PREPARANDO EL DOMINGO



«De la envidia nacen el odio, la maledicencia, la
calumnia, la alegría causada por el mal del prójimo y la tristeza causada por su prosperidad»
[San Agustín]
         
       ''Uno sólo es vuestro Maestro,… Cristo”
 “Nadie puede servir a dos señores.” No porque él tenga dos: no hay más que un Señor. Porque aunque haya personas que sirven al dinero, éste, de suyo, no posee ningún derecho a ser señor; son ellos mismos los que se cargan con el yugo de la esclavitud. En efecto, no se  trata de un justo poder, sino de una injusta esclavitud. Por eso dice: “Haceos amigos con el dinero mal ganado” para que, a través de nuestra generosidad para con los pobres, alcancemos el favor de los ángeles y de los demás santos.
               
     No se critica al intendente: con ello aprendemos que no somos amos sino intendentes de las riquezas de otros. Aunque haya hecho una falta, es alabado porque, contando con los otros en nombre de su amo, se gana adictos. Y Jesús ha hablado muy bien del “dinero engañoso” porque la avaricia, a través de las variadas seducciones que ofrecen las riquezas, tienta nuestras inclinaciones hasta el punto que queremos ser esclavos de los bienes. Por eso dice: “Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿quién os dará lo vuestro?” Las riquezas nos son extrañas porque están fuera de nuestra naturaleza; no nacen con nosotros, y no nos siguen en la muerte. Cristo, por el contrario, es nuestro porque él es la vida… No seamos, pues, esclavos de los bienes exteriores, porque no debemos reconocer a otro como señor sino sólo a Cristo.
[San Ambrosio (c 340-397), obispo de Milán y maestro de San Agustín, doctor de la Iglesia
Sobre el Evangelio de Lucas, 7, 244s ]
                                       
«La promesa de ver a Dios supera toda felicidad.
En la Escritura, ver es poseer. El que ve a Dios
obtiene todos los bienes que se pueden concebir»
(S. Gregorio de Nisa).
              
               PELÍCULA DE LA SEMANA
                                          
¡¡Que pases un feliz domingo!!

«¿Querríais ver a Dios glorificado por vosotros?
Pues bien, alegraos del progreso de vuestro hermano y con ello Dios será glorificado por vosotros. Dios será alabado –se dirá– porque su siervo
ha sabido vencer la envidia poniendo su alegría en
los méritos de otros»
[(S. Juan Crisóstomo]
                

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