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JESÚ, ME POSTRO ANTE TU CRUZ

Jesús, me postro ante tu cruz. 
En ella veo a todos los crucificados de este mundo
Desde el dolor de tantos enfermos
Desde la tristeza de los que viven sin sentido
Desde la soledad de quienes no tienen a nadie…
Vete al encuentro con Jesús

Es el Siervo del amor crucificado, al que el desamor de los hombres le ha desfigurado el rostro. Lleva en su corazón todo el sufrimiento de la humanidad y hace brillar la luz de la esperanza y del consuelo en el mundo. Maltratado y condenado injustamente abre un camino de perdón a los enemigos y de abandono en el Padre (Cf. Is 52,13-53,12).

Acércate a la cruz de Jesús
Jesús está en la cruz desnudo, solo, derrotado, ultrajado, mirado por el pueblo en espera de un último milagro: «¡Que baje de la cruz!» ; pero Él, silencioso, sigue confiando en el Padre: «Padre, en tus manos pongo mi espíritu» (Lc 23,46).

Jesús tiene los brazos abiertos en la cruz, quiere abrazar a todos, reconciliar a todos, derribar el muro del odio que separa a unos pueblos de otros; desea atraer a todos a su amor sin límites: «Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí» (Jn 12,32).

La cruz es el lugar donde todo termina y donde comienza lo nuevo. En la cruz se cumplen las Escrituras y se abre la fuente viva de la gracia, la tierra se riega con la sangre y con el agua del costado abierto de Cristo. De la cruz nace la Iglesia. En los labios de Jesús brota esta última palabra: «Todo está cumplido» (Jn 19,31).

Pistas de luz para tu camino
Acoge tu cruz de cada día y ofrécesela al Señor.
Muéstrate cercano y solidario con las víctimas.
Aprende a decir gracias en toda situación de dolor.

Oración

Jesús, me postro ante tu cruz.
En ella veo a todos los crucificados de este mundo:
los que sufren violencia,
los que están empobrecidos,
deshumanizados,
los que padecen enfermedades incurables,
soledad, abandono, marginación.
Dame valentía y creatividad
para trabajar por un mundo más humano.
Abre mi vida a la ternura entrañable,
a la solidaridad compasiva.
Amén.

Cipecar

APRENDE A MIRAR CON LA LUZ DE LA ESPERANZA

 


1. DÉJATE SORPRENDER

“El porvenir de la humanidad está en manos de quienes sepan dar a las generaciones venideras razones para vivir y razones para esperar” (GS 31).

El ayer quedó atrás, hoy es otro día… Hoy tienes en tus manos nuevas oportunidades…

Mira el lado bueno de las cosas. Mira el mundo con confianza porque algo nuevo está brotando (cf Is 43,18-19).

Que las noches que caen sobre la humanidad no apaguen el viento fresco del Espíritu que el Dios de la Vida te regala en cada amanecer.

En tu corazón se teje una historia de esperanza siempre que no te aferras o añoras lo que ya pasó y confías en el nuevo día cargado de sorpresas.

Admírate porque Dios cada día te invita a participar de su misma vida, quiere abrir los manantiales retenidos en tu corazón.

Percibe cómo el Espíritu te propone la cultura de la verdad, del bien y de la belleza, fuentes inagotables de alegría verdadera.

Escucha en toda circunstancia el final anticipado de la historia: “Mirad que hago todo nuevo” (Ap 21,5).

2. EL GEMIDO DE LA ESPERANZA

Dios, prometiéndose, despierta tu esperanza, abre tu vida, rompe tus límites. “Aquello que me diste el otro día” te atrae con fuerza y te pone en camino.

La esperanza te hace pobre, te desviste de riquezas que ocupan tu corazón; te adentra en la novedad. “Claro está que este caminante no podría venir a nuevas tierras, ni saber más de lo que sabía antes, si no fuera por caminos nuevos nunca sabidos, y dejados los que sabía” (San Juan de la Cruz).

