DOMINGO,
11 DE ENERO DE 2026. San Mateo (3,13-17)
BAUTISMO DEL SEÑOR
Hoy celebramos la
fiesta del Bautismo del Señor. El domingo después del seis de enero se celebra
esta fiesta. Es la celebración de la 'Epifanía' en su Bautismo que da comienzo
a su vida pública. Con esta fiesta concluye el tiempo de Navidad, a lo largo del
cual hemos proclamado nuestra fe en la Natividad del Hijo de Dios. La Palabra
de Dios correspondiente a este domingo, nos sitúa esta fiesta del Señor. La
primera lectura (Is.42,1-4.6-7) anuncia que sobre el siervo de Dios viene el
Espíritu para que traiga el derecho a las naciones. Este siervo es el elegido,
el preferido por Dios. La misión de este siervo es un adelanto de lo que más
tarde llevó a plenitud el Hijo de Dios. A esta primera lectura contesta el
Salmo responsorial (28) con el siguiente estribillo: "El Señor bendice a
su pueblo con la paz". En la segunda lectura (Hech.10,34-38) se confirma
que Jesús nazareno, "ungido por Dios con la fuerza del Espíritu
Santo...pasó por el mundo haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo;
porque Dios estaba con él". El autor de este libro resume en pocas
palabras toda la vida del Señor Jesús. Por su parte, el evangelio presenta a
Juan Bautista intentando disuadir a Jesús de ser bautizado por él, pero Jesús
le responde que conviene "cumplir así todo lo que Dios quiere". Y
después de bautizarse Jesús, "se abrió el cielo y vio que el Espíritu de
Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él". Y una voz del cielo
decía: "Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto". En el acontecimiento
del Bautismo de Jesús se produce una verdadera manifestación de la familia
divina: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Después de su Bautismo, Jesús da
comienzo a su vida pública, ungido y poseído por el Espíritu Santo. No hay que
olvidar también que, a partir del bautismo de Jesús, se nos descubre el
misterio de nuestro bautismo en el que nos sumergimos en el misterio pascual de
Cristo, nacemos del agua y de la virtud del Espíritu Santo.
LUNES,
12 DE ENERO DE 2026. San Marcos (1,14-20)
LLAMAMIENTO DE LOS PRIMEROS DISCÍPULOS
Ayer domingo
celebrábamos la fiesta del Bautismo del Señor con la cual terminábamos el
tiempo litúrgico de Navidad. Hoy comenzamos el tiempo ordinario. El Evangelio
de hoy comienza con un breve resumen de la predicación de Jesús. A continuación
nos habla del llamamiento de los primeros discípulos. En efecto, "cuando
arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios.
Decía: Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed
en el Evangelio". Por orden de Herodes Juan el Bautista se halla
arrestado. Entonces Jesús se marchó a Galilea para allí proclamar el Evangelio;
es decir, la Buena Nueva procedente de Dios. En el plan salvífico de Dios el
tiempo es determinado. Cuando Jesús anunciaba el reino de Dios, esta expresión
despertaba, sin duda, en el pueblo judío, acostumbrado a la lectura de la
Palabra de Dios, una realidad concreta. El pueblo judío aguardaba la llegada
del Reino. Mientras Juan Bautista en su profecía anuncia un futuro; Jesús
anuncia ya lo que ha sucedido. Con su llegada, el Reino se hace presente. Ante
la llegada del Reino, Jesús hace una llamada apremiante a la conversión y a la
fe en el Evangelio. A continuación el evangelista nos narra la vocación de los
primeros discípulos: "Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su
hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús
les dijo: Venid conmigo y os haré pescadores de hombres. Inmediatamente dejaron
las redes y lo siguieron...". El relato se refiere a la vocación de cuatro
discípulos: Simón y Andrés, Santiago y Juan. Jesús los llama en plena faena de
pescadores. Los cuatro aceptan la llamada y siguen a Jesús. Señor Jesús, al
escuchar nuestro nombre en tu boca, haz que te sigamos y nos incorporemos a tu
misma misión de anunciar el Evangelio.
MARTES,
13 DE ENERO DE 2026. San Marcos (1,21-28)
SE QUEDARON ASOMBRADOS DE SU DOCTRINA
Una vez más, el
evangelista nos presenta a Jesús enseñando un sábado en la sinagoga. Los que le
escuchaban en la sinagoga de Cafarnaún, "se quedaron asombrados de su
doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad". En
tiempos de Jesús aun las ciudades pequeñas y las aldeas tenían sus sinagogas,
donde se reunían las gentes para la adoración y la oración y la lectura y
explicación de la ley y los profetas. Los oyentes de Jesús estaban admirados,
porque hablaba con autoridad. Perciben en Jesús una interna seguridad de
verdad. La autoridad es verdad y es de carácter profético. Se refiere también a
la misma enseñanza. Los rabinos eran simples expositores de la Escritura y
dependían de ella. Jesús, en cambio, poseía autoridad propia. Además, la gente
constataba la sencillez y diafanidad de Jesús frente al escolasticismo de los
rabinos. Aquel día estaba presente en la sinagoga un hombre poseído por un
espíritu inmundo que se puso a gritar: "¿Qué quieres de nosotros, Jesús
Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.
