Para vivir en Cristo, tenemos que morir a nuestros pecados. Es cuando viene la tentación de ofender; callar.Cuando hay intolerancia; ser paciente. Cuando hay dolor por heridas del pasado; perdonar para sanarnos y que seamos perdonados. Morir en la carne, es vivir para Cristo y en Cristo. El es el todo en todo. Jesucristo es la vida eterna, y bienaventurado el que pueda vencer hasta el fín para alcanzar esa gloriosa promesa.
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