JUEVES, 12 DE FEBRERO DE 2026. San Marcos (7,24-30)

 

ANDA, VETE, QUE, POR ESO QUE HAS DICHO, EL DEMONIO HA SALIDO DE TU HIJA

 

Jesús se halla en la región de Tiro, en tierra de paganos. Se aloja en una casa, procurando pasar desapercibido, pero no lo logró, pues "una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro, se enteró enseguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. La mujer era griega, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija. Él le dijo: Deja que coman primero los hijos. No está bien echarles a los perros el pan de los hijos. Pero ella replicó: Tienes razón, Señor; pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños. Él le contestó: Anda, vete, que, por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija. Al llegar a casa, se encontró a la niña echada en cama; el demonio se había marchado". Jesús había llegado a aquel lugar con ánimo de encontrar soledad. Al entrar en una casa pagana, incurría, según las leyes judías, en impureza legal. Jesús no concede valor a estas leyes. Ahora bien, por más que quería pasar desapercibido no lo logró, ya que su fama había pasado de Galilea a los gentiles limítrofes. Aparece un rasgo común: tanto entre los judíos como entre los paganos, existen personas que sufren enfermedades y que son atacadas por espíritus inmundos. También entre los paganos existen personas que son propicias a abrazar la fe. Tal es el caso de este mujer griega, de fenicia de Siria. Ella cree firmemente que Jesús tiene poder para echar el demonio de su hija. En el diálogo con Jesús no se rinde, hasta que Jesús accede a concederle lo que le pide. A través de su testimonio queda claro que el mensaje y la participación en el banquete del Reino es universal, sin exclusiones. Jesús rompe todas las barreras. Él es el Salvador de todos. Hemos de aprender esta lección de Jesús, para no excluir a nadie.