El Espíritu te enseña a vivir la esperanza: que se manifieste en plenitud lo que es ser hijo/a de Dios (cf Rom 8,23).

La esperanza cristiana es una actitud teologal, que por la confianza amorosa en Dios, siempre fiel, trae al presente atribulado la certeza de la salvación realizada ya en Jesucristo. (1 Tes 1,2).

La esperanza es como un gemido interior, como un anhelo de trascendencia, de vida divina, de agua viva.

La esperanza te hace escuchar y acoger los gemidos de todos los tiempos, la historia dolorosa de la humanidad, la esperanza de los sin esperanza, para saltar con ellos toda barrera; de este modo, el gesto esperanzado recorre todos los vericuetos de lo humano. Tanto el dolor, como la felicidad, los momentos de plenitud, como los de hundimiento y fracaso, pueden contener gérmenes de esperanza.

3. EL EVANGELIO DE LA ESPERANZA

El ser humano no puede vivir sin esperanza: su vida, condenada a la insignificancia, se convertiría en insoportable. Pero esta esperanza se ve debilitada cada día por muchas formas de sufrimiento, de angustia y de muerte que atraviesan el corazón de muchos hombres y mujeres. No podemos evitar hacernos cargo de este desafío. El Espíritu de Dios, que vence sobre toda desesperación, nos acompaña en esta tarea.

La esperanza es posible también hoy y es posible para todos. San Pedro escribió a los primeros cristianos: “No les tengáis ningún miedo ni os turbéis. Al contrario, dad culto al Señor, Cristo, en vuestros corazones, siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza” (1 Ped 3,14-15).

¡Tú, oh Señor, resucitado y vivo, eres la esperanza siempre nueva de la Iglesia y de la humanidad; eres la única y verdadera esperanza del ser humano y de la historia’ (Mensaje del Sínodo de los Obispos 22/X/99).

4. TU ESPERANZA TIENE UN NOMBRE: JESUCRISTO.

La esperanza es el estilo de vida de los que se enfrentan a la realidad “enraizados y edificados” en Jesucristo (cf Col 2,6). Mío es todo, “porque Cristo es mío y todo para mí… No te pongas en menos ni repares en migajas, sal fuera y gloríate en tu gloria” (San Juan de la Cruz).

“Jesucristo es el centro de la historia y del universo; él nos conoce y nos ama, compañero y amigo de nuestra vida, hombre de dolor y esperanza; él es la luz, el camino, la verdad, y la vida; él es el pan y la fuente de agua viva, que satisface nuestra hambre y nuestra sed” (Pablo VI).

“El Señor es nuestra esperanza” (Col 1,27). “Es la verdadera novedad que supera todas las expectativas de la humanidad… Nuestro hoy y el futuro del mundo son iluminados por su presencia… Al encontrar a Cristo, todo hombre descubre el misterio de su propia vida” (Juan Pablo II).

5. EL DINAMISMO DE LA ESPERANZA

La esperanza no tiene nada que ver con la pasividad, ni con una cómoda resignación; por el contrario infunde en ti un dinamismo impresionante por alcanzar lo que la fe te ofrece.

La esperanza no es únicamente una cuestión de mirada, de ojos nuevos, sino también de manos nuevas y trabajo adecuado y eficaz. “La espera de una tierra nueva no debe amortiguar, sino más bien avivar la preocupación por perfeccionar esta tierra” (GS 39).

La esperanza te afirma incluso allí donde ronda el fracaso y las tendencias de los futurólogos sólo pronostican el derrumbe. Porque su posibilidad no radica en las experiencias óptimas de los triunfadores, sino en la promesa del Padre de nuestro Señor Jesucristo. “Milagro es que los hombres no renuncien a sus valores cuando el sueldo no les alcanza para dar de comer a su familia, milagro es que la persona se detenga ante el abismo del mal, milagro es que el amor permanezca y que todavía corran los ríos cuando hemos talado los árboles de la tierra” (Ernesto Sábato).