Jesús lo increpó: Cállate y sal de él. El espíritu inmundo lo retorció y, dando
un grito muy fuerte, salió. Todos se preguntaron estupefactos: ¿Qué es esto?
Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y
le obedecen". Aquel espíritu inmundo habla por medio del poseso. Conoce la
identidad de Jesús. Sabe que es el Santo de Dios. Acierta cuando le pregunta a
Jesús si ha venido a acabar con ellos. Jesús viene realmente para liberarnos de
toda clase de esclavitud. Él no quiere que el hombre esté esclavizado. Nos
quiere a todos libres.
MIERCOLES,
14 DE ENERO DE 2026. San Marcos (1,29-39)
SE ACERCÓ, LA
COGIÓ DE LA MANO Y LA LEVANTÓ
Al abandonar la sinagoga, Jesús se encamina con Santiago
y Juan a la casa de Simón y Andrés. La suegra de Pedro estaba en cama con
fiebre. Le informan a Jesús que "se acercó, la
cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a
servirles". Posiblemente el evangelista San Marcos tuvo noticia de esta
curación a través del mismo Pedro, pues se trata de una escena muy familiar.
"Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y
endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos
enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo
conocían, no les permitía hablar". Una vez más, Jesús aparece en esta
escena como el gran sanador. Se detiene ante toda enfermedad y dolencia. Jesús
no solo predica las bondades del Reino de Dios, sino que realiza obras de
curación. Tiene su importancia el hecho de que Jesús no permitía hablar a los
demonios, puesto que le conocían. Nos encontramos aquí, como en otros textos,
con el llamado secreto mesiánico. Después de curar a la gente enferma, Jesús
"se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a
orar". Otra instantánea del mismo relato evangélico. La razón de retirarse
a un lugar solitario es, como en otras ocasiones, la oración lejos del tumulto.
Jesús es realmente una persona orante. No se deja atrapar por el activismo. Una
lección que no debe pasarnos desapercibida. Jesús aparece también como un predicador
itinerante, pues dice a sus discípulos: "Vámonos a otra parte, a las
aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido".
Jesús ha salido del seno del Padre, asumió nuestra naturaleza humana y puso su
tienda entre nosotros, para anunciar por doquier la llegada del Reino.
JUEVES,
15 DE ENERO DE 2026. San Marcos (1,40-45)
SI QUIERES, PUEDES LIMPIARME
Por aquel entonces,
"se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: Si quieres, puedes limpiarme. Sintiendo lástima,
extendió la mano y lo tocó, diciendo: Quiero, queda limpio. La lepra se le
quitó inmediatamente, y quedó limpio". El evangelista nos relata en el
evangelio correspondiente a la Eucaristía de hoy la curación de un leproso.
Este se acerca a Jesús y le suplica la curación. Jesús, sintiendo lástima, le
cura. Al despedirlo, le encarga enérgicamente: "No se lo digas a nadie;
pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu
purificación lo que mandó Moisés. Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el
hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar
abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así
acudían a él de todas partes". Jesús recuerda al leproso los requisitos
que tenía que cumplir, tal como aparecen en el libro del Levítico
(Lev.14,1-32). El mandato de no decirlo a nadie es otro ejemplo de las
imposiciones de secreto en los milagros, propio del evangelio según san Marcos.
A Jesús le convenía proceder con prudencia y no suscitar manifestaciones
populares que obstaculizasen le desarrollo previsto de su ministerio. Ante la
alegría de verse curado, es explicable el gozo profundo del leproso. Por eso
desobedece el mandato de Jesús y da a conocer el milagro. Jesús manifiesta la
presencia del Reino integrando, curando, calmando, aliviando, remediando...Esto
que realizó Jesús, debe formar parte de la misión de cada uno de nosotros, pues
somos sus seguidores.
VIERNES,
16 DE ENERO DE 2026. San Marcos (2,1-12)
HIJO, TUS PECADOS QUEDAN PERDONADOS
Después de unos días, vuelve Jesús a Cafarnaún. La gente se entera que
está en casa y acuden en masa y "él les proponía la palabra. Llegaron
cuatro llevando a un paralítico y, como no podían meterlo, por el gentío,
levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y
descolgaron la camilla con el paralítico". Esto tiene lugar en Cafarnaún,
adonde Jesús viene de nuevo. La casa donde para Jesús es la de Pedro. La
palabra que les predica equivale, en el lenguaje de la Iglesia primitiva, al
Evangelio. La viveza de la descripción
sugiere dependencia de un testigo ocular, tal vez sea el mismo Pedro. En la
escena del traslado del paralítico queda patente el aprecio de los camilleros
hacia el enfermo que estaba paralítico. "Viendo Jesús la fe que tenían, le
dijo al paralítico: Hijo, tus pecados quedan perdonados.
Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros: ¿Por qué
habla este así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, fuera de Dios? Jesús
se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo: ¿Por qué pensáis eso?...Entonces
le dijo al paralítico: Contigo hablo: Levántate, coge tu camilla y vete a tu
casa. Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de
todos". Jesús sana del todo al paralítico. Comienza perdonándole los
pecados. Además, del éxito visible de la curación resulta evidente que las
palabras de la remisión de los pecados no son una blasfemia. Más todavía, el
perdón de los pecados es el don mesiánico por excelencia. El pecado es la esclavitud
más honda, la fuente de toda esclavitud. El encuentro con Jesús supuso para
aquel paralítico la oportunidad para caminar por la senda de la libertad
externa e interna.
SABADO,
17 DE ENERO DE 2026. San Marcos (2,13-17)
LE DIJO: SÍGUEME
Jesús sale de nuevo
hacia la orilla del lago. Acude mucha gente a escucharle y él les enseña.
"Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos,
y le dijo: Sígueme. Se levantó y lo siguió".
El evangelista, después de relatarnos antes la vocación de los cuatro primeros
discípulos, nos cuenta en el Evangelio de hoy la vocación de Leví. Al pasar a
la orilla del lago se fija en Leví que está sentado al mostrador de los
impuestos. Le llama y Leví se levanta y le sigue. "Estando Jesús a la mesa
en su casa, de entre los muchos que lo seguían un grupo de publicanos y
pecadores se sentaron con Jesús y sus discípulos. Algunos escribas fariseos, al
ver que comía con publicanos y pecadores, les dijeron a sus discípulos: ¡De
modo que come con publicanos y pecadores! Jesús lo oyó y les dijo: No necesitan
médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a
los pecadores". Leví invita a comer a Jesús. Dada la mala fama que tenían
los recaudadores de tributos, se puede suponer el juicio que se formarían los
fariseos al ver que Jesús llamaba a Leví, recaudador de tributos, a su
discipulado. Algunos escribas fariseos se escandalizan ante los discípulos de
Jesús del comportamiento de éste que llama a Leví y come con publicanos y
pecadores. Entonces Jesús les recuerda que son los enfermos y no los sanos los
que tienen necesidad de médico. Jesús llama a Leví, porque quiere hacer de él
un verdadero discípulo. En principio, Jesús no excluye a nadie de la llamada,
por eso crítica la actitud exclusivista de los escribas y fariseos.
DOMINGO
18 DE ENERO DE 2026. San Juan (1,29-34)
AQUÍ ESTOY, SEÑOR, PARA HACER TU VOLUNTAD
Hoy es domingo, el día
del Señor. Desde diversos ángulos, la Palabra de este domingo nos acerca a la
persona de Jesucristo. En la primera lectura (Is.49,3.5-6) se recogen algunos
versos del segundo poema del siervo del Señor. Este segundo canto vuelve a
insistir en la vocación, investidura y misión del siervo, concebida como
encargo para restablecer las tribus de Jacob y convertir a los supervivientes
de Israel. Para ser luz de las naciones y llevar la salvación hasta el confín
de la tierra. Más tarde el mismo Señor Jesús se manifiesta como luz del mundo
(cfr. Jn.8,12). Con el Salmo 39, contestamos a esta primera lectura. En el
estribillo recordamos estas palabras que definen la actitud de Jesús hacia su
Padre: "Aquí estoy, Señor, para hacer tu
voluntad". En el Evangelio (Jn.1,29-34) se recoge el testimonio
central de Juan Bautista sobre Jesús. Al no señalarse auditorio, su testimonio
es perenne, dirigido a los hombres de todos los tiempos y con eco permanente en
la comunidad cristiana. El Bautista presenta al Mesías con estas palabras:
"Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Este es aquel
de quien yo dije: Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque
existía antes que yo...He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una
paloma, y se posó sobre él...Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que este
es el Hijo de Dios". Ciertamente es un testimonio que refleja la identidad
del Mesías, descrito como Cordero de Dios, sobre el que baja el Espíritu y que
es el Hijo de Dios. Hemos de abrirnos al Espíritu, para conocer cada vez más a
fondo al Señor Jesús, como le conoció San Pablo, su apóstol (ICor.1,1-3).
LUNES,
19 DE ENERO DE 2026. San Marcos (2,18-22)
A VINO NUEVO, ODRES NUEVOS
El Evangelio de hoy
comienza con una pequeña narración en que los discípulos de Jesús son
censurados por no ayunar como los discípulos de Juan y los fariseos. Jesús
responde con esta breve parábola: "¿Es que pueden ayunar los amigos del
novio, mientras el novio está con ellos? Mientras tienen al novio con ellos, no
pueden ayunar. Llegará un día en que se lleven al novio; aquel día sí
ayunarán". La aplicación es obvia. Los discípulos de Jesús están en una
situación de gozo porque ha llegado el reino. En el lenguaje bíblico, la boda
es el símbolo del día de la salvación. Las bodas del Cordero han llegado. No
hay razón para pedirles a los discípulos de Jesús que ayunen, como no la habría
para exigírselo a los invitados de boda mientras duran las fiestas.
