| «El que no reservó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos va a regalar todo lo demás con él?» (Rom 8, 32) |

El regalo está claro. Tú, Señor, sigues viniendo a nuestro mundo, en tu espíritu, en tu historia, en tu encarnación que, aún hoy, es un alarido.Decían antes eso de que los niños vienen con un pan bajo el brazo. Pues tú, de alguna manera, más. Traes una propuesta de vida diferente. Traes una manera nueva de mirar a la realidad. Traes la capacidad para liberarnos de esclavitudes y cadenas. Eres el regalo de Dios para el mundo. También para mí. No sé si me doy suficiente cuenta de eso. De que tú no eres un incordio, una ley o una exigencia, sino una presencia, un amigo que trae la mejor de las noticias. Ese es el regalo.
| ¿Vivo la fe como regalo, oportunidad, privilegio? |
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