“La multitud de los creyentes tenían un alma y un corazón. No llamaban
propia a ninguna de sus posesiones, antes lo tenían todo en común” (Hch 4,32)
“La Iglesia entera de Judea, Galilea y Samaría vivía en paz, se iba
construyendo venerando al Señor y crecía animada por el Espíritu Santo” (Hch
9,31-32)
Enséñame,
Señor, a ser generoso. A pensar en plural. A dar sin regateo ni interés. A vivir
ligero de equipaje.

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