MIÉRCOLES, 1 DE JULIO DE 2026.   San Mateo (8,28-34)

 

LOS DEMONIOS EXPULSADOS

 

En el Evangelio de hoy (Mt 8,28-34) se pone de manifiesto el poder de Jesús para expulsar a los demonios. En efecto, dos endemoniados se acercaron a Jesús y le dijeron a gritos: "¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Hijo de David? ¿Has venido aquí a atormentarnos antes de tiempo? A cierta distancia, una gran piara de cerdos estaba paciendo. Los demonios le rogaron: Si nos echas, mándanos a la piara. Jesús les dijo: Id. Salieron y se metieron  en los cerdos. Y la piara entera se abalanzó acantilado abajo al mar y murieron en las aguas. Los porquerizos huyeron al pueblo y lo contaron todo, incluyendo lo de los endemoniados. Entonces el pueblo entero salió a donde estaba Jesús y, al verlo, le rogaron que se marchara de su país". En el Evangelio de ayer, hemos visto cómo Jesús calmó la tempestad en el algo. El poder de Jesús sobre el aire y el mar, donde según la creencia popular habitaban los demonios, nos introduce en el relato evangélico de hoy. En él aparece destacado el poder de Jesús para expulsar a los demonios. Con este signo de curación, Jesús nos va mostrando que él ha venido para liberar al ser humano de toda clase de esclavitudes. Él es le liberador de toda clase de mal que puede afectar a las personas. Jesús no nos quiere viviendo esclavizados. Él desea que nuestra existencia sea de verdad libre. Desde esta perspectiva, la reacción de los gerasenos no debe entenderse como un rechazo de Jesús, sino, al contrario, como un reconocimiento de su poder divino, que provoca la admiración e incluso el miedo. Señor Jesús, Tú eres de verdad el único libertador de todos los hombres y de todo el hombre.

 

JUEVES, 2 DE JULIO DE 2026.    San Mateo (9,1-8)

 

"LEVÁNTATE Y ECHA A ANDAR"

 

Después de subir a la barca y cruzar el lago, Jesús fue a su ciudad. Allí le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. "Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: ¡Ánimo, hijo!, tus pecados te son perdonados. Algunos de los escribas se dijeron: Este blasfema. Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados, o decir: ¿Levántate y echa a andar? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados -entonces dice al paralítico-: Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa. Se puso en pie y se fue a su casa. Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad". Los portadores del paralítico se acercan a Jesús con fe. Este es un requisito decisivo, para que Jesús actúe. Al ver la fe que tenían, Jesús se dirige al paralítico, le da ánimos y le dice: "Tus pecados te son perdonados". Jesús puede curar la parálisis del alma, lo mismo que la del cuerpo. Jesús es el verdadero 'Dios con nosotros'. Tiene capacidad de perdonar pecados. Este poder de Jesús hace del hombre perdido, desesperanzado y paralizado un peregrino hacia la casa del amor fraterno. El pecado nos paraliza y nos va destruyendo. Nos esclaviza. El pecado nos va abriendo la puerta a la soledad, al vacío, a la tristeza. Jesús prueba su afirmación de perdonar los pecados con la curación instantánea y verificable para todo el mundo de aquel paralítico. La gente sencilla se quedó atónita y daba gloria a Dios, que da a los hombres tal potestad. 

 

VIERNES, 3 DE JULIO DE 2026. San Juan (20,24-29)

 

"BIENAVENTURADOS LOS QUE CREAN SIN HABER VISTO"

 

Celebramos la fiesta del apóstol Santo Tomás. El Evangelio de hoy (Jn 20,24-29) nos habla de este apóstol en estos términos: "Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: Hemos visto al Señor. Pero él les contestó: Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo. A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Contestó Tomás: ¡Señor mío y Dios mío! Jesús le dijo: ¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto". El Resucitado saluda a sus discípulos deseándoles la paz como había dicho en su despedida: "Os dejo la paz, os doy mi propia paz. Una paz que el mundo no os puede dar". El Resucitado nos ofrece la paz con Dios, con nosotros mismos y con los demás. Una paz que necesitaban aquellos primeros discípulos. Entre ellos se encuentra Tomás. Hay que reconocer que la figura de este Apóstol  que se resiste a creer, ha sido muy popular entre los cristianos. El Resucitado se dirige a él con unas palabras que tienen mucho de llamada apremiante, pero también de invitación amorosa: "No seas incrédulo, sino creyente". Este Apóstol, que lleva una semana resistiéndose a creer, responde a Jesús con la confesión de fe más solemne que podemos leer en los evangelios: "Señor mío y Dios mío". La fe tiene en todo un recorrido. También lo tuvo en Tomás. Estando él ausente, los demás discípulos de Jesús han tenido una experiencia inaudita. Tanto es así que en cuanto lo ven llegar se lo comunican llenos de alegría: "Hemos visto al Señor". Tomás los escucha con escepticismo. ¿Por qué les va a creer algo tan absurdo? ¿Cómo pueden decir que han visto a Jesús lleno de vida, si ha muerto crucificado? A los ocho días se presenta de nuevo Jesús. Inmediatamente se dirige a Tomás. Jesús se ofrece a satisfacer sus exigencias. Tomás renuncia a verificar nada y profesa su fe en el Resucitado. Todos necesitamos crecer en nuestra fe en el Resucitado. Como Tomás digamos confiados: ¡Señor mío y Dios mío!   

 

SÁBADO, 4 DE JULIO DE 2026.  San Mateo (9,14-17)

 

"EL VINO NUEVO SE ECHA EN ODRES NUEVOS"

 

 Los discípulos de Juan se acercan a Jesús, preguntándole: "¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan? Jesús les dijo: ¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán. Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto y deja un roto peor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque revientan los odres: se derrama el vino y los odres se estropean; el vino nuevo se echa en odres nuevos y así las dos cosas se conservan". En tiempos de Jesús existían diversos grupos religiosos que practicaban con frecuencia el ayuno. Entre ellos estaban los fariseos y los discípulos de Juan. Jesús responde a la pregunta que le plantean los discípulos de Juan, distinguiendo entre el ahora -sus discípulos no ayunan, porque la alegría de la presencia de Jesús (el esposo) se lo impide- y el después cuando les sea arrebatado al esposo. Ante esta respuesta de Jesús, es oportuno que nos preguntemos si de verdad nos sentimos felices junto al Señor Jesús. San Pablo nos dice al respecto: "Estad siempre alegres en el Señor, os lo repito, estad alegres" (Flp 4,4). Las comparaciones del remiendo y el vino nuevo, que aparecen en el relato evangélico, se aplican aquí al caso concreto del ayuno, pero sin duda tienen un alcance mayor. En efecto, la antítesis entre lo nuevo y lo viejo refleja la tensión entre la novedad del Reino y el judaísmo, que representa lo viejo. Lo nuevo rompe los estrechos moldes de lo viejo. Acoger el Reino conlleva una profunda conversión. Es decir, una profunda comunión con la persona y la obra del Señor Jesús.

