"Si alguno se viene conmigo…”


En el evangelio de este miércoles, Lucas nos presenta tres condiciones para ser seguidor de Jesús, para ser cristiano. Las dos primeras se encuentran al inicio del evangelio. La primera de ellas es anteponer a Dios en nuestra vida ( en los pensamientos, en el corazón, en nuestras acciones…); y la segunda condición es “cargar con la cruz”, “beber el mismo cáliz” que Jesús. Estas condiciones deben cumplirse en el orden que nos expresa Lucas: primero hemos de aceptar a Dios como dueño y Señor de nuestra vida para poder subir a la cruz. No se puede llevar la cruz sin Dios. Dios sale al encuentro de nosotros en aquello que necesitamos; no en aquello que nos gustaría tener o ser… sino que nuestro Dios es Providente en aquello que necesitamos.
El evangelio, además, nos empuja a meditar sobre nuestra vida. A calcular nuestros recursos, nuestras fuerzas para poder administrar los bienes que tenemos. El que no administra su vida y sus bienes de una manera adecuada no está siendo completamente evangélico. La administración de los bienes materiales desde la óptica del evangelio conlleva un compartir con los que no tienes o se encuentra falto de lo necesario.

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