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RENOVACIÓN DE VOTOS (Celebración)
| (Podemos ambientar con un icono del Cristo de San Damián, unos Evangelios y algún símbolo propio de esta celebración) |
MONICIÓN
La celebración del Misterio Pascual es el centro de nuestra fe, de toda la vida de la Iglesia. En este marco del tiempo de Pascua, nos reunimos en nombre del Señor Resucitado, para renovar nuestro compromiso de vida consagrada al Señor, en la vivencia de los votos vividos en fraternidad.
Nos sentimos unidas a toda la Familia franciscana, que en este día hace renovación de la profesión, recordando la aprobación oral de la “Forma vitae” que el Papa Inocencio III concede a Francisco en el año 1209. Unidos pedimos la luz y la gracia de vivir siempre anhelando cumplir su Voluntad.
Lo hacemos ante este Icono de Cristo Crucificado de S. Darían, por el que Francisco se sintió llamado y con sus palabras, oramos juntas:
¡Oh alto y glorioso Dios!
Ilumina las tinieblas de mi corazón,
y dame fe recta,
esperanza cierta
y caridad perfecta,
sentido y conocimiento, Señor,
para que cumpla
tu santo y veraz mandamiento. Amén
Canto - Me has seducido, Señor, con…
De esta manera el Papa y en él la Iglesia, reconoce en Francisco a un hombre carismático, un hombre de Dios y aprueba su forma de vida, en la que se inspira María Ana, nuestra Fundadora, y en la que quiso seguir en fidelidad a la llamada que el Señor le hacía.
También nosotras nos sentimos llamadas a revitalizar nuestro compromiso, a reafirmar nuestro Sí al Señor de nuestra vida y renovar en lo profundo de nuestro corazón que queremos ser para El y para su Reino.
A modo de Salmo- Ant. “Señor, a Ti que sólo sabes amar, con sencillez te consagro mi ser”.
(Se reza de forma participada, o se puede hacer una oración de resonancia, intercambiando la antífona)
Yo digo de todo corazón: Tú eres mi Señor, el Dios de mi vida. Tú eres mi bien y fuera de ti no hay nada.
Tú eres la alegría de mi corazón para siempre.
Tú eres, Señor, el Todo de mi existencia,
la plenitud de mi vida.
Mi vida es para ti, mi Bien y mi Todo.
Mis esperanzas están puestas en tus caminos.
Tú eres el Dios que salva, porque tu nombre es amor sin medida.
Con tu gracia y tu fidelidad mi suerte aseguras cada día;
mi felicidad está pendiente de la palabra de tu boca.
Te bendigo, Señor, porque me quieres y me aconsejas.
De ti lo espero todo y es preciosa para mí, tu gracia.
Puedo contarlo:
Tú caminas a mi lado y guías el sendero de mi vida;
Tú estás en medio de mi existencia y me hablas con ternura.
Contigo me siento segura y la marcha se hace ligera;
contigo no vacilo al dar mis pasos y me siento acompañada.
Mi corazón se me alegra y mis entrañas saltan de gozo.
Mi corazón descansa a tu lado.
Tu espíritu me conduce a la verdad plena y me siento libre;
tu amor, constante como una ola, da seguridad a mi vida;
y tu rostro, como sol de mediodía, inunda de luz mis pasos.
Eres mi delicia, eres mi esperanza;
eres mi tesoro, eres mi bien;
soy feliz contigo y salto de gozo.
Lectora 1-
Recordamos y celebramos como fue tocado el corazón de Francisco por el Evangelio, como resonaron en él las palabras de Jesús y se dejó seducir por ellas, de manera que desde ese momento se convierten en norma de vida para él y toda la orden. Francisco nunca sospechó la importancia que tuvo aquella experiencia para el futuro de los hermanos y de la Iglesia. Escuchamos los textos que aquella mañana tocó la vida de Francisco.