Seguidamente Jesús, expone las parábolas de los remiendos y el vino nuevo con
estas palabras: "Nadie le echa un remiendo de paño sin remojar a un manto
pasado; porque la pieza tira del manto, lo nuevo de los viejo y deja un roto
peor. Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque revienta los odres, y se
pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos".
El motivo común de las dos parábolas es lo necio que resulta fundir lo viejo en
lo nuevo. La persona y la misión de Jesús no debe ser considerada como un
intento de reforma del judaísmo. Jesús es portador de novedad y de
autenticidad. Es hora de pasar página y estrenar odres nuevos para el vino del
Evangelio, que revientan con su fuerza las caducas maneras del Antiguo
Testamento. La ley y los profetas fueron hasta Juan; desde este momento, el
Reino de Dios se hace presente en Jesús.
MARTES,
20 DE ENERO DE 2026. San Marcos (2,23-28)
EL HIJO DEL HOMBRE ES SEÑOR TAMBIÉN DEL SÁBADO
El Evangelio de hoy nos
presenta a Jesús que un sábado atravesaba un sembrado. "Mientras andaban,
los discípulos iban arrancando espigas. Los fariseos le dijeron: Oye, ¿por qué
hacen en sábado lo que no está permitido? Él les respondió: ¿No habéis leído
nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre?
Entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los
panes presentados, que solo pueden comer los sacerdotes, y les dio a sus compañeros".
El incidente de que nos habla el relato evangélico debió ocurrir en el mes de
abril, en que los granos están ya suficientemente maduros para poder comerlos.
Es necesario advertir que la infracción de la ley no consistió en el acto mismo
de desgranar, que está permitido (cfr. Dt.23,24-25), sino en que era
considerado como recolección en sábado (cfr.Ex.34,21). El incidente al que
alude Jesús aparece contado en ISam.21,1-6). No ocurrió en los días de Abiatar,
sino del padre de Abiatar, Abimelec. El evangelista no ha dado importancia a la
circunstancia y tiene en cuenta solo la esencia del ejemplo. Para recalcar más
su argumentación, Jesús añadió: "El sábado se hizo para el hombre y no el
hombre para el sábado; así que el Hijo del Hombre es
señor también del sábado". A veces nos encontramos con personas que
ejercitan la habilidad de cambiar el sentido de las cosas, de trastocar su
significado inicial o simplemente de hacer complicado lo sencillo. En su vida
pública, Jesús con sus palabras y su actuación conduce los diferentes asuntos a
su sentido originario. En efecto, Dios ha regalado a los hombres el sábado para
que en este día puedan descansar de su trabajo y participar en la paz de Dios.
Desde esta perspectiva, se justifica coger espigas para saciar el hambre,
aunque sea sábado.
MIERCOLES,
21 DE ENERO DE 2026. San Marcos
(3,1-6)
HABÍA ALLÍ UN HOMBRE CON PARÁLISIS EN UN BRAZO
Jesús aprovecha los
sábados para entrar en la sinagoga. En uno de los sábados "había allí un
hombre con parálisis en un brazo. Estaban al acecho, para ver si curaba en
sábado y acusarlo". Jesús es espiado por sus enemigos. Están al acecho,
observando si cura en sábado y así poder acusarlo. Al pobre hombre con
parálisis en un brazo todo se le vuelven dificultades, para alcanzar la
curación. Ante los diversas dificultades, Jesús no se detiene. Tiene claro que
lo más importante es hacer el bien. Por eso "dijo al que tenía la
parálisis: levántate y ponte ahí en medio. Y a ellos les preguntó: ¿Qué está
permitido en sábado? ¿hacer lo bueno o lo malo? Salvarle la vida a un hombre o
dejarlo morir? Se quedaron callados. Echando en torno una mirada de ira, y
dolido de su obstinación, le dijo al hombre: Extiende el brazo. lo extendió y
quedó restablecido. En cuanto salieron de la sinagoga, los fariseos se pusieron
planear con los herodianos el modo de acabar con él". Las preguntas que
Jesús hace a los que le están expiando se centran en lo fundamental. Se
refieren a lo que está en primer lugar: hacer el bien y poner la dignidad de la
persona por encima del cumplimiento de la ley del sábado. Obrar de este modo le
va costar diversas amenazas de muerte. A pesar de los inconvenientes, nada
impide a Jesús realizar el bien e integrar nuevamente al enfermo excluido.
Señor Jesús, aliéntanos en el camino del bien. Que la caridad con los más
necesitados informe por dentro toda nuestra existencia terrena. De este modo
seremos tus discípulos en el arte de amar y de sanar.
