Hay muchas personas que están siempre
recelosas, como encogidas ante la vida. Sin embargo, hay un punto de energía
que podemos detectar dentro de nosotros. Se llama empuje, fuerza, pasión.
No ha de faltar en nuestros días. Piensa en todo lo que, hoy en día, te motiva
para levantarte, trabajar, vivir, relacionarte con otros. Los motivos que te
llevan a elegir unos caminos, dar unos pasos, emplear tu tiempo de una forma. ¿Por
qué haces lo que haces? ¿Por amor? ¿Por tedio? ¿Por dinero? ¿Por miedo? ¿Por
aburrimiento?
Piensa en lo que más te ilusiona en esta
etapa de la vida.
La mañana
de encontrarse consigo un día más. Qué a salvo
cuando en el alba se levanta y entra
confiado en su ser, lava su cuerpo,
se viste en un instante ropa ahormada en el uso
y ve por el balcón cómo muy tierna crece
la luz de una jornada en la que no
flaqueará su esperanza ni la fe que lo impulsa
en la gran aventura de existir.
Ahora sale a la calle con decisión, y llega
un aire claro a su pulmón alegre.
Avanza sin recelo, porque entiende la vida,
y se va abriendo paso entre las cosas,


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