Lectura :
“ A estos doces los envió Jesús con la siguiente instrucciones: Id a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Id anunciando que está llegando el Reino de los cielo…Curad…gratis lo recibisteis, dadlo gratis. No llevéis oro, ni plata, ni dinero en el bolsillo, ni zurrón para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni cayado”. (Mt. 10,5-12)
* “Jesús dijo; si quieres ser perfecto, ve a vender todo lo que tienes y dáselo a los pobres, así tendrás un tesoro en los cielos. Luego ven y sígueme”.(Mt. 19,21)
* Entonces se puso a decir a todo el pueblo: El que quiera venir en pos de mí, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz de cada día, y me siga. Porque quien quiera salvar su vida la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará.”(Lc. 9,23-24)
Lectora 2-
Francisco llevaba un tiempo buscando y llegó el momento maduro en que dijo: “Esto es lo que yo quiero, esto es lo que yo busco esto es lo que en lo más íntimo de m corazón, deseo poner en práctica”(1 C 22).
Dejemos que estas palabras vuelvan a resonar también en nuestra vida, sin duda forman parte de nuestro marco vocacional.
(Música …Momento de silencio reflexivo).
Canto. Yo quiero ser Evangelio viviente u otro.
La forma de vida de Francisco y de cuantos queremos seguir a Jesús dentro de esta familia, se condensan en :
“Guardar el Santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, viviendo en obediencia, sin nada propio y en castidad”. (Rb1)
Así también lo hemos profesado dentro de nuestro Instituto:
“En Castidad, Pobreza, Obediencia y en Comunidad fraterna, queremos seguir a Cristo según el Evangelio, norma suprema de nuestra vida,…y testimoniar ante los hombres el amor gratuito de Dios…”(C15)
Consagradas libremente para Amar
Lectora 3 -
Renovamos la primacía de Dios en nuestra vida, la primacía del Amor. En el Testamento, Francisco nos narra, en cierta forma, su historia, una historia tejida por un Amor más grade, que lo sedujo y él se dejó conducir. Desde su encuentro, su vida lleva el ritmo de Dios, con razón exclamará:“Mi Dios y mi Todo”.
“Amemos, pues, a Dios y adorémoslo con puro corazón y mente pura, porque El busca esto por encima de todo…Y dirijámosle alabanzas y oraciones día y noche…(2Cta.F)
Al igual que Francisco, María Ana nos ha dejado el testimonio de un amor exclusivo al Señor de su vida a quien rogaba:
“…os pido…vuestro amor, el cual me despegue de todas las criaturas y especialmente de mí misma para no amar a otra cosa que a Vos y a vuestra santa Voluntad”. (C. de oraciones A)
Recordamos como al profesar la Castidad por el Reino de los Cielos, don gratuito del Padre, nos hemos comprometido a vivir este Amor Primero a Cristo y con Él a todos los hombres.
“Por la Castidad consagrada elegimos vivir con las Hermanas el Amor a Cristo de una forma nueva, más libre y comprometida. Esta forma de vivir el amor se convierte en signo y estímulo de caridad y es fuente de fecundidad apostólica.”(C 28)
(Breve silencio y cantamos una ant. “yo quiero estar dispuesto a todo…” u otra)
En obediencia al Padre
Lectora 2-
Esta es la experiencia personal de Francisco, en su relación personal con Jesucristo y este Crucificado ha descubierto la verdadera obediencia y disponibilidad suma a la voluntad divina.