Cuando eres creativo/a se asoma la esperanza al mundo; cuando confías en el ser humano a pesar de todos los fracasos y decepciones; cuando defiendes la dignidad de la persona; cuando frente al individualismo, ofreces solidaridad, y frente a insensibilidad, misericordia. “Yo creo en las sorpresas del Espíritu Santo. ¿Quién se atrevería a decir que la imaginación y el amor de Dios se han agotado? Soy un hombre de esperanza, porque creo que el Espíritu Santo es siempre Espíritu Creador. Cada mañana da, al que lo sabe acoger, una libertad fresca y una nueva provisión de gozo y confianza” (Leo Jozef Suenens).

¿Qué signos de esperanza ves brotar en tu vida, en tu entorno, en el mundo?

ORA

Gracias, Señor, por el cosmos y su increíble sinfonía. Gracias, Señor, por cada mujer, ternura de Dios en el mundo. Gracias, Señor, por los que tienen siempre una palabra de aliento. Gracias, Señor, por los gestos de paz que hacen frente a la violencia. Gracias, Señor, por la cercanía siempre fresca de los amigos Gracias, Señor, por los débiles de la tierra y su contribución impagable a la esperanza. Gracias, Señor, por tantos gestos cotidianos de servicio y gratuidad. Gracias, Señor, por el milagro del agua y del pan, del abrazo y del beso.

Cipecar


ABRAZA LA VIDA


Dejar que la luz de la Palabra de Aquel que es dueño de la vida y de la muerte, del día y de la noche, alumbre el camino.
Nada sucede por casualidad. Todo está en sus Manos, en su Amor entregado por nosotros. “No sé hacia dónde Dios me lleva, pero sé que él me guía” nos dice Edith Stein.
En este Dios Padre, que nos ama entrañablemente, ponemos hoy nuestra confianza y esperanza y decimos con el salmista:

Tú eres mi pastor,nada me faltaen verdes praderas me haces recostar;me conduces hacia fuentes tranquilasy reparas mis fuerzas;me guías por el sendero justo,por el honor de tu nombre.Aunque camine por cañadas oscuras,nada temo, porque tú vas conmigo:tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas una mesa ante míenfrente de mis enemigos;me unges la cabeza con perfume,y mi copa rebosa.Tu bondad y tu misericordia me acompañantodos los días de mi vida,y habitaré en la casa del Señorpor años sin término.


Cipe

HABITADOS POR LA TRINIDAD


* Entramos en la presencia de Dios a pie descalzo:
Asumimos nuestra responsabilidad ante todas las heridas (religiosas, raciales, económicas, sociales...) que dividen a la humanidad.

Escuchamos el llanto de la tierra, herida por el abuso y nuestra falta de respeto.

Abrimos los ojos, a menudo muy cegados por el egoísmo, para ver a millones de seres humanos necesitados de vida
* Para escuchar y guardar en el corazón la palabra de Jesús:
“Si alguno me ama guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos morada en él” (Jn 14,23).
Se parece a Jesús quien recorre el camino del amor.
Guarda la palabra de Jesús, y se le convierte en agua viva que murmura dentro, quien actúa a favor del ser humano.
La práctica del amor hace presente a Dios Trinidad en medio de nosotros, en nuestro propio corazón. Cada uno de los orantes se convierte en morada de Dios, en tienda del encuentro con Él.
Cipecar 


