POR QUÉ DAMOS GRACIAS

Antes de hacer la “carta a los Reyes Magos” de este año sería bueno hacer una lista de cosas por las que dar gracias. Podríamos empezar por la vida. Muchos científicos, sabios y otras personas seguimos asombrándonos ante ella; la vegetal, la animal y nuestra propia vida, la humana, con sus alegrías y sufrimientos, con la capacidad de sentir, pensar, reír y emocionarse. 

También son de agradecer las distintas formas de amor y solidaridad, la amistad, el cariño y la ternura, nunca despreciables. Podemos querer y ser queridos, acoger, acompañar, ayudar, compartir, cuidar y proteger a otras personas para que puedan sentirse apreciadas y valoradas.  Hay que dar gracias por quienes trabajan para nosotros y quienes se dedican día a día a mejorar este mundo: los buenos padres y madres, maestros, médicos, trabajadores sociales, investigadores, pensadores, productores de alimentos y otros bienes, técnicos, informadores  y muchos otros “hombres y mujeres de bien”. Especial gratitud debemos a las y los activistas en pro de la libertad y la justicia, de los Derechos Humanos, de la paz y la cooperación, de la defensa de la naturaleza y del medio ambiente. Muchos pagaron con su vida la fidelidad a sus creencias e ideales humanitarios. Muchos son hoy perseguidos y rechazados por “el sistema”, pero siguen denunciando las injusticias y trabajando por el bien común. Las personas creyentes también damos gracias al Misterio espiritual que da sentido a nuestra vida, a los profetas liberadores, a las mujeres y hombres de fe que nos entregan su vida a los demás, que nos ayudan a descubrir ese Misterio en la vida de cada ser humano.  
Gracias a todas y todos, creyentes y no creyentes. Infinitas gracias.

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