Cáritas alerta de que muchos productos que consumimos
a diario esconden situaciones de explotación infantil.
Con motivo del Día Mundial contra el Trabajo Infantil, Cáritas, junto al resto de organizaciones miembro de
la Coordinadora Estatal de Comercio Justo (CECJ), alerta, dentro de la campaña «Contra
el trabajo infantil, elijo Comercio Justo», de que muchos de los productos que forman parte
de nuestros hábitos de consumo diario (como café, chocolate, azúcar, cereales, ropa y
otros artículos textiles) esconden, en sus cadenas de producción, situaciones de
explotación laboral de niños y niñas.
Una buena manera de actuar contra esta realidad es adquirir, como consumidores,
productos de Comercio Justo, dado que la ausencia de explotación infantil es uno de los
principios esenciales que deben cumplir todas las organizaciones implicadas en este
modelo de consumo basado en la sostenibilidad y la protección de los derechos de las
comunidades productoras.
La celebración de la jornada ha tenido este año, además, un significado añadido, ya que 2021
ha sido designado por la ONU como Año Internacional para la Eliminación del Trabajo
Infantil, que refuerza la llamada a dar visibilidad a esta lacra social, tan poco conocida.
El trabajo infantil en cifras
Los datos de la Organización Internacional de Trabajo (OIT) muestran cuál es la magnitud
la problemática del trabajo infantil en el mundo, que, además, puede verse agudizada por
las crisis, el aumento de la pobreza y el cierre de escuelas derivadas de la pandemia.
Este informe así lo describe.
Según sus últimas estimaciones, hay 152 millones de niños y niñas trabajadores en todo
el mundo, de los cuales casi la mitad (73 millones) realiza actividades peligrosas.
En su mayoría, el trabajo infantil afecta a niños varones (88 millones, ante 64 millones que
son niñas). Por sectores de actividad, el trabajo infantil se concentra en primer lugar en la
agricultura, ganadería o pesca (7 de cada 10 menores que trabajan); mientras que el 17%
lo hacen en el sector de servicios y el 12% en la industria, en particular la minería.
África es la región que concentra mayor proporción de menores trabajadores, donde 1 de
cada 5 niños o niñas trabajan. En otras regiones la prevalencia es menor: en Asia y el
Pacífico, la proporción es 1 de cada 14 niños; en las Américas, 1 de cada 19 niños; en
Europa y Asia Central 1 de cada 25; y en los Estados árabes, 1 de cada 35 niños.
Casi la mitad de los niños víctimas del trabajo infantil tienen entre 5 y 11 años; 42 millones
(28%) tienen entre 12 y 14 años; y 37 millones (24%), entre 15 y 17 años.
Cabe señalar que estas cifras podrían ser mayores, ya que el trabajo infantil es, en muchas
ocasiones, una realidad invisible y difícil de medir, tal y como se constata en el
informe “Erradicar el trabajo infantil, el trabajo forzoso y la trata de personas en las cadenas
mundiales de suministro” publicado por UNICEF, la OIT, la Organización para la
Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) y la Organización Internacional de las
Migraciones (OIM).
En el mismo se analizan las complejas redes de suministro y producción de una gran parte
de los productos que consumimos, elaborados con materias primas o materiales
procedentes de países de todo el mundo y que son procesados, ensamblados, envasados,
trasladados y consumidos en todos los países y mercados del mundo. En estas redes se
esconden diversas formas de explotación laboral infantil.
Compromiso del Comercio Justo a la lucha contra del trabajo infantil
El principio número 5 del Comercio Justo establece la prohibición de cualquier forma de
explotación de niños y niñas por parte de las propias organizaciones miembro o las
empresas intermediarias.
Además, todas las organizaciones deben estar adheridas a la
Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño y a las leyes nacionales
o locales sobre el empleo infantil.
De forma expresa se señala que “cualquier participación de niños o niñas en la producción
de artículos de Comercio Justo (incluyendo el aprendizaje de un arte tradicional o
artesanal) siempre es comunicada y monitoreada, y no debe afectar negativamente al
bienestar, la seguridad, los requisitos educativos y la necesidad de jugar de los niños y las
niñas”.
www.caritas.es

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