OTRO MUNDO ES POSIBLE

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En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Calla para mirar con ojos limpios el mundo de hoy, con sus luces y sombras. Calla para mirar al Dios Amor-Trinidad que ha hecho de toda la tierra su hogar y de cada ser humano su nido de amor. Calla y adora con todo tu ser.
Contempla confiadamente al Padre
El Dios de la misericordia y del amor. El Dios que protege, que espera, que perdona. 
El Dios que ama especialmente a los más pequeños.
Acoge la gracia de nuestro Señor Jesucristo.
El hijo de María, en quien todo vuelve a ser posible. 
El testigo transparente frente a toda mentira. 
El que se hace encontradizo y gratuito en todos los caminos.
Déjate guiar por el Espíritu Santo.
Que abre espacios para la esperanza. 
Que nos ayuda a sacar de la fe el jugo profético y liberador. 
Que se hace aliento de vida y amor derramado en el corazón.
Comprométete
- Mira el mundo desde la situación de los más pobres.
- Que en tu corazón sean más importantes los derechos de los seres humanos, que el poder del dinero.
- Ten la puerta siempre abierta para el diálogo, para el encuentro, para la mesa compartida en torno a Jesús Eucaristía.
Alaba sin cesar al Señor
GLORIA AL PADRE Y AL HIJO Y AL ESPIRITU SANTO.
COMO ERA EN EL PRINCIPIO, 
AHORA Y SIEMPREPOR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS. AMEN.
OTRO MUNDO ES POSIBLE
Cipecar

UN REGALO DE DIOS




En los primeros días del nuevo año detengo mi vida ante el nuevo calendario casi sin estrenar y te presento estos días que sólo TÚ sabes si llegaré a vivirlos.

Te pido para mí y los míos la paz y la alegría, la fuerza y la prudencia, la claridad y la sabiduría.

Quiero vivir cada día con optimismo y bondad llevando a todas partes un corazón lleno de comprensión y paz.

Cierra Tú mis oídos a toda falsedad y mis labios a palabras mentirosas, egoístas, mordaces o hirientes.

Abre en cambio mi ser a todo lo que es bueno que mi espíritu se llene sólo de bendiciones y las derrame a mi paso.

Cólmame de bondad y de alegría para que, cuantos conviven conmigo o se acerquen a mí encuentren en mi vida un poquito de TI.






DIOS VIVO


Tulipanes, El Campo De Semillas De Colza, Montañas

Ya es hora. Ya, con la pascua mediada, con tanta vida tuya rodeándome, en el cielo, en la tierra, en mis propios abismos, con tantas apariciones la primera semana, con tantos mensajes de paz, de alegría, con tantas presencias que lo llenan todo de tu rastro, de tu rostro, ya es hora que me convierta a ti, que me rinda, que me deje de las zarandajas del sueño que me atrapan en mis muertes y me abra a ti, Dios vivo.

Dime una palabra

DÉJATE TOCAR POR LA TERNURA DE DIOS

LA PALABRA SE HACE CARNE

Únete a los millones de personas que se acercan estos días a contemplar el Misterio: Dios hecho palabra, acontecimiento, cercanía. ¡Dios, hecho uno de nosotros! Tu Misterio me alcanza, Dios mío, me alcanza y envuelve.
En la paz y el misterio de la noche caminas hacia mí.

Mira detenidamente, con ojos de estupor y de sorpresa, la escena que tienes delante: José y María con el Niño. La Palabra, hecha carne, ha acampado entre nosotros. Interioriza lo que contemplas para que el Misterio te nazca por dentro. Al mirarte, Jesús, veo el amor y la ternura. Al mirarte, Jesús, noto que tu amor y tu ternura se siembran en mi corazón.

Abre tus manos, ofrécele al Niño Dios tu barro, tu pequeñez, tu pobreza. Acoge con sencillez lo que Él te regala. Tu Palabra es creadora: me hace nacer de Dios, me hace hijo/a de Dios. Tu Palabra es vida: me hace creativo/a, contigo, de una nueva humanidad. Tu Palabra es luz: aleja de mí toda tiniebla, hace brotar en mi corazón un surtidor de claridad. Tu Palabra se hace carne y me enseña a mirar a todo ser humano con una semilla de amor en los adentros.