“…porque después que hemos abandonado el mundo, ninguna otra cosa hemos de hacer sino seguir la voluntad del Señor y agradarle” (1R 22,9). Y así lo pedía “…concédenos por ti mismo, hacer lo que sabemos que quieres y querer siempre lo que te agrada…”(CtaO 52)
En esta misma línea, Mª Ana pide constantemente vivir en la voluntad del Padre y así ora diciendo:
…sólo deseo que me deis a entender vuestra voluntad y os suplico me concedáis gracia para obedecer…”(C de oraciones A)
Retomamos las palabras de nuestras Constituciones, en ellas se recogen nuestro querer, expresado en la profesión y que hoy renovamos:
“A ejemplo de Cristo que vino a cumplir la voluntad del Padre… nosotras por el voto de Obediencia, ofrécenos a Dios libremente nuestra propia voluntad y aceptamos realizar sus planes…”(C 43)
(Breve silencio y cantamos una ant. “Hágase tu Voluntad…” u otra)
En pobreza, “sin propio”
Lectora 1-
La pobreza para Francisco, tiene como fundamento y modelo el
anonadamiento de Cristo, quien “a pesar de su condición divina, no se aferró a
su categoría de Dios, sino que se despojó de su rango, pasando por uno de
tantos” (Filp. 2,5-6). Por eso Francisco no deja de luchar contra la
apropiación que se esconde en las entrañas más profunda del hombre.
“Los hermanos no se apropien nada para sí, ni casa, ni lugar, ni cosa
alguna”(2R 6,1)
Así entendió María ana la pobreza
“sin propio”, con la confianza puesta en la divina Providencia, en desasimiento
radical a toda posesión material, afectiva, espiritual, porque Dios es el Todo
Bien.
“Ya nada tengo, nada poseo que no sea don de tu liberalidad; todo lo
depongo en Ti y lo abandono sin reserva a tu voluntad a fin de que dispongas de
ello a tu agrado”
También en nuestras
Constituciones aparece recogido claramente este sentir de la pobreza
evangélica, como la entendieron nuestros fundadores y en ella hemos profesado.
“Por la pobreza voluntaria participamos más íntimamente de la pobreza y
anonadamiento de Cristo…Esta elección exige una actitud interior de despojo a
causa del Reino.” (C 31)
“…pues el
Patrimonio principal del Instituto ha de
ser el amor de las religiosas al trabajo y a la santa pobreza”.(C 39)
(Breve silencio y cantamos una
ant. ¿Qué te puede dar?…” u otra)
Lectora
2- Nosotras, que hemos hecho de la existencia una
ofrenda a Dios para la causa del Reino, sentimos la fuerza viva del Espíritu que nos urge y nos capacita
para hacer visible la presencia amorosa y salvadora de Cristo, el Consagrado
del Padre, prolongar su humanidad en el mundo de hoy.
En es
el momento hacemos nueva nuestra
Consagración por medio de la renovación de la profesión, uniéndonos a todas
nuestras hermanas y a toda la familia franciscana.
(Dejamos un momento de silencio en el que interiorizamos la fórmula de
renovación)
Recitamos juntas:
"En nombre de Dios Padre
y me ha dado su Espíritu
para caminar hacia la perfección del amor
y porque Jesús vivió
virgen, pobre y obediente.
Yo… queriendo seguirle así,
bajo la protección de la Virgen María,
renuevo mis votos de castidad, pobreza y obediencia
conforme al espíritu y Constituciones de mi Instituto
de Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor.
Y mi resolución de vivir sólo para Dios,
al servicio de los hombres, mis hermanos".
Canto- Tu eres el
Bien,… A Ti ¡oh Dios!, Altísimo Señor… u otro…
Oramos (Se pueden hacer estas peticiones o
participar espontáneamente con alabanzas o acción de gracias)
* Te damos gracias, Padre, porque nos has convocado a seguir
las huellas de Cristo nuestro Bien y a invitar a otros a hacer el mismo camino.
Renueva en nosotras este deseo, y ayúdanos a traducir en opciones concretas.
* Tú, Jesús, te hiciste pobre siendo rico y nos enriqueces con
tu pobreza. Danos la gracia, según tu Espíritu, para participar en esta
pobreza, buscando el Reino de Dios como lo único necesario, haciéndonos
solidarias con los pobres de la tierra.
