En este mundo arrogante, los religiosos, afectados por la locura de la cruz, intentamos denunciar tal situación, sacramentalizando en nuestra vida la debilidad de los pobres, la necedad del hombre, para reconocer que sólo Dios Padre, sólo Jesús, el Hijo sacrificado por los hombres, merecen la alabanza, la gloria. Confesamos que sólo Dios es nuestra riqueza y nuestra gloria y nuestra fortaleza y sabiduría. Proclamamos que el hombre será libre y poderoso -¡estirpe real!- cuando entre en comunión de amor con Dios Padre y con Jesús por la fuerza irresistiblemente atrayente del Espíritu.
Ant. 3. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.
Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria,
el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.
Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y por tu sangre compraste para Dios

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