 

DOMINGO, 5 DE JULIO DE 2026. san Mateo (11,25-30)

 

"SOY MANSO Y HUMILDE DE CORAZÓN"

 

Hoy es domingo, el día del Señor. En el Salmo (Sal 145) se nos describe a nuestro Dios con estas palabras: "El Señor es clemente y compasivo, paciente y rico en amor. El Señor es bondadoso con todos, a todas sus obras alcanza su ternura". Es cariñoso con todas sus criaturas. Esa bondad tan desbordante se manifiesta plenamente en Jesucristo, en quien se cumple la profecía que aparece en la primera lectura (Zac 9,9-10): "el rey que viene, pobre y montado en un borrico". Así lo contemplamos el domingo de Ramos en la Pasión del Señor. El Evangelio nos recuerda estas palabras entrañables de Jesús: "Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las revelado a los pequeños. Sí Padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera". En su oración de acción de gracias al Padre, Jesús se muestra convencido de que los más sencillos, los limpios de corazón, son los que mejor conocen los secretos del Reino. Así lo quiere el Padre y así lo palpa Jesús en su vida pública. Jesús nos invita  a ir junto a él, cuando el cansancio y el agobio de la vida nos visiten en las vicisitudes de la vida. En Jesús, que es manso y humilde de corazón, encontraremos el sosiego y la paz profunda. Hemos de aprender a reclinar nuestro corazón en el corazón de Cristo. En él, a pesar de la cruz, encontraremos el descanso necesario. Jesús es el Buen Pastor que tiene siempre abierta la puerta de su corazón. 

 

LUNES, 6 DE JULIO DE 2026.  San Mateo (9,18-26)

 

"...IMPÓN TU MANO SOBRE ELLA Y VIVIRÁ"

 

Mientras Jesús hablaba a la gente, se acercó un jefe de los judíos que se arrodilló ante él y le dijo: "Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, impón tu mano sobre ella y vivirá. Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos. Entre tanto una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó la orla del manto, pensando que con solo tocarle el manto se curaría. Jesús se volvió y al verla dijo: ¡Ánimo, hija! Tu fe te ha salvado. Y en aquel momento quedó curada la mujer. Jesús llegó a casa de aquel jefe y, al ver a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo: ¡Retiraos! La niña no está muerta, está dormida. Se reían de él. Cuando echaron a la gente, entró él, cogió a la niña de la mano y ella se levantó. La noticia se divulgó por toda aquella comarca". El evangelista nos cuenta en este mismo relato dos milagros. Mateo abrevia de nuevo la parte narrativa, suprimiendo detalles que dan viveza y realismo a la narración, para centrarse en los diálogos de Jesús con los dos personajes: un hombre importante y una mujer enferma. Ambos personajes manifiestan claramente su fe en Jesús a través de sus gestos. El personaje importante se postró ante Jesús. La mujer pensaba que con solo tocar la orla del manto quedaría curada. Además, en ambos casos, se trata de una curación impura (una niña muerta y una mujer con flujo de sangre), con las que Jesús entra en contacto físico. Este gesto supone una transgresión de la ley de Moisés, que prohibía tocar a los muertos e impuros, pero Jesús manifiesta así la cercanía de Dios a los marginados. Para que se sigan manifestando los signos del Reino, como creyentes hemos de tener una fe en Jesús como la que manifiestan la mujer enferma y el personaje importante. El contrapunto de la actitud creyente es la manifestada en las risas de mofa de los que asisten al duelo por la niña muerta.

 

MARTES, 7 DE JULIO DE 2026. San Mateo (9,32-38)

 

LA MIES ES ABUNDANTE

 

En aquel tiempo, "presentaron a Jesús un endemoniado mudo. Echó al demonio, y el mudo habló. La gente decía admirada: Nunca se ha visto en Israel cosa igual. En cambio, los fariseos decían: Este echa los demonios con el poder del jefe de los demonios. Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, anunciando el evangelio del reino y curando todas las enfermedades y todas las dolencias. Al ver a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: la mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies". Jesús cura a un endemoniado. La mudez que padecía aquel hombre era obra de la posesión diabólica. El evangelista anota enseguida las impresiones tan distintas que a partir del milagro surgieron en la muchedumbre y en los fariseos. La gente sencilla, maravillada exclamaba: ¡Nunca se ha visto semejante cosa en Israel!. En cambio, los fariseos no niegan el hecho, que era manifiesto, le dan una interpretación tendenciosa y llena de malicia. Según ellos, ese poder que Jesús manifiesta arrojando a los demonios no puede tener otro origen que el mismo príncipe de los demonios. Jesús continúa, cual misionero y sanador itinerante, por aquellas ciudades y aldeas. La impresión de conjunto que Jesús iba recibiendo era en extremo lamentable. Aquella gente andaba extenuada y abandonada como ovejas sin pastor. Ante esta situación, a Jesús se le enternecían las entrañas de compasión. Ante un espectáculo tan desolador, Jesús va a preparar a un escogido grupo de sus discípulos para que anuncien el Evangelio a la gente. El mismo Jesús exhorta a los discípulos  a que pidan al Padre que envíe operarios a su mies. Ante la escasez de vocaciones al sacerdocio, a la vida consagrada y apostólica necesitamos pedir al Padre que mande obreros  a su mies. 

 

MIERCOLES, 8 DE JULIO DE 2026. San Mateo (10,1-7)

 

JESÚS LLAMÓ Y ENVIÓ A LOS DOCE.