JUEVES,
22 DE ENERO DE 2026. San Marcos (3,7-12)
TÚ ERES EL HIJO DE DIOS
Jesús se retira de las
ciudades y sinagogas para continuar su ministerio. Le sigue una muchedumbre de
Galilea. Pero "al enterarse de las cosas que hacía, acudía mucha gente de
Judea, de Jerusalén y de Idumea, de la Transjordania, de las cercanías de Tiro
y Sidón. En cargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una lancha, no lo
fuera a estrujar el gentío". Entre las regiones de donde venían a Jesús no
se nombra a Samaria. De allí no acudían tal vez por las malas relaciones con
los hebreos. Las palabras y, sobre todo, las acciones de Jesús provocan que de
todos los lugares deseen acceder a su persona. Jesús es conocido cada vez más.
Su fama se va extendiendo por diversos lugares. De ahí que todo lo que realiza
tiene un eco importante. Más todavía, "como había curado a muchos, todos
los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo. Cuando lo veían,
hasta los espíritus inmundos se postraban ante él, gritando: Tú eres el Hijo de Dios. Pero él les prohibía
severamente que lo diesen a conocer". Durante su vida pública, Jesús se va
manifestando como el Sanador de toda enfermedad y dolencia. Esta realidad no
pasa desapercibida. Mucha gente acude a él en busca de la salud. El evangelista
nos dice que los espíritus inmundos conocen la verdadera identidad de Jesús. Le
reconocen como el 'Hijo de Dios'. Por su parte, Jesús no quiere fomentar este
tipo de declaraciones y testimonios sospechosos, motivados por la admiración
hacia sus curaciones, más que por la relación con su persona. Desde esta
perspectiva del secreto mesiánico, Jesús nos muestra el camino de la fe como el
adecuado para conocerlo. Los que le sigan le irán descubriendo y respondiendo a
la pregunta sobre su identidad. Por la senda de la fe iremos acercándonos cada
día más a la persona y a la obra del Señor Jesús.
VIERNES,
23 DE ENERO DE 2026. San Marcos (3,13-19)
FUE LLAMANDO A LOS QUE ÉL QUISO
Casi al inicio de su
vida pública, Jesús llama a sus discípulos. En efecto, "Jesús mientras
subía a la montaña fue llamando a los que él quiso,
y se fueron con él. A doce los hizo sus compañeros, para enviarlos a predicar,
con poder para expulsar los demonios. Así constituyó el grupo de los Doce:
Simón, a quien dio el sobrenombre de Pedro, Santiago el de Zebedeo y su hermano
Juan, a quienes dio el sobrenombre de Boanerges -Los Truenos-, Andrés, Felipe,
Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Simón el Celotes y Judas
Iscariote, que lo entregó". Jesús desea rodearse de un círculo estrecho de
discípulos, a los que irá formando lentamente dándoles a conocer el misterio
del Reino. Nada puede esperar de la turba versátil, a pesar de sus entusiasmos
ocasionales. El relato que nos ofrece San Marcos carece de detalle vivo, que
sugiera el empleo de reminiscencias de un testigo ocular. La narración, pues,
parece haber sido construida a base de una tradición existente. El monte no
está determinado. Se supone que se trata de la zona montañosa que rodea al lago
de Genesaret. San Lucas añade en este sentido que Jesús subió al monte y pasó
en oración toda la noche. Jesús toma la iniciativa y llama a un grupo de doce,
el número de las tribus de Israel, para conformar el liderazgo del nuevo Pueblo
de Dios, la Iglesia. La finalidad de la elección es doble: que estén en su
compañía y enviarlos después a predicar y tener potestad para arrojar demonios.
A los doce apóstoles les corresponde la misma misión que a Jesús: Anunciar el
Reino de Dios, arrojar los demonios y curar a los enfermos. Por el sacramento
del Bautismo entramos a formar parte de la Iglesia y desde entonces somos
llamados a ser discípulos de Cristo, es decir cristianos. Señor Jesús, gracias
por llamarnos a ser de tu familia cristiana.
SÁBADO,
24 DE ENERO DE 2026. San Marcos
(3,20-21)
TIENE DENTRO A
BELZEBÚ
Por aquel entonces, "Jesús llegó a casa con sus discípulos y de
nuevo se juntó tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse su
familia, vinieron a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí. Y los
escribas que habían bajado de Jerusalén decían: Tiene dentro a Belzebú y
expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios". En los
primeros momentos de la vida pública de Jesús acudía mucha gente para
escucharle y también para que los enfermos recibieran la salud. Sin embargo, la
forma de hablar y de actuar de Jesús resultó desconcertante para sus
contemporáneos. Su comportamiento en general no respondía a las pautas
habituales de entonces. El evangelista describe una situación dura para Jesús.
