"Enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad, mantén mi corazón entero en el temor de tu nombre. Te alabaré de todo corazón, Dios mío, daré gloria a tu Nombre por siempre, por tu gran piedad para conmigo... Tú, Señor, Dios clemente y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad y leal, mírame, ten compasión de mí. Da fuerza a tu siervo, salva al hijo de tu esclava".
(Salmo 85, 11.15).
"Oh Dios, tuyo es el poder, tuyo el perdón, tuya la curación, tuya la liberalidad... Vuélvete a mí, que tiemblo de frío en la prisión sin fondo de mi fosa llena de fango, cargado de las cadenas de mis pecados.
Oh Señor, Tú eres siempre bienhechor, luz en las tinieblas, tesoro de bendición, misericordioso, compasivo, amigo de los hombres...; Tú que haces posible con extrema facilidad lo que es imposible; fuego que devoras las malezas de los pecados, rayo que abrasas y atraviesas el universo en un gran misterio, acuérdate de mí en tu misericordia y no en tus juicios... Líbrame, pecador que soy del viento de mi turbación mortal, para que repose en mí, Señor omnipotente, tu espíritu de paz".
San Gregorio de Narek
Oh Señor, Tú eres siempre bienhechor, luz en las tinieblas, tesoro de bendición, misericordioso, compasivo, amigo de los hombres...; Tú que haces posible con extrema facilidad lo que es imposible; fuego que devoras las malezas de los pecados, rayo que abrasas y atraviesas el universo en un gran misterio, acuérdate de mí en tu misericordia y no en tus juicios... Líbrame, pecador que soy del viento de mi turbación mortal, para que repose en mí, Señor omnipotente, tu espíritu de paz".
San Gregorio de Narek
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