 

Por aquel entonces, "llamó Jesús a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia. Esos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo, y Juan su hermano; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entregó. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos". Casi desde el comienzo de su vida pública, Jesús llama a los Doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar. Jesús no se presenta como un predicar solitario, sino que convoca a un grupo de discípulos, les entrega autoridad que ha de acompañar a sus palabras y a sus signos. El evangelista nos ofrece la lista completa de los Doce. Estos discípulos representan a las doce tribus de Israel. Al comienzo, la misión de los discípulos ha de dirigirse solo a Israel. Este encargo restringido refleja el primer estadio en la misión de Jesús y de sus discípulos. Refleja, además, una tensión presente en la comunidad de Mateo, donde ciertos grupos de origen judío no comprendían ni aceptaban la misión a los paganos. Ya al final del Evangelio (Mt 28,19) el anuncio del mismo se dirige a todos los pueblos. La Iglesia es apostólica. Por el Bautismo nacemos a la fe apostólica y como aquellos Doce estamos llamados a dar razón de nuestra esperanza cristiana a todas las gentes.  

 

JUEVES, 9 DE JULIO DE 2026.  San Mateo (10,7-15)

 

"ID Y PROCLAMAD QUE HA LLEGADO EL REINO..."

 

Por aquel entonces, dijo Jesús a los doce: "Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis. No os procuréis en la faja oro, plata o cobre; ni tampoco alforja para el  camino, ni dos túnicas, sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento...". Jesús envía a los Doce como misioneros itinerantes. El anuncio consiste en proclamar con obras y palabras que el Reino ha llegado. El mensaje del discípulo ha de coincidir con el del Maestro. Los discípulos han de partir ligeros de equipaje, es decir, con plena y absoluta disponibilidad, sin nada que pueda entorpecer su tarea. La frase 'el obrero merece su sustento' refleja la práctica de la Iglesia primitiva en la que los misioneros eran recibidos y provistos de lo necesario para continuar su viaje. La evangelización, según lo dicho en el texto, tenía lugar en las ciudades o aldeas y en las casas. Llama la atención el espacio que ocupa la instrucción sobre cómo actuar en caso de rechazo del misionero. Las palabras de Jesús acerca del envío tienen actualidad en todas las épocas. También en la nuestra. Para vivir con autenticidad nuestra fe cristiana, es necesario transmitir lo que creemos a los demás. ¿Cómo anunciar el mensaje evangélico? Con palabras y con gestos. Así lo hizo Jesús y los primeros discípulos. 

 

VIERNES, 10 DE JULIO DE 2026.  San Mateo (10,16-23)

 

"...OS ENVÍO COMO OVEJAS ENTRE LOBOS"

 

Jesús continúa hablando a los Doce en estos términos: "Mirad que yo os envío como ovejas entre lobos; por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas. Pero ¡cuidado con la gente!, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán compadecer ante gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio ante ellos y ante los gentiles. Cuando os entreguen, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en aquel momento se os sugerirá lo que tenéis que decir, porque no seréis vosotros los que habléis, sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros...". Llevar a cabo la tarea de anunciar el Evangelio, conlleva dificultades y también persecuciones. Ante esta realidad, los mensajeros del Evangelio han de encontrar el equilibrio entre la sagacidad-inteligencia de la serpiente y la sencillez de la paloma. Aquellos primeros discípulos sufrieron en primer lugar la persecución de los judíos (Consejo de Ancianos, sinagogas). Ellos serán los que lleven a los cristianos ante los tribunales paganos. El evangelista les recuerda la invitación de Jesús a poner la propia defensa en manos de Dios. El rechazo todavía más doloroso es el que tiene lugar en el seno de la propia familia. La persecución será tan terrible que se recomienda la huida a otra ciudad. También en nuestra época, que presume con frecuencia de ser tolerante, los cristianos son perseguidos en diversos lugares. En ocasiones, grupos de cristianos sufren el martirio. El mártir muere por Cristo, perdonando a sus verdugos.   

 

SABADO, 11 DE JULIO DE 2026.   San Mateo 19,27-29:

 

"¿QUÉ NOS VA A TOCAR?"

 

Celebramos hoy la fiesta de San Benito, abad. Padre de los monjes de Occidente y patrono de Europa. Por aquel entonces, dijo Pedro a Jesús: "Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar? Jesús les dijo: En verdad os digo: cuando llegue la renovación y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna". El Evangelio de hoy comienza con la pregunta que Pedro plantea a Jesús. Los discípulos, según las palabras de Pedro, cumplen los dos requisitos que Jesús ha puesto al joven rico: lo han dejado todo y le han seguido. Los que hayan dejado todo para seguir a Jesús tendrán la vida eterna y compartirán con Jesús el privilegio de juzgar a Israel al final de los tiempos. Hoy fiesta de San Benito, a la luz del Evangelio, es oportuno recordar cómo él 'deseando agradar sólo a Dios, buscó el hábito de la vida monástica'. Allí encontró el ideal de la vida cristiana que se puede sintetizar en estas palabras que San Benito dice al ermitaño Martín: "Si eres siervo de Dios, que no sea una cadena lo que te ate, sino el amor de Cristo". Cada uno de nosotros, podemos plantearnos esta pregunta: ¿Qué hemos dejado para seguir de cerca a Cristo? Cada cual ha de responder con sinceridad ante el Señor Jesús. A él no le vamos a engañar. Nos conoce por dentro. Sabe del todo de nuestra existencia concreta. Sigamos la orientación que nos ofrece el Apóstol: 'Tened los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús'. Así de sencillo y de cierto.

 

DOMINGO, 12 DE JULIO DE 2026. San Mateo (13,1-23)

 

"SALIÓ EL SEMBRADOR A SEMBRAR"

 

Hoy es domingo el día del Señor. En la primera lectura (Is 55,10-11), el profeta compara la lluvia, que hace germinar la tierra, con la Palabra que sale de la boca de Dios, que cumplirá su deseo y llevará a cabo su encargo. Esa Palabra es la que siembra Jesucristo en la predicación. Así nos lo narra el Evangelio de hoy (Mt 13,1-23): "Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. Otra cayó en tierra buena buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta. El que tenga oídos, que oiga...". A la gente que acudía a él para escuchar su palabra, les contó en esta ocasión la parábola del sembrador. Sus oyentes sabían que estaba hablando de sí mismo. Sembraba su palabra en cualquier parte donde veía alguna esperanza de que pudiera germinar. Él sembraba con el realismo y la confianza de un labrador de Galilea. Aquellos labradores eran conscientes de que la siembra se echaría a perder en más de un lugar en aquellas tierras desiguales. Sin embargo, no se dejaba de sembrar. En la comunidad eclesial no se necesitan cosechadores. Lo nuestro no es cosechar éxitos, conquistar la calle, dominar la sociedad, llenar las iglesias. Lo que nos hace falta son sembradores. Jesús sembraba su palabra; sembraba también con gestos de bondad y misericordia en diversos ambientes. A la luz de la Palabra, preguntémonos en este domingo: ¿Cómo escuchamos la Palabra de Dios? ¿La escuchamos con atención y con el oído del corazón? ¿Somos de verdad esa tierra buena que acoge la Palabra para dar fruto abundante de buenas obras? Cada cual ha de responder con sinceridad al Señor estas preguntas.

