MIERCOLES, 27 DE MAYO DE 2026. San Marcos (10,32-45)
Narra el tercer anuncio
de Jesús sobre su pasión y resurrección, que contrasta con la petición de poder
de Santiago y Juan, revelando la incomprensión de los discípulos sobre la
verdadera grandeza en el Reino de Dios, la cual no es dominio, sino servicio radical y entrega, reflejado en el
ejemplo del Hijo del Hombre que vino para servir y dar su vida en rescate por
muchos, transformando el modelo de liderazgo mundial.
Al mismo tiempo, por un lado, esta aspiración revela como
los discípulos de Jesús aún no han entendido del todo la misión de su
Maestro. Ellos esperaban un mesianismo demasiado terreno, demasiado pegado a
las expectativas terrenas; y por otro lado, esta petición dio origen a una
disputa con los otros diez discípulos, que se irritan con los dos hermanos.
La respuesta de Jesús pone la luz necesaria para
comprender lo que está pasando. Jesús no reprende a los dos hermanos, aprovecha
la ocasión para manifestar cual es el sentido de la verdadera autoridad en
aquel grupo de hombres y mujeres que habían decido poner su destino en sus
manos.
JUEVES, 28 DE MAYO DE 2026. San Mateo (26,36-42)
JESUCRISTO,
SUMO Y ETERNO SACERDOTE
Hoy celebramos la fiesta de
Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. El calendario litúrgico de la Iglesia en
España aporta una fiesta propia: Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote (jueves
posterior a Pentecostés). Como siempre la Palabra de Dios nos ayuda a vivir con
sentido esta festividad. La primera lectura, tomada de la Carta a los Hebreos
(Heb 10,4-10) señala que "cuando Cristo entró en el mundo dijo: Tú no
quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas
holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el
libro: Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad. Primero dice: No quieres ni
aceptas sacrificios ni ofrendas, holocaustos ni víctimas expiatorias, que se
ofrecen según la ley. Después añade: Aquí estoy yo para hacer tu voluntad.
Niega lo primero, para afirmar lo segundo. Y conforme a esa voluntad todos
quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez
para siempre". La sangre de
animales no puede abrir el camino hacia Dios. Cristo sabe que lo que
agrada a Dios, el único homenaje que él
acepta es la obediencia. Así lo haya formulado
en el Salmo 40. De ahí que al entrar en el mundo, por la Encarnación,
pero sobre todo y especialmente por la muerte y resurrección, hace ofrenda de
su propio cuerpo, de su existencia mortal. Precisamente ya no se trata de un
rito exterior, ni de algo ajeno a él mismo, sino de sí mismo y de su
existencia. Él se ofrece por nuestros pecados. Por su sacrificio, Jesucristo
limpia la conciencia, el interior del hombre. Como el salmista (Sal 40) hemos
de presentarnos ante el Señor, diciendo con toda sinceridad: "Aquí estoy,
Señor, para hacer tu voluntad". Tal como nos recuerda el Evangelio (Mt
26,36-42) Jesucristo es nuestro Mediador, que conoció el miedo, la traición, la
soledad, el abandono, hasta la entrega de sí mismo por nuestra salvación. He
aquí al Sumo y Eterno Sacerdote que celebramos en este día. La Eucaristía es
memoria de la entrega total de Jesucristo. En la celebración de la Santa Misa,
participamos de la ofrenda de Jesucristo y adquirimos el compromiso de hacernos
pan con él para nuestros hermanos.
VIERNES, 29 DE MAYO
DE 2026. San Marcos (11,11-25)
"MI CASA ES CASA DE ORACIÓN".
En aquel tiempo, "entró Jesús en el templo y se puso a echar a los
vendedores, diciéndoles: Escrito está: Mi casa es casa de oración; pero
vosotros la habéis convertido en una cueva de bandidos. Todos los días enseñaba
en el templo. Lo sumos sacerdotes, los escribas y los notables del pueblo
intentaban quitarlo de en medio; pero se dieron cuenta de que no podían hacer
nada, porque el pueblo entero estaba pendiente de sus labios". El
evangelista ha fundido en este texto dos episodios: Los vendedores del
templo (Lc 19,45-46) y el magisterio de Jesús en el templo (Lc 19, 47-48). Al
entrar Jesús en el templo, expulsa a los que estaban vendiendo. El ejercicio
del comercio dentro del templo le convierten en una cueva de bandidos, como había
profetizado el profeta Jeremías (Jer 7,6.10-11). Esta acción profética de
Jesús fue decisiva para que las élites del pueblo judío decidan acabar
con su vida. Jesús purifica el templo para poder ejercer en él su ministerio
docente. El pueblo sencillo estaba pendiente de sus labios. Señor Jesús, danos
un corazón humilde, para acoger tu mensaje de liberación.
