APRENDIENDO A ORAR

"Señor Jesucristo, para enseñarnos lo más elevado de las virtudes, has subido al monte con tus discípulos, les has enseñado las Bienaventuranzas y las virtudes sublimes, prometiéndoles recompensas a la medida de cada uno. Concede a mi fragilidad escuchar tu voz, aplicarme, por su práctica, a adquirir el mérito de las virtudes, a fin de que por tu gran misericordia obtenga la recompensa prometida. Haz que, considerando el salario, no rechace el esfuerzo del trabajo. Haz que la esperanza de la salvación eterna endulce la amargura de la medicina inflamando mi alma con el esplendor de tu obra. Señor, de miserable como soy haz de mí un bienaventurado; por tu gracia, condúceme de la felicidad de aquí abajo a la felicidad de la patria.

Ven, Señor Jesús, a buscar a tu servidor, a buscar a tu oveja errante y extenuada. Ven, Esposo de la Iglesia, a buscar la dracma perdida. Ven, padre de misericordia, a recibir al hijo pródigo que vuelve a Ti. Ven, pues, Señor, porque sólo Tú puedes llamar de nuevo a la oveja que se extravía, encontrar la dracma perdida, reconciliar al hijo fugitivo. ¡Ven a fin de que haya salvación en la tierra y gozo en el cielo! Conviérteme a Ti y condédeme que pueda vivir una verdadera penitencia para que yo sea ocasión de gozo para los ángeles. ¡Dulcísimo Jesús, te lo ruego, por la inmensidad de tu amor hacia mí, pecador, haz que te ame sólo a Ti, por encima de todo, que sólo sea consolado por Ti, mi dulcísimo Dios!"


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