Lleva siempre contigo la Palabra. ¡Que te resuene por dentro! Canta villancicos. “Abraza al Dios nacido, como la Virgen Madre. Tuyo es” (Beata Isabel de la Trinidad).

Sonríe. Sé un espacio de la ternura de Jesús para los que están cerca de ti.

Cipecar  


Cada vez que lo hicisteis con uno de los humildes lo hicisteis conmigo


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Todo está en amar.
Así de sencillo.
Todo está en solidarizarse
con los necesitados de nuestro mundo.
¡Qué bonito que lo has hecho,
Señor Jesús!
Este mundo es un gran carnaval,
en el que Tú estás disfrazado
permanentemente en los que sufren,
en los que se lo pasan mal.
Y es curioso que para Ti no cuenta
en este caso la bondad
o la malicia de las personas.
Esto no es fácil de entender.
Si te hubieses quedado,
en los que decimos que son buenos…,
pero no, Tú te quedas
en los que lo pasan mal
independientemente de si son tenidos
por buenos o por malos.
Tú, Señor Jesús, estás en el preso,
en el inmigrante, en el transeúnte,
en los que sufren la soledad,
en las personas del Tercer Mundo,
en el parado,
en los que vienen o intentan
llegar a Europa en cayucos,
en los que mueren en la travesía, etc.
¡Qué lección más bonita para la humanidad!
Gracias, Señor Jesús,
 por esa presencia tuya tan próxima.
Señor Jesús, haz que no seamos insensibles
a los sufrimientos humanos.
Pero al mismo tiempo, Señor,
que no nos contentemos con mirar,
con tomar conciencia
de las deshumanizaciones;
que como Tú hiciste y nos dices hoy
que nos atrevamos a visitar,
a vestir, a dar de comer, a escuchar,
a enseñar, a caminar con….
Así un día nos dirás:
Venid vosotros, benditos de mi Padre;
heredad el Reino
preparado para vosotros
desde la creación del mundo.
Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber,
fui forastero y me hospedasteis,
estuve desnudo y me vestisteis,
enfermo y me visitasteis,
en la cárcel y vinisteis a verme.

FELICIDAD

Te damos las gracias y te bendecimos,
Padre santo, Dios y Señor nuestro,
porque te manifiestas
a través de multitud de signos y señales
y nos haces percibir las vibraciones
de tu constante presencia cálida y cercana.
Sabemos que eres la abundancia de amor,
la plenitud del bien,
que no quieres ser ningún juez que imparta justicia,
que nos premie y castigue,
sino el Dios bueno que perdona por anticipado
y se hace llamar Padre y Madre.
Eres un Dios familiar y amigo,
comprometido con tu creación entera.
Te agradecemos que nos quieras incondicionalmente,
tal como somos, que no te importen nuestros defectos,
ni nuestras debilidades.
Significas nuestra liberación,
ahuyentas nuestra tristeza y desasosiego,
estar junto a Ti nos mueve a vivir en esperanza,
en permanente alegría y fiesta.

MARIA, MANANTIAL DE VIDA Y DE FRESCURA

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Nadie nos puede comunicar quién es la Virgen María, si no estamos dispuestos a dejar que Ella misma nos dé su mano y nos adentre en la experiencia de su Hijo Jesús. En primer lugar, Ella es una presencia viva, un susurro milagroso de salud, que renueva y da sentido a lo que pensábamos perdido.

Por eso, te invito a que ahora mismo, antes de seguir leyendo, te pares, hagas un momento de silencio y la sientas viva, presente contigo, mirándote. Deja que su mirada pase por ti, por lo que ahora vives y te preocupa… deja que sea como un viento suave que refresca y alivia, que conforta y sostiene…

Ella está… di suavemente su nombre varias veces (…) María, María…

Decir María, supone acentuar algunos aspectos que señala el mismo evangelio. Te invito a que tomes la Biblia y releas el evangelio de Lucas: 1,26-56.

