DOMINGO,
24 DE MAYO DE 2026. San Juan (20,19-23)
"RECIBID
EL ESPÍRITU SANTO"
Celebramos hoy la Solemnidad de Pentecostés. Los
cincuenta días de Pascua se celebran como 'un único día de fiesta'. La Pascua
se completa así con el don del Espíritu Santo. Las lecturas de la Eucaristía
nos hablan del acontecimiento de Pentecostés desde diversos ángulos. En el
libro de los Hechos se narra la venida del Espíritu sobre los primeros
cristianos que estaban todos reunidos en un mismo lugar (Hech.2,1.11). Para
Lucas es importante subrayar la manifestación externa del Espíritu y así
asegurar la objetividad de su descenso sobre los apóstoles. En este sentido, el
Espíritu aparece relacionado con dos símbolos: el viento y el fuego. La
presencia del Espíritu lo invade todo, llenando la casa y confiriendo unidad a
los apóstoles reunidos en espera y oración. En todas las lenguas se oye hablar
de las acciones de Dios. El Apóstol, en la primera Carta a los Corintios
(ICor.12,3b-7.12-13), nos dice que: "Hemos sido bautizados en un mismo
Espíritu, para formar un solo cuerpo". El Espíritu es el admirable
constructor de la unidad de la Iglesia. La presencia del Espíritu es fuente de
comunión eclesial. En el Evangelio (Jn.20,19-23) se presenta a la persona del
Espíritu Santo como el aliento del Resucitado. Jesús dice a sus discípulos:
"Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Y, dicho esto,
exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo". El
don del Espíritu Santo otorgado por el aliento del Resucitado supone una nueva
creación y una verdadera resurrección en los apóstoles que "estaban con
con las puertas cerradas por miedo a los judíos". Este gesto de exhalar el
aliento no hay que entenderlo solo para ese momento en el inicio de la misión
de la Iglesia, sino como un 'Pentecostés permanente' que Jesús realizará
siempre de nuevo en 'el tiempo de la Iglesia' en todo aquel que se bautice en
el Espíritu (cfr. Jn.3,26.34). Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de
la tierra.
