Pan para saciar
el hambre
de todos.
Amasado despacio,
cocido en el horno
de la verdad
hiriente,
del amor auténtico,
del gesto delicado.
Pan partido,
multiplicado al
romperse,
llegando a más manos,
a más bocas,
a más pueblos,
a más historias.
Pan bueno,
vida
para quien yace
en las cunetas,
y para quien dormita
ahíto de otros
manjares,
si acaso tu aroma
despierta en él la
nostalgia
de lo cierto.
Pan cercano,
en la casa que acoge
a quien quiera
compartir
un relato,
un proyecto,
una promesa.
Pan vivo,
cuerpo de Dios,
alianza inmortal,
que no falte
en todas las
mesas.
José María Rodríguez Olaizola, sj

No hay comentarios:
Publicar un comentario