LA CRUZ DESNUDA
Y llamando a sus discípulos les dijo: «El que quiera seguirme que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga» (Mc 8,34)
Me quiero vestir de seguridades. Me quiero poner un manto que me proteja de miradas hostiles. Y quiero llevar un traje de gala que sea como una armadura, para no afrontar los miedos. Me cubriré con la máscara que convenga… Pero tú, Señor, despojado, herido, firme frente a todo y frente a todos, cuando hasta tus ropas se las van a jugar a las cartas, me recuerdas que a veces hay que saber quedar a la intemperie. Sin armas ni riquezas, sin otra herramienta que la verdad y el evangelio. Esta es la hora.
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