Dios Padre creador del universo,
peregrinos del amor tus hijos somos.
En ti vivimos, nos movemos y existimos.
A ti elevamos nuestra oración
al ritmo del otoño.
Miramos el caer armonioso de las hojas
danzando al compás del viento,
y sentimos tu presencia envolvente,
acariciando, con ternura, nuestra vida.
Admiramos el colorido del paisaje,
que recrea y deleita los sentidos,
y brota en nuestro interior un canto de alabanza
a tu grandeza, belleza y hermosura.
La tierra que ha dado ya su fruto abundante,
se duerme, se enfría, se oscurece
a la espera de una alegre primavera
que haga resurgir la nueva savia de la vida.
Nuestra fe cierta y confiada,
espera que tu Luz la encienda,
en la llama viva de tu Amor
y responde ciega a Tu Presencia.
Nos abandonamos silenciosos
entre tus brazos,
y anunciamos el gozo
de sabernos hijos/as tuyos/as.
Fuente: Cipecar
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