* Tú, Jesús, fuiste obediente hasta la muerte de cruz y con tu
libertad nos diste libertad. Aviva en nosotras la disponibilidad a la voluntad
amorosa del Padre.
* Tú, Jesús, que entregaste toda tu capacidad de amar por el
Reino y nos llamas a la amistad contigo y con los hermanos, haz que en la
fragilidad de nuestro ser humano podamos expresar la generosidad y la gratuidad
de tu amor.
* Ayúdanos
a ser comunidades referenciales de Fe, de Esperanza y Amor y que cuantos nos
vean se sientan llamados a vivir con alegría su vocación dentro de la Iglesia y
en nuestro Instituto.
Oración final
“Omnipotente, eterno, justo y misericordioso Dios,
concédenos por ti mismo a nosotros, míseros, hacer lo que sabemos que quieres y
querer siempre lo que te agrada, a fin de que, interiormente purificados,
iluminados interiormente y encendidos por el fuego del Espíritu Santo, podamos
seguir las huellas de tu amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo y llegar, por
sola tu gracia, a ti, Altísimo, que en perfecta Trinidad y en simple Unidad
vives y reinas y eres glorificado, Dios omnipotente, por todos los siglos de
los siglos. Amén. (Cta O 50-52)
CELEBRACIÓN DEL AGUA
Ambientación. Sobre una mesa o en el suelo, en el
centro de local donde se va a realizar la celebración, se coloca una jarra de
cristal con agua y unos vasos repartidos alrededor de la jarra. Unos vacíos,
otros caídos, alguno boca abajo, alguno medio lleno y alguno lleno de agua.
Conviene que haya más vasos que las personas que participen en la celebración.
Motivación. Estamos acostumbrados a ver el agua, a
sentirla. Forma ya parte de nuestra vida, como algo normal. Cuando nos falta
nos sentimos incómodos. El agua nos refresca, nos limpia, nos regenera. El
agua nos recuerda la transparencia, la claridad, la inmensidad. El agua da la
Vida. Jesús se identifica con el Agua Viva. Con el agua que limpia, con el agua
que apaga la sed. Vamos a pedir juntos la ayuda del Espíritu para poder
entender todo el significado de ese agua de la que habla el Señor.
Cantamos
juntos o escuchamos la canción «Danos, oh Señor, tu Espíritu» [Testigos de la
Fe, Alfonso Luna) Proclamación de la Palabra: Jesús y la Samaritana (Jn 4,4-15)
Silencio contemplativo. Puede ayudar el mantener una música de fondo suave.
Un lector. Acabamos de
oír las palabras de Jesús «el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed
jamás». Vamos ahora a identificarnos con esos vasos que están ahí. Son
distintas situaciones posibles de nuestras vidas. Podemos coger el que más
refleje cómo es o está esa agua viva en nosotros. Expresamos cómo nos sentimos
y nuestros deseos de que el Señor colme nuestra sed.
Al final de su intervención cada uno puede terminar llenando
su vaso con el agua de la jarra. Después de habernos expresado unimos nuestras
voces en una misma oración.
Señor Jesús,
que te acercaste a la Samaritana
y le enseñaste cuál era el Agua viva.
Acércate hoy a nosotros
y danos de beber de ese Agua.
Sabemos que sólo Tu
puedes calmar nuestra sed.
En el camino de la vida
muchas veces buscamos otras aguas
y nos olvidamos
de que el Agua verdadera eres Tu.
Sal a nuestro encuentro
y danos la Vida.
Sal a nuestro encuentro
y apaga nuestra sed.
Sal al encuentro de todos los hombres,
nuestros hermanos,
para que puedan encontrar
la Fuente que sólo está en Ti.
que te acercaste a la Samaritana
y le enseñaste cuál era el Agua viva.
Acércate hoy a nosotros
y danos de beber de ese Agua.
