JUEVES, 19 DE FEBRERO DE 2026. San Lucas (9,22-25):
EL QUE QUIERA
SEGUIRME CARGUE CON SU CRUZ CADA DÍA Y SE VENGA CONMIGO
En este jueves después de ceniza, la Palabra nos llama a la puerta de
nuestra libertad. La primera lectura (Dt.30,15-20) nos dice: "Hoy pongo
delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal". Nuestra vida
concreta está siempre ante una encrucijada ante la que es necesario decidirnos.
Se nos abren dos caminos: el de la felicidad y la vida y el de la desdicha y la
muerte. La fidelidad a la alianza nos exige optar por el camino de la vida y
del bien. Los mandamientos nos ofrecen una senda de liberación y de servicio a
los demás. Este debe ser nuestro camino. El salmista (Sal.1,1-2.3.4-6) nos
muestra su convencimiento: Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el
Señor. En el Evangelio (Lc.9,22-25) Jesús, después de anunciar su pasión, su
muerte y su resurrección, se dirige a todos con estas palabras: "El que quiera seguirme que se niegue a sí mismo, cargue
con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida,
la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la salvará. ¿De qué le
sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se perjudica a sí
mismo?". En un mundo de tanta indiferencia religiosa, los creyentes
comprendemos más fácilmente que el triunfalismo es el polo opuesto de todo
proceso de evangelización. Jesús nos señala el camino auténtico que nos lleva a
la vida verdadera: la senda de la cruz. El mismo Jesús lo recorrió; Él ha sido
capaz de perder la vida para la ganarla. Entregó libremente su vida por todos
nosotros. Señor Jesús, que no nos escandalicemos de la cruz, pues es el camino
que nos libera de nuestro egoísmo y nos lleva a la entrega más generosa.
