Viernes IV
Sab 2,1a.12-22
Jn 7,1-2.10.25-30
Algún tiempo después andaba Jesús por la región de Galilea, pues no quería seguir en Judea porque los judíos lo buscaban para matarlo. Se acercaba la fiesta de las Enramadas, una de las fiestas de los judíos. Cuando ya se habían ido sus hermanos, también Jesús fue a la fiesta, aunque no lo hizo públicamente sino casi en secreto. Algunos de los que vivían en Jerusalén empezaron entonces a preguntar: “¿No es a éste a quien andan buscando para matarle? Pues ahí está, hablando en público, y nadie le dice nada. ¿Será que verdaderamente las autoridades creen que este hombre es el Mesías? Pero nosotros sabemos de dónde viene; en cambio, cuando venga el Mesías, nadie sabrá de dónde viene”. Al oír esto, Jesús, que estaba enseñando en el templo, dijo con voz fuerte: “¡Así que vosotros me conocéis y sabéis de dónde vengo! Pues yo no he venido por mi propia cuenta, sino enviado por aquel que es digno de confianza y a quien vosotros no conocéis. Yo le conozco, porque vengo de él y él me ha enviado”. Entonces quisieron apresarle, pero nadie le echó mano porque todavía no había llegado su hora.
Preparación: El libro de la Sabiduría refleja el odio de los impíos que se proponen acechar al justo, tan sólo porque les resulta incómodo. Porque declara que conoce a Dios y se da el nombre de Hijo del Señor. También en el evangelio que hoy se proclama se percibe el clima de hostilidad que reinaba en Jerusalén contra Jesús. Así lo atestiguan las preguntas que se hacen las gentes del pueblo con ocasión de la fiesta de las Enramadas o de las Tiendas. La liturgia recuerda aquella tensión a medida que se acercan los días en que se celebra la memoria de su pasión y muerte.
Lectura: Al leer el evangelio de hoy, nos llama la atención que Jesús llegue a Jerusalén casi en secreto, como si temiera ser entregado a la muerte ante de que llegase “su hora”. Así lo sugiere el final de la lectura. También nos llama la atención la primera de las preguntas que se hacen las gentes: “¿No es a éste a quien andan buscando para matarle?” Esa pregunta nos recuerda las palabras que el ángel dirige a José, con motivo de la persecución que Herodes iba a decretar contra los niños de Belén y su entorno (Mt 2,13). También él buscaba a Jesús para matarlo.
Meditación: La búsqueda de Dios es una categoría que aparece muy frecuentemente en el Antiguo Testamento. También en los evangelios se dice que las gentes buscan a Jesús. Hay una búsqueda que nace de la fe y otra búsqueda motivada por el miedo, el recelo o el odio. En nuestros días, el el drama está representado por los que ni siquiera buscan al Señor. Les es totalmente indiferente. Los creyentes deberíamos preguntarnos cómo y por qué motivos buscamos nosotros a Jesús.
Oración: Señor Jesús, también en nuestro tiempo creemos conocerte suficientemente. Así lo pensamos los que decimos seguirte por el camino. Muchos jóvenes rechazan la enseñanza religiosa, afirmando que ya te conocen bien. Y algo semejante pretenden los no creyentes que manipulan la opinión pública. Perdona tú nuestra arrogancia.
Contemplación: Contemplamos a Jesús enseñando en el templo con la autoridad de un maestro. El evangelio anota que se interrumpió para exclamar con fuerte voz: “¡Así que vosotros me conocéis y sabéis de dónde vengo!” Jesús parece extrañado ante tal pretensión. Si las gentes no conocen al Padre celestial, no puede conocer al que ha venido enviado por Él. Jesús no se atribuye a sí mismo su propia misión. Su misión refleja su obediencia al Padre De nuevo Jesús proclama su relación con el Padre, afirmando: “Yo le conozco, porque vengo de él y él me ha enviado”.
Acción: Nos proponemos buscar algún buen libro que nos ayude a conocer más profundamente a Jesucristo.
José-Román Flecha Andrés
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