Los parientes en lo humano de Jesús representan los intereses de quienes
podríamos llamar la 'gente normal' de todos los tiempos. Han interiorizado la
ideología de los escribas hasta tal punto que se limitan a vivir de acuerdo con
las pautas de comportamiento habituales. Ven en Jesús un miembro del clan que
está poniendo en peligro el buen nombre de la familia, a causa de una conducta
muy chocante para su mentalidad. Se sienten responsables y obran en
consecuencia, de acuerdo con el derecho y la obligación que les reconoce la
sociedad en que viven. El reproche que dirigen a Jesús no puede ser más
elocuente: es un enfermo. Vienen a llevárselo, porque decían que estaba fuera
de sí. Jesús no es culpable, porque es un loco. Lo normal en estos casos es
actuar con rapidez y evitar, aunque sea por la fuerza, que el pobre desdichado
siga causando más daño a sí mismo y al clan al que pertenece. La reacción de
los escribas es más sutil: También ellos realizan su lectura crítica. Pero sus
intereses son más complejos. Señor Jesús, tú no eres un loco. Eres realmente el
rostro visible de la misericordia del Padre para cada uno de nosotros.
DOMINGO,
25 DE ENERO DE 2026. San Mateo (4,12-23)
UNA LUZ LES BRILLÓ
El domingo es un día
especial para los cristianos. Es el día del Señor. En él actualizamos de un
modo especial el misterio de la resurrección del Señor Jesús. En Jesús se
cumple la profecía recogida en el libro de Is.9,1-4. Así nos la hace saber el
Evangelio de la Eucaristía, cuando nos dice: "Al enterarse Jesús de que
habían arrestado a Juan, se retiró a Galilea. Dejando Nazaret, se estableció en
Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió
lo que había dicho el profeta Isaías: País de Zabulón y país de Neftalí, camino
del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que
habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y
sombras de muerte, una luz les brilló". El
evangelista ve en la persona y en el ministerio de Jesús, el cumplimiento de
esta profecía. Una luz brilló para aquellos pueblos. Después de veinte siglos,
podemos afirmar con toda verdad que Jesús es la luz del mundo que alumbra a
todo hombre. Las palabras de Jesús son como una lámpara que alumbra el camino
del hombre. Es necesario abrirnos a esta luz, para ser liberados de la
esclavitud de las tinieblas y de la sombra de muerte. "Entonces comenzó
Jesús a predicar diciendo: Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos".
Jesús comienza su predicación con una primera palabra: 'Convertíos'. Es una
palabra necesaria para comenzar y permanecer en la fe cristiana. De nada sirven
todas las programaciones, todas las estructuras eclesiales, si cada cristiano
no vive una permanente actitud de conversión. En varias ocasiones Jesús realiza
esta llamada a la conversión. Seguidamente, Jesús llama a los primeros
discípulos, que dejándolo todo le siguieron. Ellos abrieron su corazón a luz de
Cristo. La luz, que es Jesucristo en persona, no es una realidad fría. Es la
luz del amor de Jesús que sana y cura por dentro. Señor Jesús, despierta en
cada uno de nosotros la luz de la coherencia con la vocación que hemos
recibido.
LUNES,
26 DE ENERO DE 2026. San Marcos (3,22-30)
UNA FAMILIA DIVIDIDA NO PUEDE SUBSISTIR
Los escribas critican
la actuación de Jesús con estas palabras: "Tiene dentro a Belzebú y
expulsa los demonios con el poder del jefe de los demonios. Él los invitó a
acercarse y les puso estas parábolas: ¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un
reino en guerra civil no puede subsistir; una familia
dividida no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para
hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en
casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata;
entonces podrá arramblar con la casa". Las relaciones de los escribas y
fariseos con Jesús se van deteriorando cada vez más. Los escribas son enviados
de Jerusalén para observar la conducta de Jesús, que comenzaba a llamar la
atención y a preocupar a las autoridades religiosas. Tachan a Jesús de
endemoniado. Tiene dentro de sí al jefe de los demonios. Con la fuerza de éste
echa los demonios. Ante tal reproche, Jesús les invita a acercarse. Jesús desea
que comprendan su actuación, que se den cuenta que están en el error. Para
ello, Jesús recurre a varias comparaciones. En ellas se muestra el significado
de las diversas narraciones de exorcismos. Se trata de una lucha entre el
Espíritu, que obra en Jesús, y Satán. He aquí la lucha que aparece en el
Protoevangelio (Gén.3,15). Sus exorcismos ponen de manifiesto que ha penetrado
en la casa del fuerte, que le ha atado y que le ha robado todos sus bienes. A
continuación, Jesús les dijo: "Creedme, todo se le podrá perdonar a los
hombres: los pecados, y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme
contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para
siempre. Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu
inmundo". Durísima declaración de Jesús. ¿Cuál es este pecado tan grave?
Es la cerrazón ante el mensaje de Jesús, sabiendo que viene de Él y no querer
aceptar la verdad. Es no aceptar la salvación que Dios nos ofrece. Es dar
conscientemente una interpretación errónea a palabras y acontecimientos santos
y confundirlos con el mal.
