sábado, 19 de abril de 2014

Texto castellano. STABAT MATER

STABAT MATER  
Estaba la Madre dolorosa
llorando junto a la cruz
de la que pendía su hijo.

Su alma quejumbrosa,
apesadumbrada y gimiente,
atravesada por una espada.

¡Qué triste y afligida
estaba la bendita Madre
del hijo unigénito!

Se lamentaba y afligía
y temblaba viendo sufrir
a su divino hijo.

¿Qué hombre no lloraría
viendo a la Madre de Cristo
en tan gran suplicio?
¿Quién no se entristecería
al contemplar a la querida Madre
sufriendo con su hijo?

Por los pecados de su pueblo
vio a Jesús en el tormento
y sometido a azotes.

Ella vio a su dulce hijo
entregar el espirítu
y morir desamparado.

¡Madre, fuente de amor,
hazme sentir todo tu dolor
para que llore contigo!

Haz que arda mi corazón
en el amor a Cristo Señor,
para que así le complazca.
¡Santa María, hazlo así!
Graba las heridas del Crucificado
profundamente en mi corazón.

Comparte conmigo las penas
de tu hijo herido, que se ha dignado
a sufrir la pasión por mi.

Haz que llore contigo,
que sufra con el Crucificado
mientras viva.

Deseo permanecer contigo,
cerca de la cruz,
y compartir tu dolor.

Virgen excelsa entre las vrgenes,
no seas amarga conmigo,
haz que contigo me lamente.

Haz que soporte la muerte de Cristo,
haz que comparta su pasión
y contemple sus heridas.

Haz que sus heridas me hieran,
embriagado por esta cruz
y por el amor de tu hijo.

Inflamado y ardiendo,
que sea por ti defendido, oh Virgen,
el día del Juicio.

Haz que sea protegido por la cruz,
fortificado por la muerte de Cristo,
fortalecido por la gracia.

Cuando muera mi cuerpo
haz que se conceda a mi alma
la gloria del paraíso.
Amén. 
Stabat Mater (traducido del latín es "Estaba la madre") es un himno católico del siglo XIII atribuído al fraile franciscano Jacopone da Todi. Esta plegaria que comienza con las palabras Stabat Mater dolorosa (estaba la Madre sufriendo) medita sobre el sufrimiento de María la Madre de Jesús durante la crucifixión de éste.


Es uno de las composiciones literarias a la que más se le ha puesto música; cerca de 200 compositores diferentes. Múltiples compositores de distintas épocas, de género, de estilos y de visión musical han compuesto en base a este texto medieval. Entre los Compositores se cuentan Rossini, Franz Liszt, Krzysztof Penderecki, Giovanni Pierluigi da Palestrina, Francis Poulenc, Domenico Scarlatti, Antonio Vivaldi, Alessandro Scarlatti y Antonín Dvorák, siendo el más famoso el de Pergolesi.

STABAT MATER

PARA QUE TENGAS VIDA

EL EVANGELIO Y FRANCISCO

"PENSAR LA FE EN TIEMPOS DE RED"

E_Spadaro
Jesuit, Director @ La Civiltà Cattolica, Consultor @ 2 Pontifical Councils: Culture & Communications, 
















Durante el Congreso iMisión celebrado en Madrid del 4 al 6 de Abril 2014




 15 abril  (VIDA NUEVA/BV)
 Antonio Spadaro es uno de esos hombres de moda hoy en la Iglesia. Sacerdote jesuita, blogger, escritor, tuitero, profesor, consultor de dos pontificios consejos. También es conocido por su condición de director de la Civiltà Cattolica y porque fue quien entrevistó, para las revistas jesuitas de todo el mundo, al Papa Francisco.

Sin embargo, una de las mayores contribuciones de este estudioso es lo que llama ciberteología, que él mismo define como "pensar la fe en tiempos de la red". Sobre ello acaba de publicar un libro en español y ha hablado, el pasado 5 de abril, en el I Congreso iMisión, donde dejó afirmaciones provocativas para la reflexión: "La red no es un instrumento de evangelización"; "es inútil hacer perfiles de Facebook con fotos de angelitos" o "la lógica del púlpito ya no funciona".

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¿Cuál es el papel de la Iglesia en la Red?
El Evangelio concierne al hombre de hoy, de modo que la Iglesia está llamada a estar allí donde vive. Hoy también está en la red y, por eso, la Iglesia está llamada a habitar en la red; no porque haya que actualizarse, sino porque debe hacerse presente allí donde los hombres viven.
No es entonces un instrumento para evangelizar, sino un ambiente.

