HAZ SILENCIO. HABITA TU CASA
TOMA CONTACTO CON EL LUGAR EN QUE ESTAS
“Para ser feliz no basta con trabajar. Tengo que llevarme bien conmigo mismo”
- Recorre con tu mirada tranquila, serena, cada pequeña cosa.
- Deja que te hable con calma la realidad que te rodea.
- Haz tuyo el lugar.
- Invoca al Espíritu. ¡Ven, Espíritu Santo!
- Acoge este momento de tu vida con paz.
RECUERDA LOS ACONTECIMIENTOS QUE TE HAN MARCADO ÚLTIMAMENTE
- No escondas nada ni te escondas de nadie, “porque El sabe de qué estamos hechos” (Salmo 103,14).
- Olvida rencores, incomprensiones, errores... usa este único secreto: ama. Ámate a ti, ama a tu prójimo, ama la vida.
- Empieza este nuevo día con ilusión y confianza. Tienes en tus manos la posibilidad de cambiarlo todo. ¿Cómo?... Simplemente cambia el cristal con el que has mirado hasta ahora... Mira el lado positivo de las cosas.
- También hoy, lo más probable es que tus responsabilidades, los nuevos desafíos que puedan surgir se concreten en cosas pequeñas, en hechos simples: acoge el milagro de la vida en las pequeñas situaciones, en los gestos cotidianos...
- Así te convencerás y comunicarás que la vida es hermosa, que la vida vale la pena vivirla...
ENTRA EN TU CENTRO
- En el aquí y el ahora de cada instante trata de que se sienta acogido, querido y cuidado tu cuerpo, tu psique y tu espíritu.
- Conoce y acoge tus necesidades básicas: la de amar y ser amado, sentirte útil, y significar para alguien. No olvides que todo ser humano necesita también conocer y crecer en lo bello, lo bueno, lo justo.
- Cultiva la dimensión humana, porque es ahí donde se va a tejer la historia de amistad con Jesús, la Palabra de Dios encarnada.
- Si olvidas o descuidas esta área tan vital de tu existencia estás construyendo tu vida espiritual sobre arena. "¿Qué ganamos con navegar hasta la luna si no somos capaces de cruzar el abismo que nos separa de nosotros mismos?" (Thomas Merton).
- Las necesidades espirituales no son un simple adorno; son auténticos requerimientos humanos. “¿No sería gran ignorancia... que preguntasen a uno quién es, y no se conociese ni supiese quién fue su padre ni su madre ni su tierra? Pues sin comparación es mayor la que hay en nosotros cuando no procuramos saber qué cosa somos” (Santa Teresa).
DESCÚBRETE HABITADO
- Tu interioridad humana no es física, “no estamos huecos por dentro” (Santa Teresa). Tampoco queda configurada por componentes de orden ético y psicológico.
- La persona de Cristo entra a formar parte de tu interioridad de hombre o mujer creyente; el Señor se queda en “quien come mi carne y bebe mi sangre” (Jn 6,57); él está-reside en “quien da mucho fruto” (Jn 15,5); “quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él” (1Jn 4,16).
- Los textos bíblicos iluminan este misterio humano y hablan de corazón “Dichosos los limpios de corazón” Mt 5,8), de morada “¿No sabéis que vuestro cuerpo es santuario del Espíritu?” 1Cor 6,19), de “hombre interior capaz de comprender la anchura y la longitud, la altura y la profundidad del amor” (Ef 3,16-18).
- El Espíritu Santo te enseña a conocerte en verdad (Jn 16,13); te acompaña en la búsqueda de toda verdad y te acerca a Jesús, “el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14,6); Clama en tu interior ¡Abba! (Rom 8,15) y te regala la realidad más profunda de ser de hijo/a de Dios (Rom 8,14).
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