MARTES,
27 DE ENERO DE 2026. San Marcos (3,31-35)
¿QUIÉNES SON MI MADRE Y MIS HERMANOS?
El evangelista nos
habla así del verdadero parentesco con Jesús: "Llegaron la madre y los
hermanos de Jesús y desde fuera lo mandaron llamar. La gente que tenía sentada
alrededor le dijo: Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan. Les
contestó: ¿Quiénes son mi madre y mis hermanos? Y,
paseando la mirada por el corro, dijo: Estos son mi madre y mis hermanos. El
que cumple la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi
madre". La ausencia de alusión a José aquí y en Mc.6,3 es generalmente
explicada por la suposición de que había ya fallecido. En las palabras de
Jesús, ¿se puede ver un juicio desfavorable de su familia? No precisamente,
sino que sienta el principio de un parentesco a otro nivel más espiritual. El
sentido de la expresión consiste en situar la obediencia a Dios como superior a
todo el parentesco carnal. La voluntad de Dios ha de estar siempre en primer
lugar. Cada uno de nosotros conformamos la familia de Jesús, si estamos prontos
a vivir las exigencias del mensaje evangélico. Más todavía, si en una comunidad
cristiana se vive desde el deseo de la búsqueda de la voluntad de Dios, las
personas ajenas a dicha comunidad suelen percibir algo especial en ese grupo.
Decían de los primeros cristianos: ¡Mirad cómo se aman! A veces compartir la fe
de forma intensa y comprometida nos abre a unos lazos nuevos con personas que
no son de nuestra sangre y con las que, sin embargo, compartimos en profundidad
nuestra existencia. Es, por tanto, la fidelidad en el cumplimiento de la
voluntad de Dios lo que posibilita unos lazos profundos dentro de la familia
cristiana. Desde esta perspectiva, las palabras de Jesús resultan
verdaderamente proféticas.
MIERCOLES,
28 DE ENERO DE 2026. San Marcos (4,1-20)
SALIÓ EL SEMBRADOR A SEMBRAR
En aquel tiempo, "Jesús se
puso a enseñar otra vez junto al lago. Acudió un gentío tan enorme que tuvo que
subirse a una barca; se sentó y el gentío se quedó en la orilla. Les enseñó
mucho rato en parábolas, como él solía enseñar: Escuchad: salió el sembrador a
sembrar; al sembrar, algo cayó al borde del camino, vinieron los pájaros y se
lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra;
como la tierra no era profunda, brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol,
se abrasó y, por falta de raíz, se secó. Otro poco cayó entre zarzas; las
zarzas crecieron, lo ahogaron y no dio grano. El resto cayó en tierra buena;
nació, creció y dio grano; y la cosecha fue del treinta o del sesenta o del
ciento por uno. Y añadió: El que oídos para oír que oiga (...). Al comienzo del
relato, el evangelista plantea el tema que se dispone a tratar. Dos realidades
que es preciso señalar. La enseñanza es para todos. El discernimiento nace de
la opción libre del hombre, no de una naturaleza supuestamente discriminatoria o elitista del mensaje. El
verbo 'escuchar' que aparece al inicio y al final de la parábola nos indica la
actitud que hemos de tener para acoger el mensaje de Jesús. Para adentrarnos en
el contenido de la parábola, el texto evangélico propone dos principios. La palabra es buena y
eficaz. La prueba está en su capacidad de transformar y liberar, de dar fruto.
El sembrador realiza su labor también hoy, ahora. No hay que atribuir, pues, el
fracaso a la palabra: los hechos negativos no niegan su validez. Por otro lado,
hay que introducir un nuevo factor en el análisis: el terreno. Es decir, la
libertad del oyente. Sin la aceptación voluntaria y libre, la palabra resulta
impotente y no puede hacer nada el sembrador. Son posibles diferentes actitudes
en el seno de la comunidad ante un mismo mensaje. En la parábola Jesús nos
ofrece un mensaje de realismo y de esperanza. El sembrador ha de contar que
parte de su siembra se va a perder. En un mundo tan descristianizado como el
nuestro, es necesario seguir sembrando, aunque sean escasos los frutos.