SÁBADO, 30 DE MAYO DE 2026. San Marcos (11,27-33)
"¿CON QUÉ
AUTORIDAD HACES ESTO?"
Los sumos sacerdotes, los
escribas y los ancianos, al ver lo que Jesús había hecho y dicho en el templo,
le preguntaron: "¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado
semejante autoridad? Jesús les respondió: Os voy a hacer una pregunta y, si me
contestáis, os diré con qué autoridad hago esto: El bautismo de Juan ¿era cosa
de Dios o de los hombres?". Se pusieron a deliberar la respuesta. Le
contestaron: "No sabemos". Entonces Jesús les replicó:
"Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto".Por el texto
evangélico sabemos que los gestos simbólicos de Jesús, especialmente el de la
purificación del templo, encuentran inmediatamente su réplica por parte de las
autoridades judías. En este pasaje se pone de manifiesto que los sumos
sacerdotes, los escribas y los ancianos se habían sentido desbancados en su autoridad,
veían amenazado su prestigio y, en tono de frío legalismo, obligan a Jesús a
mostrar sus credenciales. Es decir, Jesús debía declarar públicamente
quién cree ser, dando razón de su actuación tan decidida en el
templo. Señor Jesús, que sepamos siempre acoger tus palabras y
aprender de tu comportamiento. Que nuestro culto sea siempre en espíritu y en
verdad.
DOMINGO, 31 DE JUNIO DE 2026. San Juan (3,16-18)
SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD
Hoy es domingo, el día del Señor. Celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad. La Palabra de
Dios incide en mostrarnos que nuestro Dios nos ama apasionadamente. La primera
lectura (Ex.34,4b-6.8-9) nos presenta de madrugada a Moisés subiendo al monte
Sinaí. El Señor se lo había mandado. Allí se produjo el encuentro del Señor con
Moisés. Este pronunció el nombre del Señor que pasó ante Moisés diciendo:
"Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en
clemencia y lealtad. Moisés, al momento, se inclinó y se echó por tierra. Y le
dijo: Si he obtenido tu favor, que mi Señor vaya con nosotros, aunque es un
pueblo de cerviz dura; perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad
tuya". El Señor se revela ante Moisés, proclamando su nombre, su ser y su
actividad: justo y paciente. Su castigo es limitado, su misericordia infinita;
fiel y solidario con cuantos le necesitan; el que ama a sus criaturas y siempre
está cerca. El Señor no sólo accede a cuanto le pide Moisés, sino que le
propone algo único y radical; la renovación del pacto. En el encuentro con
Nicodemo, Jesús nos ofrece esta fotografía del Padre: "Tanto amó Dios al
mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen
en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para
juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él". Jesús en persona
es el don del amor de Dios a la humanidad. El designio amoroso de Dios no
discrimina; ofrece la vida a todos sin excepción. Quien no la obtenga es porque
rechaza su oferta, negando la adhesión a Jesús. Dios envió a su Hijo para
salvar al mundo. El Hijo lleva a cabo el designio del Padre, entregando su vida
por nosotros en la cruz. El Apóstol, dirigiéndose a los fieles de Corinto
(IICor.13,11-13), ya nos presenta a las tres Personas divinas con estas
palabras: "La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión
del Espíritu Santo esté siempre con todos vosotros". Nuestro Dios es
una familia que ama entrañablemente a la familia humana. Las tres Personas
divinas quieren acompañarnos en el camino de nuestra vida. Hemos de recibirlas
en nuestro corazón, como compañeras y patronas de nuestra existencia. En este
día oramos de un modo especial por los monjes y monjas de vida contemplativa
que oran por nosotros en sus conventos.

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