darle lo que pidiera. Ella, instigada por su madre, le dijo: Dame
ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista. El rey lo sintió;
pero, por el juramento y los invitados, ordenó que se lo dieran; y mandó
decapitar a Juan en la cárcel. Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron
a la joven, y ella se la llevó a su madre. Sus discípulos recogieron el
cadáver, lo enterraron, y fueron a contárselo a Jesús". El tiempo en que
tuvo lugar la escena que se refiere en el Evangelio de hoy podemos determinarlo
a tenor de los pasajes paralelos de Marcos (6,14-29) y Lucas (9,7-9). Después
que Jesús envió a predicar a sus apóstoles, comunicándoles el poder de hacer
milagros y mientras él mismo predicaba, su fama llegó a oídos del Herodes.
Atormentado, como parecen indicar sus palabras, por los remordimientos y por
haber dado muerte al Bautista, comunica a sus cortesanos y gentes la duda
supersticiosa que le asalta. Ese Jesús cuyas obras prodigiosas le cuentan debe
ser el mismo Bautista, que ha resucitado. Mencionada la muerte del Bautista, el
evangelista aprovecha la ocasión, interrumpiendo la historia de la predicación
de Jesús, para describirnos la ocasión y el modo trágico como se cometió este
horroroso crimen. Juan, el precursor, el que señala el Mesías, se convierte en
prefigura de su muerte. Él es un verdadero mártir de la Verdad. Su trágico
final es muy similar al de tantas personas que se mantuvieron fieles a la
Verdad a costa de su propia vida. La Verdad nos hace verdaderamente libres. La
Verdad brilla frente a la mentira y el mal. Señor Jesús, queremos seguirte de
cerca por la senda de la Verdad, que eres Tú mismo en persona.