Sabemos que sólo Tu
puedes calmar nuestra sed.
En el camino de la vida
muchas veces buscamos otras aguas
y nos olvidamos
de que el Agua verdadera eres Tu.
Sal a nuestro encuentro
y danos la Vida.
Sal a nuestro encuentro
y apaga nuestra sed.
Sal al encuentro de todos los hombres,
nuestros hermanos,
para que puedan encontrar
la Fuente que sólo está en Ti.
Cantamos para terminar
«El agua del Señor» (Jesús es el Señor, Kairoi)
CELEBRACIÓN DE LA VIDA
Ambientación. En el lugar donde se va a celebrar se colocan en un lugar visible cuencos con semillas y ocupando el centro de la celebración una planta o un ramo de flores.
Motivación. Hoy Jesús llega hasta nosotros y nos da la salvación, pone en nuestro interior semillas nuevas de Vida y Resurrección.
Se escucha una música suave mientra se entrega a cada uno de los participantes un cuenco con semillas.
Presentación del símbolo. Cada uno de nosotros tenemos entre las manos un cuenco con semillas. El cuenco es nuestra vida con los semillas nuevas que ha depositado en ella el Señor. Son semillas que hemos de cuidar para que den vida abundante. Son semillas de ternura, de perdón, de sonrisas, de esperanza... Las contemplamos en silencio. Contemplamos cómo es nuestra vida, cuando esas semillas creces y se multiplican. Contemplamos cómo es la tierra, nuestra tierra, donde están depositadas.
Se escucha de nuevo una música suave. Proclamación de la Palabra: parábola del sembrador (Mt 13,1-9).
Pensamos qué queremos hacer con el cuenco de nuestra vida, qué queremos hacer con nuestras semillas para que tengan vida abundante, para que todos ¡untos formemos una gran espiga que lleve a nuestro mundo de hoy una vida llena de esperanza y de amor.
Cantamos juntos (o escuchamos) la canción: «Id y enseñad» de Cesáreo Gabaraín.
Después de unos momentos de silencio, cada miembro del grupo, comunidad o familia puede ir expresando de forma sencilla cómo siente sus semillas, cómo siente su vida nueva en ese momento. Al terminar su intervención, cada uno va depositando su cuenco junto a las flores o la planta y se canta de nuevo el estribillo: «Id, amigos, por el mundo, anunciando el amor...».
Terminamos la celebración con la oración en común al Señor que hace crecer en nosotros la vida.
Señor de la Vida,
que has puesto en nosotros
las semillas más hermosas.
Queremos cuidarlas,
ayudarlas a crecer
para que se conviertan
en frutos de amor,
de comprensión y esperanza.
Señor de la vida,
te damos las gracias
por toda la riqueza
que has depositado
en nuestro interior.
Sentimos como crece ¡unto a Ti
nuestra ilusión, nuestra fuerza y alegría.
Nos sentimos vivos
y queremos compartir con todos
nuestras semillas de Vida y Resurrección.
Señor de la Vida,
contempla con amor el cuenco
de nuestra vida
y bendice nuestras semillas.
Motivación. Hoy Jesús llega hasta nosotros y nos da la salvación, pone en nuestro interior semillas nuevas de Vida y Resurrección.
Se escucha una música suave mientra se entrega a cada uno de los participantes un cuenco con semillas.
Presentación del símbolo. Cada uno de nosotros tenemos entre las manos un cuenco con semillas. El cuenco es nuestra vida con los semillas nuevas que ha depositado en ella el Señor. Son semillas que hemos de cuidar para que den vida abundante. Son semillas de ternura, de perdón, de sonrisas, de esperanza... Las contemplamos en silencio. Contemplamos cómo es nuestra vida, cuando esas semillas creces y se multiplican. Contemplamos cómo es la tierra, nuestra tierra, donde están depositadas.Se escucha de nuevo una música suave. Proclamación de la Palabra: parábola del sembrador (Mt 13,1-9).