RESURRECCIÓN DEL SEÑOR- REFLEXIÓN

FIESTA DE LA LUZ

“Hay cristianos cuya opción parece ser la de una cuaresma sin Pascua”. Así ha escrito el Papa Francisco en su exhortación La Alegría del Evangelio (n.6). La Cuaresma nos ha ido preparando para aceptar  la cruz de Jesucristo y para seguirle por el camino.
El tiempo de Pascua nos ha de ayudar a vivir con el Señor una vida resucitada. Así lo canta el himno: “Pascua sagrada, ¡oh fiesta de la luz!, despierta tú que duermes, y el Señor te alumbrará”.
Durante el tiempo de Pascua vamos a meditar el libro de los Hechos de los Apóstoles. El discurso de Pedro que hoy se lee no es una lección sobre ideas abstractas. Es un testimonio de vida: “Nosotros comimos y bebimos con él después que resucitó, y él nos envió a anunciar al pueblo que Dios le ha puesto como Juez de vivos y muertos”.

EL SEPULCRO VACIO

También el evangelio nos refiere el testimonio de Pedro y el discípulo amado del Señor. Aquel primer día de la semana, las mujeres se acercaron hasta el sepulcro de Jesús, pero lo encontraron vacío. Hasta hablaban de unos ángeles que les anunciaron que Él estaba vivo.
Alarmados por estas noticias, los discípulos corrieron hasta el sepulcro. No vieron el cuerpo de Jesús. La constatación de la ausencia del Señor motiva el crecimiento en la fe. Si el Señor no está entre los muertos, su vida entera puede ser releída con ojos de fe.
• También nosotros contemplamos hoy el sepulcro vacío de Jesús. Nos llama la atención que el evangelio repita tantas veces que tanto María Magdalena como los dos discípulos “vieron” el sepulcro vacío y las vendas que habían envuelto el cuerpo de Jesús. 
• También nosotros en este día de Pascua somos invitados a ver con los ojos de la fe el misterio del Señor Resucitado. Y repetimos con gozo uno de los himnos pascuales: “La mañana celebra tu resurrección y se alegra con claridad de Pascua. Se levanta la tierra, como un joven discípulo en tu búsqueda, sabiendo que el sepulcro está vacío ”.

CREDO DE LA PASCUA

CREDO DE LA PASCUA
Solemnidad de la Resurrección del Señor

La solemnidad de la Pascua es el centro del año litúrgico. La celebración de la Resurrección de Jesucristo es motivo de inmensa alegría para todos los cristianos. Y es también una excelente ocasión para revisar nuestra fe, nuestra esperanza y las decisiones orientadas por el amor.
Examinar en este día de Pascua nuestra responsabilidad en el ejercicio de las tres grandes virtudes equivale a considerar la seriedad y la coherencia de nuestra adhesión a la vida cristiana. E implica también revisar nuestra responsabilidad por la promoción de la justicia y la creación de una sociedad más humana.
Algo de eso tratamos de expresar con esta especie de pregón pascual que pretende ser, a la vez, oferta y entrega, oración y profecía, confesión y compromiso:

Señor Jesucristo,
 • Creo que en tu resurrección  de entre los muertos alcanzan la plenitud de su sentido mi vivir, mi caminar y mi morir.
• Creo que en tu resurrección  mi fe ha encontrado su apoyo más firme en la luz, en la fuerza y en la paz que nos ofrece tu presencia.
• Creo que en tu resurrección  ha sido vencida definitivamente mi cobardía y han sido desafiados todos mis viejos temores.
• Creo que en tu resurrección yo he sido despertado a una vida sin murallas ni fronteras.
• Creo que en tu resurrección pierden peso los rencores entre hermanos  y apoyo las turbias asechanzas de los hombres.
• Creo que en tu resurrección esta mi carne mortal ha recibido ya las arras de una vida que se extiende más allá de la muerte
• Creo que en tu resurrección nuestra fe ha adquirido categoría  de palpabilidad y de contacto, de certeza y de promesa.
• Creo que en tu resurrección nuestra esperanza ha dejado de confundirse con un frívolo optimismo y con una utopía ineficaz.
• Creo que en tu resurrección nuestro amor humano renace finalmente en una sincera cercanía  a los que nada son y nada cuentan.
• Creo que en tu resurrección la historia de los hombres y mujeres de nuestra sociedad puede hallar al fin su centro y su último sentido.
• Creo que en tu resurrección el mundo en que vivimos ha dejado de ser tan sólo un escenario  para convertirse de verdad en compañero del hombre.
• Creo que en tu resurrección  todas las cosas de esta tierra han recobrado su limpia luz de la creación  recién nacida.
• Creo que en tu resurrección fueron bendecidos el trabajo y el progreso, el dolor y el sufrimiento, el amor y la amistad.
• Creo que en tu resurrección a todos los pobres, marginados y descartados de este mundo se les anuncia la definitiva y feliz liberación.
• Creo que en tu resurrección los hermanos difuntos que nos han precedido en el signo de la fe alcanzan finalmente  la paz y la luz de tu presencia.
Amén. Aleluya.
                                                                                                José-Román Flecha Andrés