 

LUNES, 13 DE JULIO DE 2026.   San Mateo (10,34–11,1)

 

"EL QUE ENCUENTRE SU VIDA, LA PERDERÁ"

 

Jesús continúa aleccionando a sus apóstoles en estos términos: "No penséis que he venido a la tierra a sembrar paz: no he venido a sembrar paz, sino espada. He venido a enemistar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; los enemigos de cada uno serán los de su propia casa. El que quiera a su padre o su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentra su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará...". Jesús se manifiesta ante los apóstoles como causa de división. El evangelista centra su atención en la ruptura de los miembros inferiores con los superiores de la familia. En la cultura de entonces la obediencia del hijo al padre y de la hija a la madre eran la base de la organización familiar, y lo mismo sucedía con la nuera, pues desde que se casaba y se iba a vivir a la casa de su marido estaba sometida a la autoridad de su suegra. Jesús no oculta a sus discípulos la cruz que conlleva seguirle de cerca. Él debe ocupar el primer lugar en nuestra vida. En la fe como en el amor todo suele andar muy mezclado: la entrega confiada y el deseo de posesión, la generosidad y el egoísmo. Teniendo esto presente, hemos de prestar atención a las palabras tan exigentes de Jesús que aparecen en el Evangelio de hoy. Para ser digno de Jesús, es necesario posponer todo ante Él. Perder la vida por Jesús es encontrarla de verdad. Cuanto más nos dejemos alcanzar por Jesús, tanto más seremos libres para amar con toda generosidad a los demás. No es posible el seguimiento de Jesús al margen de la cruz. En realidad, solo es rico ante Dios quien es capaz de dar y darse a sí mismo en favor de los demás. El Maestro dio su vida por nosotros. Si queremos guardar la vida para nosotros, la estaremos perdiendo día a día. Señor Jesús, que, al seguirte de cerca, sepa dar y darme a los demás.

 

MARTES, 14 DE JULIO DE 2026.  San Mateo (11,20-24)

 

"...PORQUE NO SE HABÍAN CONVERTIDO"

 

Por aquel entonces, "se puso Jesús a recriminar a las ciudades donde había hecho la mayor parte de sus milagros, porque no se habían convertido: ¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sayal y ceniza. Pues os digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras. Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo..". No todas las ciudades y aldeas aceptaron de buen grado la predicación y los milagros de Jesús. Tal como nos recuerda el texto evangélico, aquellas ciudades en las que Jesús se volcó con sus milagros nos se convirtieron. Su actitud es injustificable, porque han contemplado las obras del Mesías, que manifiestan la presencia del Reino, cuya llegada requiere la conversión. Estas ciudades que contemplaron los signos de la presencia del Reino no dieron el paso a la conversión. Esta llamada apremiante a la conversión no tiene en el fondo un tono condenatorio; parece más bien una nueva llamada a cambiar de vida. Si aceptamos esta llamada encontraremos en el Señor Jesús el camino, la verdad y la vida de nuestra existencia concreta. Siempre está por medio la fe que nos ilumina para descubrir en el auténtico sentido las palabras y los gestos salvadores de Jesús.  

 

MIÉRCOLES, 15 DE JULIO DE 2026.  San Mateo (11,25-27)

 

"...SE LAS HAS REVELADO A LA GENTES SENCILLA"

 

"Tomó la palabra Jesús y dijo: Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar". Durante su vida pública, tal como nos relatan los evangelistas, Jesús no tuvo problemas con la gente sencilla de su pueblo. Estas gentes sencillas, sin prejuicios, le entendían bien. Aceptaban su mensaje y se admiraban de sus milagros. Todo lo contrario sucedía con los líderes religiosos, los especialistas de la ley y los grandes maestros de Israel. En general todos ellos tenían su propia visión de Dios y de la religión. ¿Quiénes eran las gentes sencillas, los pequeños? ¿Quiénes se fiaban de Jesús? Los enfermos se fiaban de Jesús y, animados por su fe, volvían a creer en el Dios de la vida. El Dios que les anunciaba Jesús era el que anhelaban y necesitaban. Siempre es igual. La mirada de la gente sencilla es, de ordinario, más limpia. No anida en su corazón tanto interés torcido. Son los primeros que entienden el Evangelio. Pues bien, un día, Jesús descubrió a todos lo que sentía en su corazón. Lleno de alegría dio gracias al Padre, porque ha escondido los secretos del Reino a los sabios y entendidos del mundo y se los reveló a los pobres de espíritu. Así le pareció bien al Padre. Señor Jesús, danos un corazón sencillo y limpio, para acoger tu Palabra y vivirla con sencillez.  

 

JUEVES, 16 DE JULIO DE 2026.  San Mateo (11,28-30):

 

VENID Y APRENDED DE MÍ

 

Por aquel entonces, dijo Jesús: "Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera". Jesús nos invita a descansar con él. Necesitamos redescubrir la naturaleza del descanso. ¿Qué es descansar? ¿Se trata simplemente de recuperar nuestras fuerzas físicas cuando vamos de vacaciones? A veces no sabemos descansar. La vida nos va enseñando que la felicidad tiene poco que ver con la riqueza, los éxitos y el placer fácil. El descanso se manifiesta con más claridad en la fiesta, el gozo compartido, la amistad y la convivencia fraterna. Además, es oportuno que nos preguntemos: ¿Puede descansar el corazón del ser humano sin encontrarse con Dios? Acojamos desde la fe la invitación de Jesús a descansar: 'Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré'. En Jesús encontraremos el descanso interior, la paz del corazón y la tranquilidad del espíritu que necesitamos. Saber cuidar lo importante, relativizar lo accidental, dedicar más tiempo a lo que nos da paz interior y sosiego. Hemos de aprender de Jesús que es manso y humilde corazón. El nos acoge en su corazón, para escucharnos y animarnos.