Pensamos qué queremos hacer con el cuenco de nuestra vida, qué queremos hacer con nuestras semillas para que tengan vida abundante, para que todos ¡untos formemos una gran espiga que lleve a nuestro mundo de hoy una vida llena de esperanza y de amor.
Cantamos juntos (o escuchamos) la canción: «Id y enseñad» de Cesáreo Gabaraín.
Después de unos momentos de silencio, cada miembro del grupo, comunidad o familia puede ir expresando de forma sencilla cómo siente sus semillas, cómo siente su vida nueva en ese momento. Al terminar su intervención, cada uno va depositando su cuenco junto a las flores o la planta y se canta de nuevo el estribillo: «Id, amigos, por el mundo, anunciando el amor...».
Terminamos la celebración con la oración en común al Señor que hace crecer en nosotros la vida.
Señor de la Vida,
que has puesto en nosotros
las semillas más hermosas.
Queremos cuidarlas,
ayudarlas a crecer
para que se conviertan
en frutos de amor,
de comprensión y esperanza.
Señor de la vida,
te damos las gracias
por toda la riqueza
que has depositado
en nuestro interior.
Sentimos como crece ¡unto a Ti
nuestra ilusión, nuestra fuerza y alegría.
Nos sentimos vivos
y queremos compartir con todos
nuestras semillas de Vida y Resurrección.
Señor de la Vida,
contempla con amor el cuenco
de nuestra vida
y bendice nuestras semillas.
CELEBRACIÓN DE LA LUZ
Ambientación: Sobre la mesa o sobre el suelo, en el centro, hay una vela grande encendida, sobre una bandeja, al lado, hay velas pequeñas apagadas.
Al comienzo de la celebración suena una música suave.
Motivación: Cierra los ojos y contempla con tu mente sólo la vela encendida. Ilumina la habitación, nos ilumina a cada uno de nosotros, la necesitamos para ver. Jesús entra en la habitación, coge la vela y se acerca a ti para decirte: «Vosotros sois la Luz del mundo. No apaguéis vuestra luz. Cada uno tenéis en vuestro interior cualidades y dones que sirven de orientación a los demás. Cada uno sois pequeñas luces que iluminan la vida de los otros y ¡untos, descubriendo esas luces y ofreciéndolas a los demás, seréis un camino luminoso en la vida de los hombres». Jesús te mira y te alarga la vela encendida.
Escuchamos la canción «El Señor es mi luz» (Jesús está en ti) Cogemos las velas pequeñas y las vamos encendiendo. Al hacerlo, cada uno puede hacer una de estas invocaciones u otra parecida:
· Señor, tu iluminas a todo hombre que camina por este mundo.
Ilumina nuestros corazones unifica nuestro espíritu
y danos la Paz verdadera.
· Tu que haces de la oscuridad luz y de la noche día
y todo es claro para Ti
ilumínanos para seguir en tu camino.
· Señor, enciende tu luz en nuestros corazones
y toda nuestra vida quedará iluminada.
· Te pedimos que seamos luz
y sepamos dar al mundo razón
de nuestra esperanza.
· Señor, que cuantos vean nuestro vivir diario
se sientan alumbrados por tu Luz.
Proclamación de la Palabra: Jn 8,12 o bien Is 42,6-8a.Después de un momento de silencio, oramos juntos:
Señor, que iluminas nuestras vidas,
que nos ayudas a ver
cuando estamos solos y desorientados.
Enciende tu Luz en nuestro interior
para que nuestra vida
sea una señal luminosa
en el camino de nuestros hermanos.
Limpia nuestros ojos
para poder descubrir las luces
que brillan en la vida de los otros.
Queremos compartirlas
y formar una gran familia,
una gran comunidad
que sea como una antorcha
que llegue hasta los rincones lejanos.
