15 tipos de homilía que hay que evitar
¡Qué difícil es hacer una buena
homilía! ¿Cuál es la forma mejor de hacerlo? Bueno, lo que parece que está
claro es lo que NO debe hacerse. Aquí unos ejemplos:
Homilía improvisación: es la que el sacerdote prepara cuando se está
poniendo el alba, el cíngulo, la estola y la casulla para la santa misa.
Homilía libresca: homilía con mucho sabor a libro y escritorio; homilía
académica, marmórea…pero carente de corazón y de conocimiento de los oyentes.
Homilía arqueológica: homilía donde el predicador quiere siempre incursionar
en detalles secundarios sobre los fariseos, esenios, dracmas, estadios, hora
sexta, atrio, pozo…No explica el mensaje de Dios sino curiosidades periféricas.
Homilía romántica: que quiere arrancar
lágrimas, sonrisas y azúcaren el oyente,
a base de exclamaciones, interjecciones, gritos, lenguaje paternalista con
adjetivos tiernos, diminutivos o aumentativos.
Homilía demagógica: que a base de palabras y más palabras para
quedar bien con el público, traiciona tanto el mensaje evangélico como al
destinatario, agrandando o empequeñeciendo, desfigurando y distorsionando la
doctrina de Cristo.
Homilía literaria: más que una
predicación sagrada es un ejercicio literario o poético.
Homilía antológica: la homilía se convierte en una oportunidad para
recordar y sacar a colación todas las frases, sentencias, textos, poesías,
definiciones que el predicador aprendió de memoria o que tenía en sus archivos.
Homilía molusco: invertebrada, blandengue, gelatina escurridiza,
sin argumento, sin contenido, sin tema. No termina un tema cuando comienza
otro.
Homilía ladrillo: sólo ideas sin relación con la vida de los oyentes.
La homilía tiene que llegar, por así decir, a la cocina de esa mujer de casa,
al puesto de trabajo de ese buen padre de familia, a los pupitres de ese
estudiante…Esta homilía-ladrillo no llega.
Homilía espaguetti: se enrolla y se enrolla sobre el mismo asunto,
aburriendo a los oyentes y haciéndoles bostezar.
Homilía cursillo: trata muchos temas sin concretar ninguno.
Homilía repetición del evangelio: No sabe sacar un mensaje de ese evangelio para
sus oyentes, y lo único que hace es repetir lo que se leyó en el evangelio.
¿Será posible que el predicador sea incapaz de zurcir una homilía jugosa con
una sola idea bien expresada? ¡El oyente no es tonto, por favor!
Homilía técnica: usar todo el tiempo lenguaje teológico que la gente
no entiende (metanoia, kénosis, anáfora, parusía, epifánico, histérico,
pneumático, mistagogo, escatología, transubstanciación,…). La homilía no es una
clase de teología, sino una conversación cordial con sus oyentes y
parroquianos.
Homilía callejera: el predicador salpica todo el tiempo con jerga
vulgar y chocarrera. Así se rebaja la palabra de Dios, la dignidad del profeta
y la dignidad de los fieles que san Pablo llama “santos en el Señor”. El
predicador no debe nunca rebajarse, pues está hablando en nombre de Cristo y de
la Iglesia.
Homilía de mal piloto: el predicador no sabe despegar ni aterrizar, y da
vueltas y más vueltas y nunca termina. “Y ya para terminar”…y vuelve a subir a
las nubes…”y ya para terminar”…y vuelve a subir. Termine y punto, por favor.
Por Antonio Rivero, L.C. BRASILIA, 12 de julio de 2013.
Artículo publicado por la agencia Zenit
No hay comentarios:
Publicar un comentario