LA TRATA DE PERSONAS: UNA REALIDAD INVISIBILIZADA

La oferta del mercado domina en mayor o menor medida nuestras vidas. En ello se basan para lucrarse las mafias que regentan las redes de tráfico de personas. Ofertan en nuestras sociedades desarrolladas servicios sexuales que obligan a desempeñar a personas, generalmente extranjeras, en contra de su voluntad. Podríamos decir que estamos frente a nuevos mecanismos de esclavitud. ¿Cómo así, en pleno siglo XXI?

La situación de pobreza y exclusión que viven múltiples personas en otros países de América Latina, África, Europa del Este y Asia, les invita a mirar hacia Europa y Norteamérica con esperanza; lugares donde sueñan con poder trabajar y ganarse la vida dignamente, para ofrecer así mejores oportunidades a sus familias. Adquieren deudas con quienes les ofrecen “viajes seguros” al extranjero para trabajar como empleadas de hogar, cuidadoras de ancianos o niños/as, o en servicios de hostelería; deudas que se comprometen a pagar con el sueldo de los primeros meses de su trabajo. 

En sus destinos, la realidad nada tiene que ver con lo prometido. Literalmente pierden la libertad y son obligadas a prostituirse. Su deuda se incrementa por “pequeños lujos” (el uso de sábanas limpias, preservativos, compresas durante el periodo, etc.). Son víctimas de relaciones desiguales entre dominantes (quienes prostituyen y compran los servicios) y quienes son esclavizadas (generalmente mujeres y niños/as).

Más allá de exigir ante las autoridades el cumplimiento de derechos de las personas víctimas de trata y la erradicación de esta forma de esclavitud, pienso en nuestro compromiso por educar en relaciones de equidad a los chicos y chicas con quienes trabajamos y a nuestros hijos e hijas; en evitar la tentación fácil de juzgar a quienes son víctimas y llegado el caso, buscar apoyo en aquellas instituciones con experiencia de abordar esta realidad compleja.

Gemma López Poveda

No hay comentarios:

Publicar un comentario