Al comienzo de la celebración suena una música suave.
Motivación: Cierra los ojos y contempla con tu mente sólo la vela encendida. Ilumina la habitación, nos ilumina a cada uno de nosotros, la necesitamos para ver. Jesús entra en la habitación, coge la vela y se acerca a ti para decirte: «Vosotros sois la Luz del mundo. No apaguéis vuestra luz. Cada uno tenéis en vuestro interior cualidades y dones que sirven de orientación a los demás. Cada uno sois pequeñas luces que iluminan la vida de los otros y ¡untos, descubriendo esas luces y ofreciéndolas a los demás, seréis un camino luminoso en la vida de los hombres». Jesús te mira y te alarga la vela encendida.
Escuchamos la canción «El Señor es mi luz» (Jesús está en ti) Cogemos las velas pequeñas y las vamos encendiendo. Al hacerlo, cada uno puede hacer una de estas invocaciones u otra parecida:
· Señor, tu iluminas a todo hombre que camina por este mundo.
Ilumina nuestros corazones unifica nuestro espíritu
y danos la Paz verdadera.
· Tu que haces de la oscuridad luz y de la noche día
y todo es claro para Ti
ilumínanos para seguir en tu camino.
· Señor, enciende tu luz en nuestros corazones
y toda nuestra vida quedará iluminada.
· Te pedimos que seamos luz
y sepamos dar al mundo razón
de nuestra esperanza.
· Señor, que cuantos vean nuestro vivir diario
se sientan alumbrados por tu Luz.
Proclamación de la Palabra: Jn 8,12 o bien Is 42,6-8a.Después de un momento de silencio, oramos juntos:
Señor, que iluminas nuestras vidas,
que nos ayudas a ver
cuando estamos solos y desorientados.
Enciende tu Luz en nuestro interior
para que nuestra vida
sea una señal luminosa
en el camino de nuestros hermanos.
Limpia nuestros ojos
para poder descubrir las luces
que brillan en la vida de los otros.
Queremos compartirlas
y formar una gran familia,
una gran comunidad
que sea como una antorcha
que llegue hasta los rincones lejanos.
HACEMOS LA PAZ

Reunidos en torno a la paz nuestros niños, profesores y familias.
Queremos crear lazos duraderos de entendimiento, comprensión, diálogo y cariño para que la paz sea una realidad todos los días del año.
Queremos crear lazos duraderos de entendimiento, comprensión, diálogo y cariño para que la paz sea una realidad todos los días del año.
CELEBRACIÓN DEL DÍA DE LA PROVINCIA IBÉRICA" Mª ANA MOGAS"
Con gozo en el alma y alegría en el corazón, hemos celebrado nuestra fiesta, la fiesta de la Provincia. CELEBRAR la VIDA, celebrar la alegría de vivir, encontrar motivos para la esperanza...
Una Eucaristía, nos hermanó y nos vinculó a "todas las hermanas" de la Congregación. Fué presidida por el P. Iván David Pérez, OSA, quien resaltó los valores de la V. Consagrada e hizo mención especial a la Beata Mª Ana Mogas y a nuestras hermanas mártires.
Al final de su espléndida homilía, nos invitó a rezar juntas. CARIDAD, CARIDAD VERDADERA, AMOR Y SACRIFICIO"
Una merienda familiar, en clima de convivencia, puso fin a nuestra fiesta.
VIGILIA DE ADVIENTO
El viernes, día 12 en
el colegio Sagrado Corazón de
Fuencarral, (Madrid), celebramos una vigilia como
preparación a la Navidad. Toda la comunidad educativa fue invitada a
participar.
Fue una bonita
experiencia de Luz y Oscuridad.
¡Esperamos
tu venida Señor Jesús!
Vigilia
de Adviento 2014
Monición
de entrada
Bienvenidos a esta
oscura y fría noche de invierno. Nos reunimos como comunidad cristiana para
preparar la llegada del Señor.
