
Nuestro padre san Francisco, por su amor singular a la santísima Virgen, se desveló por la capilla de Santa María de los Ángeles, o de la Porciúncula. Allí tuvo feliz comienzo la Primera Orden Franciscana, allí recibió Francisco la consagración de Clara, en la noche del Domingo de Ramos de 1211, dando así origen a la Segunda Orden; y tradicionalmente Santa Maria de los Ángeles es reconocida también como la cuna de la Tercera Orden Franciscana.
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ara esta misma capilla logró Francisco, según tradición, la célebre indulgencia o «perdón de Asís» para el día 2 de agosto de cada año, aniversario de su dedicación. Los romanos Pontífices otorgaron también privilegios especiales a la basílica que cobija la pequeña capilla franciscana, a la que el papa Pío X declaró, en 1909, cabeza y madre de la Orden de los Menores, basílica patriarcal y capilla papal.
La pequeña capilla, que estuvo tan en el corazón de Francisco, es para toda la Familia Franciscana la evocación de los propios orígenes y el encuentro con sus raíces. En nuestra memoria quedan impresas aquellas palabras de Francisco: «Mirad, hijos míos, que nunca abandonéis este lugar. Si os expulsan por un lado, volved a entrar por el otro, porque este lugar es verdaderamente santo y morada de Dios».
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