Cuando la vida duele

Copio el título de una antigua entrada, porque la vida duele hoy más que nunca. Duele por la muerte evitable de mi pueblo. Duele por el contagio con el virus Ebola de mi amigo, de mi hermano del alma,Manuel Viejo. Duele por quien llama pidiendo auxilio porque no tiene qué comer y no puede salir de casa. Son tantas las razones en este momento para el dolor que sueño con la “amanecida” que cantaba Jorge Debravo con toda mi alma, con toda mi mente, con todas mis fuerzas… Tengo unas ganas locas de salir corriendo de este infierno, pero me quedo clavado con los ojos húmedos y la esperanza de que esto también pasara. Poquito a poco solo nos queda eso, la esperanza.
El Papa Francisco preguntaba a los sacerdotes, ¿lloráis? ¿Cuándo fue la última vez que llorasteis?Nos recuerda constantemente que el único testimonio válido es la cercanía y la compasión. Si no estamos cerca, ¿cómo conocer las angustias, el dolor de nuestro pueblo? La compasión en la distancia no sirve de nada. Con frecuencia uno escucha, cómo me encantaría estar allí, pero novienen.Como tampoco sirven los “planes maravillosos” que nunca se encarnan y que simplemente adornan nuestras salas sujetados a la pared con un alfiler. Se nos llena la boca de palabras hermosas, pero dejamos que el corazón se vaya alejando poquito a poco del compromiso solidario con los pobres. Y llega a preocuparnos más que no falte el agua bendita que el arroz. Ser misericordioso significa tener el corazón, y las manos, cerca de la miseria. Porque misericordioso viene del latínmiser-miseris (miseria) y cor-cordis (corazón). Por supuesto que con un corazón misericordioso no podré resucitar al hijo de la viuda, no tengo el poder curativo de Jesús, pero seguramente podré facilitarle un doctor que le atienda gratuitamente y medicinas que le alivien. Eso implica que mis ojos deben de ser capaces de ver la necesidad en el que sufre. Es mucho más fácil y cómodo el encuentro con Jesús en el sagrario, que en quien le huelen los pies o le supuran las llagas. Por eso hay tantos que tienen ojos y no ven.Todo plan pastoral que diseñemos será mentira si no mejora la dignidad de nuestro pueblo.
Tengo delante una nota de agradecimiento de las Hermanas Clarisas de Kailahum. Os dice, porque el agradecimiento es para los que os molestáis en ordenar, clasificar y enviar contenedores repletos de sueños, que el Dios Altísimo os bendiga por vuestra generosidad.
Y citan literalmente… “Porque estaba hambriento y me diste de comer”… en este caso alubias verdes de Mendavia, y cóctel de frutas, y garbanzos, y jabón, y aceite de oliva…
Y luego nos recuerdan que… “Todo lo que hicisteis por los más pequeños, a mí me lo hicisteis”.
Llevo tres días tragándome las lágrimas por las noches, en silencio.El 17 de septiembre celebrábamos con lasHermanas Clarisas de Lunsar el día de la Independencia de México. Bromeé con ellas diciéndoles que necesitaban gachupines(españoles) para lanzar su grito y que esa era la razón de la invitación. Rene y yo comimos sin conocimiento, preparándonos para los tres días de toque de queda sin cocinera. Luego apareció una guitarra y recordé los corridos aprendidos en la Sierra Madre. Se nos hizo tarde y decidimos volver a Kamabai sin parar en Mabesseneh a darle un abrazo a Manuel Viejo. Sabía que se iba a España pronto y quería despedirlo, pero decidí volver otro día.El grito de agradecimiento y de bendición nos llega de una de las partes más golpeadas por el virusEbola en Sierra Leona. Allí han decidido quedarse y compartir con su gente lo que les entregamos en vuestro nombre. ¡Benditos contenedores, Juan Luis!
El 18 por la noche me llamó el Administrador Apostólico, P. Natalio, javeriano, para que le ayudase a contactar con Javier Atienza, nuestro voluntario que presta ahora servicio en el Hospital Emergency de Freetown como cirujano. Me dijo con la voz entrecortada que Manuel tenía fiebre alta hacía tres días y que parecía que no era malaria. Javier me pidió llamar al 117 para conseguir una ambulancia para el día siguiente temprano, insistiendo que pidiese ser trasladado al Hospital de Laka. A la Hermana Elisa solo le falta en su teléfono el Whatsapp de Dios, y sospecho que también lo tiene. Movió sus contactos y consiguió esa misma noche la ambulancia con el Ministro de Finanzas.