Primero, en la
oscuridad y en el frío realizaremos un símbolo con el fuego y la oscuridad,
posteriormente efectuaremos una procesión con velas hasta la Capilla y,
finalizaremos esta celebración allí, rezando por la paz y comprometiéndonos con
la misma.
Oración
de bendición del fuego
Oh Dios, que por medio
de tu Hijo
nos has dado el fuego
de tu luz:
enciende en nosotros el
deseo
de ser LUZ y ESPERANZA
del MUNDO para que,
solidarios con los
demás hombres,
podamos encontrarnos
contigo siempre. Amén.
(Los danzantes toman la
luz con sus velas e inician una danza a su alrededor con la canción “Se mi luz”
de fondo).
Lectura
(junto al fuego)
Había una ciudad en
tinieblas. Todo estaba a oscuras. Estos eran los nombres de las calles más
famosas: calle de la mentira, calle de la ambición, calle de la injusticia,
avenida del egoísmo, plaza de la insolidaridad,... Las familias vivían en una
noche prolongada y fría. En estas tinieblas apareció una luz... Pero no era una
luz cualquiera. Era una luz que cautivaba, que todo lo llenaba de alegría. Era
una luz viva, que se concentraba en una persona. Era Jesús, luz que alumbra a
todo hombre que viene a este mundo. Esta
luz maravillosa se fue extendiendo lentamente por todos los pueblos y ciudades
que estaban a oscuras.
Los nombres de las
calles fueron cambiando
-La calle de la mentira
por la calle de la verdad.
-La calle de la
ambición por la calle del servicio.
-La calle de la
injusticia por la calle del perdón.
-La avenida del egoísmo
por la del amor.
Los signos de tinieblas
se convirtieron en signos de luz;
-Las armas se
convertían en instrumentos de trabajo.
-Las insignias de poder
en símbolos de amistad.
-Las cadenas en ramos
de flores.
-Los instrumentos de
tortura en máquinas de curación.
Nos
dirigimos hacia la iglesia en procesión, mientras cantamos: “Color esperanza”
Una
vez en la iglesia…
Lectura
del Evangelio según san Mateo 5, 14-16
(Escenificado)
Vosotros
sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en lo alto de un
monte; ni se enciende una lámpara para meterla debajo del perol, sino para
ponerla en el candelero y que brille para todos los de la casa.
Empiece
así a brillar vuestra luz ante los hombres; que vean el bien que hacéis y glorifiquen
a vuestro Padre del cielo.
Canto: Cuando das
sin esperar…
Silencio meditativo
Testimonios:
padres, alumnos, profesores… Cuándo estamos en la luz y cuándo en las
tinieblas…
REZAMOS
JUNTOS LA ORACIÓN DE SAN FRANCISCO DE ASÍS
Oh Señor, hazme instrumento de tú paz.
Donde hay odio, que yo lleve el Amor.
Donde hay ofensa, que yo lleve el Perdón.
Donde hay discordia, que yo lleve la Unión.
Donde hay duda, que yo lleve la Fe.
Donde hay error, que yo lleve la Verdad.
Donde hay desesperación, que yo lleve la Esperanza.
Donde hay tristeza, que yo lleve la Alegría.
Donde están las tinieblas, que yo lleve la Luz.
Oh Maestro, haced que yo no busque tanto:
Ser consolado, sino consolar.
Ser comprendido, sino comprender.
Ser amado, sino amar.
Porque:
Es dando, que se recibe.
Perdonando, que se es perdonado
Muriendo, que se resucita a la Vida Eterna.
Se
invita a la asamblea a llevar la vela de la vigilia a sus casas junto con la
oración de San Francisco. En la Nochebuena, antes de la cena familiar, nos
recordaremos unos a otros y encenderemos esa vela de la paz, mientras rezamos
dicha oración
Bendecimos
la vela de la paz
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