Lee despacio, sin prisa, saboreando el sentido de lo que lees, entrando dentro del texto... Hay varias palabras que son esenciales en la vida de un cristiano:

ALÉGRATE: nuestra vocación es a la alegría. Nos revestimos de esa alegría de María, que reviste de belleza toda la tierra. La alegría es nuestro primer mandamiento.

LLENA DE GRACIA: mujer amada de Dios. Nosotros somos para Dios seres llenos de gracia. Dios se goza en nosotros, nos quiere como no podemos imaginar, aunque pocos lo saben.

NO TENGAS MIEDO (El Espíritu Santo vendrá sobre ti): El Señor nos conoce. Se lo dijo a María, porque ella no se sentía fuerte. Nos lo dice a nosotros, siempre tentados por muchas clases de miedos.

PARA DIOS NADA HAY IMPOSIBLE: de hecho, en la vida de María lo imposible se va a hacer posible. Como puede suceder en la tuya, si te fías, si tienes fe como Ella. Esas cuatro palabras, bien conjugadas, son la mejor armadura de un hijo de María. Son las palabras que el ángel le dijo a Ella de parte de Dios y que Ella te regala a ti, para que recorras el camino cristiano con su estilo, con su elegancia. Pero el evangelio también nos regala algunas actitudes de María que son el espejo en el que nos queremos mirar nosotros cada día:

DISPONIBLE: ella dice la oración más simple y bella: “Aquí estoy. Aquí me tienes, pobre para ti”.

PEREGRINA DE LA FE: se pone en camino, para servir. Siempre en camino, sin saber lo que será, lo que sucederá. Se atreve, se lanza, se arriesga, confía… y verá lo que nadie vio jamás…

AGRADECIDA: proclama la grandeza de Dios, con sus propias palabras, sin miedo, sin pudor. Cuando es alabada por su prima, Ella sabe que todo lo ha recibido de Dios y le canta una canción que sabe a verdadera, porque le nace del corazón.

CONTEMPLATIVA: guarda todas estas cosas en el corazón, hasta que Dios las quiera esclarecer. Sus ojos saben mirar lo que está dentro de las apariencias, no se deja engañar por el brillo hueco. De todos modos no te quedes solo en las palabras, ponte bajo su mirada y di con Ella: Aquí estoy, aquí me tienes; Gracias, Señor; Enséñame a mirar con la mirada de María Y, sobre todo, PONTE EN CAMINO… Canta y camina con María, como María, porque Dios ha estado grande contigo y seguirá cuidándote en todos tus caminos. Pase lo que pase, te pasará, como a María, en la palma de la mano de tu Señor, tu Dios.

Miguel Márquez

¡ENTRÉNAME SEÑOR!

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Quiero estar preparado, por ti y contigo, para que la dureza de la cruz no me sorprenda y que lejos de asustarme, vea en ella un exponente y un altavoz de tu gloria. Quiero mantenerme en forma, para no perder el ritmo de la fe y no se apague el brillo de mi esperanza. Porque temo que si tú no vas conmigo, el maligno aproveche cualquier fisura y se adentre en lo más hondo de mis entrañas. Entréname Señor. Quiero jugar contigo el gran partido de la Pascua, ahora con el color morado de la penitencia, pero pronto, en la alborada de resurrección, con el color blanco del triunfo de la vida. Sí, Señor, quiero que en estos 40 días me enseñes a mirar hacia el cielo, me indiques cómo entregarme a mis hermanos me recuerdes que en la sobriedad y no en la abundancia, está la riqueza y la felicidad de mis años. Entréname Señor. Y que pueda volver de los caminos equivocados y que postrándome ante ti, pueda decir sin temor ni vergüenza alguna que he pecado, no merezco ser de los tuyos, trátame como a uno de tus jornaleros, necesito correr Señor, recuperar el estilo de un auténtico creyente y hablarte con oraciones que nacen en el silencio. Escuchar palabras que sanan y salvan Corregir pautas y comportamientos, actitudes y olvidos que me alejaron de ti hace tiempo. Entréname Señor. Y haz que esta Santa Cuaresma sea una oportunidad para acercarme a todo ello. Amén.