El 19 le hacían temprano la prueba, pero los resultados se conocerían entre las cinco y las siete de la tarde. Javier me había avisado de que no me hiciese ilusiones. A las 8:15 nos confirmaban el peor diagnóstico: positivo del virus Ebola. Solo hacía una semana que habían reabierto el hospital después de la cuarentena. Inmediatamente se puso a hacer lo que sabe: operar y curar a destajo.
Y esa cercanía con la miseria, con la gente, con el pobre…, le contagió el virus. El cristianismo se transmite por contagio, como el Ebola, nunca en la distancia.
Todos duelen, pero duele más el dolor de un amigo. Quise llamarle para decirle que lo quería y que iba a rezar con toda mi alma por él, pero ya no cogió el teléfono. Y no se me quitan de la cabeza su simpatía, y las charlas compartidas, y el “pásate por aquí cuando vayas a Freetown que tengo vino y chorizo de la tierra”.Javier me preguntó si era cierto que no había parado a la vuelta. Le dije que se nos hizo tarde.
Solo quiero que sepas que si hubieseis parado y dado el abrazo, tendríais que venir a una zona de aislamiento.
El miedo al Ebola está matando también el abrazo.
Leo que la ONU va a actuar, por fin. Lo que no sé es con qué intereses. Me golpean la sien las palabras oídas en mi cautiverio a un secuestrador: ¿Y a quién le importa un negro? Por lo visto, a muy poquitos. Hace unos días alguien muy entendido en temas de salud y de crisis (no quiero decir el nombre) daba la batalla por perdida en Sierra Leona y en Liberia. Decía que había que olvidarse de estos países y dar prioridad a la protección de otros. Que el virus moriría por sí mismo después de llevarse con él la vida de 5 millones de personas.
Supongo que no deja de ser una buena solución para el problema migratorio, y que os ahorraría el gasto de cuchillas. ¿A quién le importa un negro?
Vino Joe Bay Kamara, el niño quemado que comenzó a curar Natán, con su madre. Era la primera vez que la veía y exploté porque me sabía la historia. Lo dejó encerrado en una habitación a los 9 meses y se largó con otro hombre a Freetown. Lo recogieron los abuelos y lo han criado como a un hijo. Ha vuelto 10 meses más tarde de visita. Le he pedido que intentase agarrar un pollico de los cinco que tiene una de mis gallinas. Como sonreía, le he obligado a que metiese la mano. La gallina se le ha tirado a los ojos. Le he dicho que lo mismo hace una vaca con su cría, y la oveja… Creo que entendió el mensaje.
La herida de Joe va sanando poquito a poco. Muy lentamente, pero sanando. Ahora me ayuda a curarlo Foday, el muchacho a quien mi sobrino Javier le pagó la carrera de enfermería.
Pero me siento bajo, frustrado, impotente…. La vida duele en estos días y duele mucho.
Supongo que la prensa volverá a agobiarnos de nuevo. Con qué facilidad pasamos de loscristianos crucificados de Siria, al desfalco de Pujol, o a la muerte de Botín… Supongo también que no faltará quien ponga el grito en el cielo cuestionándose si el Gobierno español ha hecho bien pagando con el dinero de los españoles la repatriación de Manuel . Lo que os puedo asegurar, porque lo conozco, es que nadie como el Hermano hospitalario Manuel Viejo ha paseado por África la“marca España” con tanta pasión y sacrificio. Su generosidad y simpatía no tenían límites. Y siempre tenía tiempo para atender el enfermo que le llevabas desde las aldeas más remotas. Aunque su agenda no tuviese un resquicio, él siempre encontraba 5 minutos entre operación y operación. Si somos capaces de calificar ciertos lugares turísticos como “Patrimonio de la Humanidad” con el fin de que sean conservados especialmente, con más razón debiéramos preocuparnos de conservar personas del temple de Manuel. No se trata de si la persona es miembro de una Orden Religiosa, o es el Imán de la mezquita de al lado, o un Pastor protestante, o un doctor voluntario con rastras y pinta de Perro Flauta. Gente como Manuel Garcia Viejo, y ahora digo el nombre completo para que no haya la más mínima confusión, debiéramos nombrarlos Patrimonio de la Humanidad, y luchar todos por la conservación de esas personas que dan la vida allí donde las agencias turísticas marcan en rojo y los gobiernos recomiendan no viajar.
Solo le pido a Dios que me permita darle el abrazo que le debo. Ese que el día 17 de septiembre no pude darle porque se me hacía tarde y diluviaba.

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