 

VIERNES, 17 DE JULIO DE 2026.  San Mateo (12,1-8):

 

"EL HIJO DEL HOMBRE ES SEÑOR DEL SÁBADO"

 

Por aquel entonces, atravesó Jesús en sábado un sembrado; los discípulos, que sentían hambre, iban arrancando espigas para comérselas. Los fariseos, al ver esto, dijeron a Jesús: "Mira, tus discípulos están haciendo algo que no está permitido en sábado. Les replicó: ¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre?...¿Y no habéis leído en la ley que los sacerdotes pueden violar el sábado en el templo sin incurrir en culpa? Pues os digo que aquí hay uno que es más que el templo. Si comprendierais lo que significa 'quiero misericordia y no sacrificio', no condenaríais a los inocentes. Porque el Hijo del hombre es señor del sábado". En el Evangelio de hoy se recoge una controversia en la que Jesús tiene como interlocutores a los fariseos. La cuestión es el descanso sabático, que era muy importante para los judíos en tiempos de Jesús. Precisamente los fariseos echan en cara a Jesús que sus discípulos hagan algo no permitido en sábado. Para responder al reproche de los fariseos, Jesús cita dos pasajes de la Escritura en los que se viola preceptos importantes de la ley: la entrada de David en el templo con sus tropas para comer los panes que solo los sacerdotes podían comer; y el servicio del templo, que justificaba la violación del descanso sabático. Sin duda que la afirmación de que él es señor del sábado y más importante que el templo es sin duda lo más sorprendente. Tal vez para los fariseos estas afirmaciones de Jesús sonarían como una pretensión blasfema. Para Jesús, citando al profeta Oseas (Os 6,6) lo más importante es practicar la misericordia. Esta ha de anteponerse a las prácticas externas.

 

SÁBADO, 18 DE JULIO DE 2026. San Mateo (12,14-21)

 

"ÉL LOS CURÓ A TODOS"

 

En aquel tiempo, "los fariseos, al salir, planearon el modo de acabar con Jesús. Pero Jesús se enteró, se marchó de allí y muchos le siguieron. Él los curó a todos, mandándoles que no lo descubrieran. Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: 'Mirad a mi siervo, mi elegido, mi amado, mi predilecto. Sobre él he puesto mi espíritu para que anuncie el derecho a las naciones. No porfiará, no gritará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará, hasta implantar el derecho; en su nombre esperarán las naciones". La curación en sábado de un hombre que tenía una mano atrofiada, en vez de hacer reflexionar  a los fariseos sobre el poder y la misericordia de Jesús, les lleva a planear el modo de acabar con Él. Al tener conocimiento de esto, Jesús se marchó de allí, le siguieron muchos y los curó a todos. Este es el modo de ser y de actuar de Jesús. Él les mandó que no lo descubrieran. En el modo de actuar humilde y manso de Jesús, el evangelista ve cumplida una de las más célebres profecías del primer poema del siervo de Yahvé (Is 42,1-4). El comportamiento de Jesús responde a lo que anunciaban las Escrituras. Jesús es el Mesías lleno de Espíritu manso y discreto. La actuación de Jesús ha de ser para nosotros el modelo de todo quehacer pastoral. 

 

DOMINGO, 19 DE JULIO DE 2026.  San Mateo (13,24-43)

 

PARÁBOLAS DEL REINO

 

Hoy es domingo, el día del Señor. En el libro de la Sabiduría (Sab 12,13.16-19) se nos presenta al único Dios verdadero como el que no juzga injustamente y es indulgente con todos. Concede la gracia del arrepentimiento a los pecadores. El salmista (Sal 85) reconoce, desde su experiencia, que el Señor es bueno y clemente. En el Evangelio de hoy (Mt 13,24-43) se nos habla del mismo Dios. En efecto, la primera lectura y el Evangelio representa una llamada de atención sobre la tentación en que caemos con frecuencia de meternos a jueces de los demás, excluyéndolos del reino de los cielos. Con ello nos olvidamos de que Dios, en el pecado, da lugar al arrepentimiento. Tan solo al fin de los tiempos quedará claro quiénes son el trigo y quiénes la cizaña, y será Él el que lo juzgará. No es fácil saber cómo se abre Dios camino en la conciencia de cada persona. La parábola del trigo y la cizaña nos invita a no precipitarnos. No nos toca a nosotros calificar a cada individuo. 'Solo Dios conoce a los suyos', decía san Agustín. Solo él sabe quien vive honradamente en su corazón, respondiendo a su deseo profundo de paz, amor y solidaridad entre los hombres. Nosotros como cristianos, hemos de estar atentos a quienes  se sitúan fuera de la fe religiosa, pues Dios está también vivo y operante en sus corazones. Descubriremos que hay en ellos mucho de bueno, noble y sincero. Reconocemos, tal como nos indica la segunda lectura (Rom 8,26-27), que el Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad. Él intercede por nosotros con gemidos inefables, para que vivamos nuestra fe cristiana con coherencia. 

 

LUNES, 20 DE JULIO DE 2026. San Mateo (12,38-42)

 

"ESTA GENERACIÓN...EXIGE UNA SEÑAL"

 

Por aquel entonces, algunos escribas y fariseos dijeron a Jesús: "Maestro, queremos ver un milagro tuyo. Él les contestó: Esta generación perversa y adúltera exige una señal; pues no se le dará más signo que el del profeta Jonás. Tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre del cetáceo: pues tres días y tres noches estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra. Los hombres de Nínive se lazarán en el juicio contra esta generación y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás...". En el párrafo anterior, Jesús ya había dado una explicación acerca de sus milagros a los fariseos (Mt 12,22-37), pero no la consideran suficiente. En el Evangelio de hoy, además de algunos fariseos, aparecen también los escribas pidiendo a Jesús que realice en su presencia un milagro convincente. Jesús no accede a esta petición. Jesús les califica de generación perversa y adúltera. La referencia a los tres días, leída desde la clave cristiana, tiene innegables conexiones con la resurrección al tercer día. Este es precisamente el signo que ofrecían los cristianos a los judíos que polemizaban con ellos sobre la verdadera identidad de Jesús. La actitud de rechazo de los fariseos y los escribas contrasta con la de los habitantes de Nínive y la reina del Sur que aceptaron la invitación de Dios y se convirtieron. En Jesús se cumplen las promesas del Antiguo Testamento. Jesús es mayor que Jonás y Salomón. Hemos de reconocer que, a veces,  también nosotros deseamos un signo para aceptar el mensaje de Jesús. Necesitamos más pruebas. El Resucitado ha de ser para nosotros el signo definitivo de nuestra de fe. No busquemos otras pruebas.   