DIOS QUIERE NACER


Dios llega a nuestras vidas de forma impertinente. Rompe con nuestros moldes, esquemas y estructuras. No anuncia su llegada ni señala el tiempo o el lugar. Tampoco sus modos son previsibles: viene revestido de pobreza y golpea en la noche con suaves golpes. No deslumbra en el Templo ni en el Palacio, sino que se muestra débil, vulnerable, indefenso… niño nacido en un pesebre.


Sí… Dios llega a nuestras vidas de forma impertinente. Y solemos tener nuestra casa tan armada que no tenemos lugar para Él. Le cerramos la puerta y, en el mejor de los casos, le indicamos dónde sí necesitan de su presencia: aquéllos pesebres donde nadie quiere entrar.

Y Dios, obediente, irá a esos pesebres. En los dolores del mundo y de nuestra existencia habrá de nacer. Y traerá gente, pastores o magos de oriente, para llenar nuestros vacíos y silencios. Dios, el impertinente, quiere nacer.

E Ignaciana

REFLEXIÓN-ORACIÓN


¿Dónde vas José? ¿Dónde vas María?
¿Dónde habrá un lugar para entregar la luz?
¿Dónde vas José? ¿Dónde vas María?
¿Dónde nacerá tu hijo Dios?

¿Dónde hacer la Navidad? No hay ningún lugar,
sólo algún pesebre en Belén
¿Dónde hacer la Navidad? ¿Dónde habrá un lugar?
en el corazón de cada hombre

¿Dónde vas José? ¿Dónde vas María?
¿Dónde hará la paz fuera de ti Jesús?
¿Dónde vas José? ¿Dónde vas María?
¿Dónde nacerá tu hijo amor?

¿Dónde hacer la Navidad? ¿Quién esperará?,
Dios está queriendo renacer
¿Dónde hacer la Navidad?¿Dónde alumbrarás?
danos ese Dios que hay en tu vientre.

REFLEXIÓN-ORACIÓN


¿Dónde vas José? ¿Dónde vas María?
¿Dónde habrá un lugar para entregar la luz?
¿Dónde vas José? ¿Dónde vas María?
¿Dónde nacerá tu hijo Dios?


¿Dónde hacer la Navidad? No hay ningún lugar,
sólo algún pesebre en Belén
¿Dónde hacer la Navidad? ¿dónde habrá un lugar?
en el corazón de cada hombre

¿Dónde vas José? ¿Dónde vas María?
¿Dónde hará la paz fuera de ti Jesús?
¿Dónde vas José? ¿Dónde vas María?
¿Dónde nacerá tu hijo amor?

¿Dónde hacer la Navidad? ¿quién esperará?,
Dios está queriendo renacer
¿Dónde hacer la Navidad?¿dónde alumbrarás?
danos ese Dios que hay en tu vientre.

TÚ ERES EL QUE HA DE VENIR


¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?

Con esta pregunta, de un Juan Bautista desconcertado, en la oscuridad de la cárcel, comenzamos a orar: ‘¿Eres tú?’. Es una pregunta honrada, necesaria, inquietante que hacemos en un mundo que ni niega ni cree en Dios: ¿Eres tú, Jesús, nuestro Tú? ¿Es a ti a quien tenemos que esperar?

Hacemos la pregunta y nos quedamos en silencio, a la escucha de la palabra de Jesús, sin prisa: ¿Qué tiene que ver tu vida con la nuestra? ¿Eres tú quien puede darnos la alegría? ¿Eres nuestro Salvador?

“Cuando descubrí a Jesús, comprendí que no podía hacer otra cosa que vivir para Él” (Carlos de Foucauld).

Cipecar