TODA LA VIDA ES ADVIENTO

El Otoño, Caminata, Tuttlingen

 Los relatos de la Navidad, todos cercanos a nuestras propias vidas, orientan nuestras miradas y guían nuestros pasos hacia Jesús, como aquél en quien "Dios nos ha visitado". 
Pero ninguna de esas señales nos evitan preguntarle a Jesús mismo, como hicieron los discípulos del Bautista de su parte: "¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?". 

Su respuesta clarifica definitivamente hacia dónde dirigir nuestra mirada y cómo vivir nuestra espera: "Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la buena noticia".

 Los hermanos que sufren y la superación de sus sufrimientos son el lugar de la venida del Señor. Y el trabajo y la lucha por la eliminación de esos males es la forma de hacerla presente en cualquier lugar del mundo y en cualquier momento de la historia. 

La salvación siempre será don gratuito de Dios que podemos estar seguros que no ha de faltar a ninguna persona. Pero estamos llamados a preparar su adviento, su venida eliminando de nuestra vida y de nuestro mundo los obstáculos que le cierran el paso. 

Al adviento perenne de Dios corresponde, por parte de los humanos, la perenne actitud de esperanza. Vivir en adviento no es fácil, porque hoy no es fácil la esperanza. Pero tenemos un camino seguro para hacerla crecer en nosotros: "Dar razón de nuestra esperanza a quienes nos la pidan", y compartirla con los que creen no tener razones para esperar. 

Juan Martín Velasco

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