 

MARTES, 21 DE JULIO DE 2026. San Mateo 12,46-50

 

"ESTOS SON MI MADRE Y MIS HERMANOS"

 

En aquel tiempo, estaba Jesús hablando a la gente cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera, tratando de hablar con él. Uno se lo avisó: Oye, tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo. Pero él contestó al que le avisaba: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Y, señalando con la mano a los discípulos, dijo: Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ese es mi hermano, y mi hermana, y mi madre". Jesús ha experimentado el rechazo de su pueblo, representado en los fariseos y escribas. Jesús se vuelve  hacia sus discípulos y descubre en ellos una nueva y definitiva familia. Estos están unidos por un parentesco espiritual. Son los que cumplen la voluntad de Dios tal como la enseña Jesús. No son los lazos de sangre los que unen a los discípulos, sino su vinculación a Jesús y su empeño por cumplir la voluntad del Padre. Aquellos primeros cristianos pertenecientes a la comunidad a la que se dirige el evangelista Mateo, tal vez encontrase en este pasaje una palabra de aliento, pues ellos son esa familia de Jesús. Señor Jesús, queremos vivir como pertenecientes a tu familia espiritual.

 

MIÉRCOLES, 22 DE JULIO 2026. San Juan (20,1-2.11-18)

 

"MUJER, ¿POR QUÉ LLORAS? ¿A QUIÉN BUSCAS?"

 

"El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Fuera, junto al sepulcro, estaba María llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: Mujer, ¿por qué lloras? Ella les contesta: Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto. Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas? Ella tomándolo por el hortelano, le contesta: Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré. Jesús le dice: ¡María! Ella se vuelve y le dice: ¡Rabboni!, que significa: ¡Maestro! Jesús le dice: Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro. María Magdalena fue y anunció a los discípulos: He visto al Señor y ha dicho esto". Hoy celebramos la fiesta de Santa María Magdalena. El texto evangélico nos habla de su encuentro con el Resucitado. En efecto, el domingo muy temprano, María Magdalena va sola al sepulcro dejándose llevar por los impulsos del corazón. María no entra en el sepulcro. Solo ve de lejos algo que la desconcierta: la piedra rodada, que cerraba la entrada del sepulcro, ha sido quitada.  En esta circunstancia, su corazón solo piensa en la desaparición de su Señor y su incapacidad para encontrarlo. María llora. Su llanto son lágrimas sinceras. Mientras lloraba, se asoma al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco. Como en todas las apariciones, es Jesús resucitado el que toma la iniciativa para darse a conocer. La escena narrada por el evangelista gira en torno a la preocupación de María Magdalena por la desaparición del cadáver de Jesús. Solo la fe puede encontrar al Resucitado. Cuando Jesús la llama por su nombre, ella le reconoce. La evocación del pasado une al Cristo de la fe con el Jesús de la historia. Surge entonces en María la fe verdadera. Además, es esencial a las apariciones el encargo de misión. El encargo a la Magdalena consistió en que comunicase a sus hermanos: 'Subo al Padre mío y Padre vuestro'. María Magdalena fue a los discípulos y les anunció: 'He visto al Señor y ha dicho esto'. Esto mismo nos lo dice hoy a nosotros. Cada uno de nosotros somos discípulos del Crucificado que ha resucitado.  

 

JUEVES, 23 DE JULIO DE 2026.   San Juan (15,1-8)

 

YO SOY LA VERDADERA VID

 

En aquel tiempo, "dijo Jesús a sus discípulos: Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos". El texto bíblico nos muestra cómo debe ser el discípulo de Jesús. El término clave en nuestra relación con Jesús es 'permanecer'. Para expresar esta relación vital entre Jesús y sus discípulos, Jesús utiliza la alegoría de la vid y los sarmientos. ¡Qué bien debía sonar  a los oídos de los discípulos la alegoría de la vid! La imagen de la viña la leían y comentaban en los libros de los profetas (Is 5,1-7; 27,2-6; Jr 5,10; 12,10-11; Ez 15,1-8; 17,5-10; 19,10-14). Ser discípulo es 'permanecer', estar pegado, inserto en Jesús como los sarmientos en la vid. No se trata de un mero estar, sino de una viva y dinámica relación que, al dejarse configurar por los sentimientos, valores y actitudes de Jesús, se manifiesta, como fruto, en la vida de cada discípulo. Si el sarmiento obstaculiza la savia generosa que le envía la cepa, el labrador lo corta, porque lo que busca es el fruto y no las apariencias. Jesús nos dice con claridad que sin la unión del sarmiento con la vid es imposible dar fruto. El evangelista subraya el peligro real de todos los creyentes de no permanecer vitalmente unidos a Jesús. Señor Jesús, que tus palabras permanezcan en nosotros, para dar el fruto esperado.

 

VIERNES, 24 DE JULIO DE 2026. San Mateo (13,18-23)

 

"OÍD LO QUE SIGNIFICA LA PARÁBOLA DEL SEMBRADOR"

 

Por aquel entonces, Jesús dijo a sus discípulos: "Vosotros, pues, oíd lo que significa la parábola del sembrador: si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe. Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno". El evangelista subraya el contraste entre los que no entienden y los que entienden. Los discípulos son los que comprenden; se describen en la parábola como la tierra buena en la que cae la semilla. Jesús accede a la petición de los discípulos. La explicación de la parábola por parte de Jesús se convierte en una exhortación a los cristianos para que la acogida primera del Evangelio no sea ahogada por las dificultades con que se encuentran. Las dificultades son variadas. Cada oyente de la Palabra tiene sus propias dificultades. La tentación de endurecer nuestro corazón, de tapar los oídos y de cerrar los ojos está ahí siempre presente. La posibilidad de convertirnos en terreno rocoso es cierta y está siempre presente. ¡Cuánto hemos de pedir al Espíritu Santo la gracia de ser tierra buena donde la semilla de la Palabra pueda penetrar y dar fruto abundante! 