JUEVES,
29 DE ENERO 2026. San Marcos (4,21-25)
EL QUE TENGA OÍDOS PARA OÍR QUE OIGA
Dirigiéndose a la
muchedumbre, Jesús le dijo: "¿Se trae el candil para meterlo debajo del
celemín o debajo de la cama, o para ponerlo en el candelero? Si se esconde
algo, es para que se descubra; si algo se hace a ocultas, es para que salga a
luz. El que tenga oídos para oír que oiga. Les dijo también: Atención a lo que
estáis oyendo: la medida que uséis la usarán con vosotros, y con creces. Porque
al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que
tiene". Ante su Palabra, Jesús nos recuerda la importancia decisiva de la
escucha atenta. Sin ella, la semilla de la Palabra no puede fructificar en
nosotros. Comienza Jesús hablándonos de la lámpara y el celemín. Si el Reino es
ahora como luz oculta para los de afuera, no ha de permanecer siempre así, sino
que la intención de Dios es que se revele hacia el mundo, como la lámpara sobre
el candelero. Hemos recibido la luz de la fe en el sacramento del Bautismo. Ya
como cristianos creemos que la Palabra es como una lámpara que alumbra los
pasos de nuestra vida. Hemos de vivir como hijos de la luz. En nuestra
existencia concreta hemos de trasmitir la luz de la fe con nuestras obras y
palabras. Cuando siendo conscientes de nuestros dones somos incapaces de
ponerlos al servicio del Reino, entonces ocultamos la luz debajo del celemín o
de la cama. Es decir, estamos colaborando con las tinieblas y creamos oscuridad
en nuestro entorno. En una situación de tanta indiferencia religiosa, lejos de
avergonzarnos de la fe cristiana, hemos anunciarla con valentía. No olvidemos
que la medida que usemos la usarán con nosotros. No seamos tacaños, enterrando
los dones que Dios nos regala. Somos llamados a ser generosos, abriendo nuestro
corazón de par en par a las necesidades de los demás.
VIERNES,
30 DE ENERO DE 2026. San Marcos (4,26-34)
EL REINO DE
DIOS SE PARECE A UN HOMBRE QUE ECHA SIMIENTE EN LA TIERRA
Para exponer la naturaleza del Reino de Dios, Jesús, como
excelente pedagogo, utiliza comparaciones muy sencillas. El evangelista le
llama parábolas. En el Evangelio de hoy se recogen dos parábolas. En la primera
se dice que: "El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en
la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va
creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola:
primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a
punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega". El reino de Dios es,
por tanto, como una fuerza vital interna que va transformando progresivamente
al individuo y a la sociedad. Existe, pues, un proceso de crecimiento hasta el
momento de la siega. Dios es el que siembra. Esta parábola de la semilla que
crece por sí sola, nos llena de esperanza y de optimismo. Dios es el que da el
crecimiento. En la segunda parábola Jesús nos habla del grano de mostaza. El
reino de Dios se puede comparar a un grano de mostaza: "al sembrarlo en la
tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las
demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y
anidar en ellas". También esta parábola se pone de muy de manifiesto el
hecho del crecimiento, hasta el punto que los pájaros pueden anidar en sus
ramas. Dios nos ofrece a todos la oportunidad de aprovechar lo mejor posible el
tiempo, para que la semilla del Reino de fruto abundante en nuestra existencia.
Es un misterio como la Palabra va produciendo fruto en el corazón del hombre.
Señor Jesús, que seamos fieles a tu gracia, para que vayamos madurando día a
día en nuestra fe.
SABADO,
31 DE ENERO DE 2026. San Marcos (4,35-41)
VAMOS A LA OTRA
ORILLA
Los discípulos de Jesús habían contemplado sus curaciones, y los
milagros. Jesús, como buen Maestro, no quiere que sus discípulos se queden
extasiados en la orilla del éxito. Por eso les dice: "Vamos a la otra orilla. Dejando a la gente, se lo
llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un
fuerte huracán y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua.
Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron, diciéndole:
Maestro, ¿no te importa que nos hundamos? Se puso en pie, increpó al viento y
dijo al lago: ¡Silencio, cállate! El viento cesó y vino una gran calma".
La travesía del lago requería varias horas. Siendo ya tarde cuando partieron,
la tormenta debió de suceder en la noche. La verdadera naturaleza humana de
Jesús aparece en este detalle del sueño que se toma, cansado de un día intenso
de trabajo. Ante la situación tan desesperada, los discípulos, con un tono muy
directo, se dirigen a Jesús, para despertarlo. Jesús se incorpora, increpa al
viento; el viento cesó y sucede una gran calma. Entonces, Jesús les dijo:
"¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe? Se quedaron espantados y
se decían unos a otros: Pero, ¿quién es este? ¡Hasta el viento y las aguas le
obedecen!". Los discípulos habían contemplado el poder de Jesús en otros milagros
y debían por eso no dejarse coger así por el temor estando en compañía de
Jesús. La tradición de la Iglesia ha visto en la barca que surca el lago un
signo de la Iglesia. Ésta ha salido del puerto y lleva muchos siglos surcando
el mar de la historia. En esta situación no siempre el mar es una balsa de
aceite y el viento es favorable. De ello da fe la historia de la Iglesia. ¡Qué
fácil resulta creer cuando todo sale bien! Resulta más difícil cuando sentimos
los soplos de los huracanes en nuestra vida o en las de las personas amigas.
Señor Jesús, aumenta nuestra fe, para descubrir siempre tu presencia dentro de
la braca de la Iglesia.

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