Enséñame,
Señor, tus caminos,
pero
no sólo con palabras,
enséñame
desde dentro,
grábalos
con fuego en mis entrañas.
Háblame,
sí, buen Maestro,
en
lo más íntimo del alma,
palabras
vivas y eficaces
que
penetren como espadas.
Enséñame,
Señor, tus caminos
que
no sean sólo enseñanzas,
caminos
que ya fueron vida,
sendas
que ya han sido andadas.
Camino
hecho carne en tu madre,
camino
de fe y esperanza,
camino
alfronbrado en amores,
camino
de entrega y de gracia.
Camino
que fue recorrido
por
peregrinos del alma
y
se descansan gozosos
en tu entrañable morada
| (Adaptación Salmo 24) |
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