 

SABADO, 25 DE JULIO DE 2026.   san Mateo (20,20-28)

 

SOLEMNIDAD DE SANTIAGO, APÓSTOL

 

Celebramos hoy, la solemnidad de Santiago, apóstol. Hijo de Zebedeo y hermano de san Juan Evangelista. Con Pedro y Juan  fue testigo de la transfiguración y de la agonía del Señor. Tal como aparece en la primera lectura (Hch 4,33; 5,12.27-33; 12,2) fue decapitado poco antes de la fiesta de Pascua por Herodes Agripa. Fue el primero de los Apóstoles que recibió la corona del martirio. En el Evangelio se nos dice que la madre de los hijos de Zebedeo se acercó con sus hijos a Jesús y se postró para hacerle una petición. "Él le preguntó: ¿Qué deseas? Ella contestó: Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda. Pero Jesús replicó: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber? Contestaron: Podemos. Él les dijo: Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre. Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos...". La madre de los apóstoles, Santiago y Juan, pide a Jesús lo que ella consideraba lo mejor para sus hijos. Ella deseaba que estuviesen al lado de Jesús en su reino. Realmente no sabían lo que pedían. El reino de Jesús no es de poder humano. Es un reino de servicio. El mismo Jesús se presenta como el que sirve. Después de la resurrección de Jesús y la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, Santiago es el primero que da la vida por Jesús. Se cumple en Santiago la promesa de Jesús: "Mi cáliz lo beberéis". Esto se cumple en todos los cristianos que anuncian y viven el Evangelio. Como dice el apóstol Pablo (2Cor 4,7-15): "Mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte por causa de Jesús". Señor Jesús, que te sigamos por la senda del servicio a los demás, especialmente a los más necesitados.

 

DOMINGO 26, DE JULIO DE 2026.  San Mateo (13,44-52):

 

EL TESORO ESCONDIDO Y LA PERLA FINA

 

Jesús sigue predicando el Reino. En el Evangelio de hoy lo hace utilizando estas dos parábolas: "El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder, y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra". Mateo se presenta como un verdadero escriba cristiano. Comienza estableciendo una comparación entre lo que sucede cuando un hombre encuentra un tesoro y lo que pasa (o debe pasar) cuando un hombre descubre el Reino. El tema del tesoro era frecuente en el Antiguo Oriente. Lo que sorprende en el texto evangélico es la extrema sobriedad. Lo mismo que el Reino en la persona de Jesús, el tesoro está allí, delante de este hombre que no ha hecho nada por encontrarlo. Su alegría y su decisión inmediata están a la altura de lo que ha hallado. La renuncia o desprendimiento evangélico no es medio para acceder al Reino, sino consecuencia del hallazgo. Pero el tesoro, una vez descubierto, exige y posibilita esta renuncia. En efecto, el hecho de que este hombre compre el campo con la perla, o la perla preciosa, no significa que el reino pueda ser comprado a precio de oro, de buenas obras o de piedad, sino que vale la pena despojarse de todo para entrar en el Reino. Señor Jesús, eres Tú quien vienes a mi encuentro. Que te contemple con los ojos de la fe y que mi corazón halle en ti el gozo auténtico.    

 

LUNES, 27 DE JULIO DE 2026.  San Mateo (13,31-35)

 

JESÚS HABLÓ A LA GENTE EN PARÁBOLAS

 

Jesús continúa hablando a la gente en parábolas. Les dijo: "El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros del cielo a anidar a sus ramas. Les dijo otra parábola: El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta. Jesús dijo todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les hablaba nada, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta: Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo". Mediante el uso de las parábolas, Jesús enseñaba a la gente a captar la presencia salvadora de Dios. Así les habló de la semilla de la mostaza. Es la más pequeña de todas, como la cabeza de un alfiler, pero a su debido tiempo se convierte en un arbusto. En primavera se pueden ver los pájaros cobijándose en sus ramas. Así es el reino de los cielos. Para descubrir la presencia del Reino, hemos de prestar atención a lo más sencillo y cotidiano. No busquemos a Dios en lo más espectacular y exitoso. Con el reino de los cielos también sucede como con la 'levadura' que una mujer introduce en la masa de harina para que todo quede fermentado. Este ejemplo, tomado de la vida ordinaria, nos ayuda a descubrir la fuerza transformadora del Reino. Así actúa Dios. La acción salvadora de Dios nos cambia desde dentro, de manera callada y oculta. El Señor Jesús en su actuación no intenta dominar con la fuerza, sino que apela siempre a la libertad humana. También nosotros hemos de ser como la levadura en medio del mundo. 

 

MARTES, 28 DE JULIO DE 2026. San Mateo (13,36-43)

 

ACLÁRANOS LA PARÁBOLA DE LA CIZAÑA

 

En aquel tiempo, "Jesús dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: Acláranos la parábola de la cizaña en el campo. Él les contestó: El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del Reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su Reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga". Estando en casa, los discípulos piden a Jesús que les aclare la parábola de la cizaña. Jesús explica en privado a sus discípulos el sentido de dicha parábola. El 'campo' al que se refiere la parábola puede ser el mundo, la Iglesia. Ahondando más, también el corazón de cada persona y, por supuesto, del que pretende ser discípulo de Jesús. El enemigo del reinado de Cristo es el diablo, que procura  se mezclen los hombres perversos y pecadores con los buenos, para hacer todo el mal que pueda a la obra de Jesús. La recolección o siega será al final del mundo. Entonces aparecerán los ángeles, como ministros del Señor, que separarán a los buenos de los malos, efectuando de este modo la recolección final. Mediante esta separación y juicio definitivo, ha llegado el fin de todos los escándalos y pecados sobre la tierra. Sus autores serán arrojados, como la cizaña, al horno del fuego. Por el contrario, la felicidad de los justos se representa con la imagen de la luz, símbolo de la alegría y del bienestar. Señor Jesús, danos la gracia del discernimiento, para distinguir en nuestra existencia el trigo de la cizaña.

