Pidamos a Dios por los inmigrantes fallecidos en la Isla de Lampedusa. Ellos
han sido víctimas de una mundo injusto, que les obligó a experimentar una
aventura mortal. Ya gozan de la presencia del Padre, participando de una vida
plena y feliz, nosotros nos toca ser sal y luz en el mundo, testigos del amor de
Dios por la humanidad y denunciar las enormes injusticias del sistema, que
engrandece a los ricos y debilitan cada vez más a los pobres.

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