 

MIERCOLES, 29 DE JULIO DE 2026. San Juan (11,19-27)

 

FIESTA DE SANTA MARTA

 

La Iglesia celebra hoy la memoria de Santa Marta, hermana de María y Lázaro. Su nombre procede del arameo y significa dama, señora. Marta aparece en dos Evangelios: Juan (10, 38-41; este mismo evangelista le dedica el cap. 11 y parte del 12 para hablar de los amigos de Jesús: Lázaro, Marta y María, que vivían en Betania: "Jesús era amigo muy amigo de Marta, de su hermana y de Lázaro" (Jn 11,5). En concreto, en la celebración de esta memoria se proclama: Jn 11, 19-27. Ante la enfermedad de su hermano Lázaro, "las hermanas mandaron recado a Jesús: Señor, mira que tu amigo está enfermo" (Jn 11,3). Recibida esta noticia, Jesús no acude con la prontitud que hubieran deseado ellas y Lázaro muere. Marta se entera de que llega Jesús, sale corriendo a recibirlo, mientras María se queda en casa. Marta le dice a Jesús: "Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero así y todo, sé que Dios te dará lo que pidas" (Jn 11,21-22). Entre ambos se establece un diálogo profundo sobre cuestiones que van más allá de lo evidente. Hablan de resurrección, de vida, de creencias. Le dice Jesús: "¿No te he dicho que si crees, verás?". Del corazón de Marta aflora una profunda confesión de fe, similar a la del apóstol Pedro: "Sí, Señor; yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios que tenía que venir al mundo" (Jn 11,27). Por el Evangelio sabemos que Jesús resucitó a Lázaro. Marta y María representan la oración y la acción, como siempre se dice. Dos actitudes necesarias en todo encuentro con Jesús. Acción y oración no se excluyen, las dos  actitudes son necesarias. Primero, Marta se afana por los asuntos de casa y María se arrodilla a los pies del Maestro. Cuando Jesús llega a Betania, es Marta la que sale corriendo a buscarle y se queda con él, mientras María atiende la Casa. Y, por último, Marta sirve a la mesa y María unge los pies de Jesús. Ambas sirven y adoran. Marta y María son para nosotros un modelo de cristiano, de discípulo de Cristo que sabe conjugar en su vida la oración y la acción.

 

 JUEVES, 30 DE JULIO DE 2026. San Mateo (13,47-53)

 

PARÁBOLA DE LA RED BARREDERA

 

Jesús continúa ofreciéndonos su mensaje sobre el Reino valiéndose, en el Evangelio de hoy, de la parábola de la red barredera. Dijo Jesús: "El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entendéis bien todo esto? Ellos le contestaron: Sí". Con un movimiento apropiado, el pescador lanza la red al agua. Allí forma un gran círculo cuyos bordes recogen en seguida el pescado. La expresión toda clase significa en este contexto buenos y malos. El mar de Galilea tenía fama por la variedad de su peces. Jesús explica el significado de esta parábola. La pesca representa la oferta del Reino que es universal; es decir, todos caben. Son muchos los que entran en la red, pero la clave está en cómo se responde después a la vocación cristiana. Es necesario caminar por una senda permanente de conversión, a fin de ajustar nuestra existencia a las exigencias del Reino. A todos se nos pedirá cuenta al final de los días de nuestra vida. A fin de poner una conclusión personal, Jesús dijo: "Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo. Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí". En el pensamiento del evangelista, el escriba cristiano se asemeja a un propietario bien provisto, porque su enseñanza se basa no solamente en la revelación hecha  a los padres por medio de Moisés y los profetas, sino también en la que Dios ha concedido a los hombres a través de su Hijo, enseñándoles los misterios del Reino. Hoy hacemos memoria de San Ignacio de Loyola (1491-1556), Presbítero, fundador de la Compañía de Jesús. Él nos ha dejado este encargo: "En todo amar y servir".  

 

VIERNES, 31 DE JULIO DE 2026. San Mateo (13,54-58)

 

"SOLO EN SU TIERRA Y EN SU CASA DESPRECIAN A UN PROFETA"

 

En aquel tiempo, "Jesús fue a su ciudad y se puso a enseñar en su sinagoga. La gente decía admirada: ¿De dónde saca este esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo eso? Y se escandalizaban  a causa de él. Jesús les dijo: Solo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta. Y no hizo allí muchos milagros, por su falta de fe". Jesús deja la tierra de Cafarnaún y viene a Nazaret, que el evangelista llama su ciudad, pues allí se había desarrollado su infancia, su juventud y casi toda su vida. En Nazaret, Jesús era conocido como el hijo del carpintero. En una población pequeña como Nazaret, es posible que san José y Jesús trabajasen como artesanos. De María se habla en presente, como de persona de todos conocida entonces en Nazaret. De los cuatro parientes que se nombran no es fácil determinar el grado de parentesco. A los contemporáneos de Jesús les resulta muy extraño que Jesús, cuya humilde familia todos conocían, viniera ahora a enseñarles como un maestro, y menos aún que con aquellos prodigios que obraba quisiera ser tenido como el Mesías. A esta situación, Jesús contesta con esa frase proverbial: 'Solo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta'. Por la incredulidad de sus paisanos, Jesús no realizó allí muchos milagros. Señor Jesús, después de veinte siglos, nosotros creemos que tú eres el único Salvador del hombre, pero ven en ayuda de nuestra incredulidad.

 

 

 

MARTES, 30 DE JUNIO DE 2026. San Mateo (8,23-27)

 

¡SEÑOR, SÁLVANOS QUE PERECEMOS!

 

En aquel tiempo, "subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron. En esto se produjo una tempestad tan fuerte, que la barca desaparecía entre las olas; él dormía. Se acercaron y lo despertaron gritándole: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! Él les dice: ¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe? Se puso en pie, increpó a los vientos y al mar y vino una gran calma. Los hombres se decían asombrados: ¿Quién es este, que hasta el viento y el mar lo obedecen?". Con este relato evangélico comienza el segundo grupo de tres milagros que concluyen con una evaluación de la actividad de Jesús por parte de la gente. En concreto este milagro de la  tempestad calma es como una ilustración  plástica acerca del seguimiento de Jesús. Comienza el relato diciendo que Jesús subió a la barca y sus discípulos le siguieron. La experiencia de fragilidad de los discípulos ante el temporal que se levanta en el mar provoca su súplica a Jesús. El seguimiento supone afrontar una existencia cristiana con adversidades. No es una tarea fácil. Ante los peligros, los discípulos aparecen como hombres de poca fe. Van perdiendo la confianza en Jesús. Este no les abandona. Va en la barca con los discípulos. En un ambiente tan materializado y descristianizado como el nuestro, parece que la barca de la Iglesia se está hundiendo.  A pesar de todo, creemos  que Jesús vive también hoy en su barca que es la Iglesia. Él es nuestro auxilio.