viernes, 28 de julio de 2017

MONASTERIO SOBRADO DOS MONXES 1 - LA CORUÑA

«Señor prior, no soy creyente pero querría pasar unos días en el monasterio»... ahora él es el prior.

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El prior Carlos Gutiérrez en una ventana del monasterio de Sobrado - Foto de César Delgado, La Voz de Galicia

Es muy peligroso cruzar la puerta, vas hacia el Camino, y si no cuidas tus pies no sabes hacia donde te arrastrarán", decía Bilbo Bolsón, el protagonista de El Hobbit. Algo así le pasó a Carlos Gutiérrez Cuartango, que en 1979, con 19 años, vio un programa de televisión sobre un monasterio benedictino cisterciense gallego y decidió ir a pasar allí unos días aunque no era creyente. ¡Ahora él es el prior, desde hace 14 años! 

Carlos Gutiérrez explica a Toni Silva, en La Voz de Galicia, que tenía 19 años, estudiaba medicina, tenía novia y lideraba asambleas estudiantiles  cuando llegó al monasterio de Sobrado (www.monasteriodesobrado.org), considerado la "perla del barroco gallego", en la provincia de La Coruña. 

Lo había visto por la televisión, un día que encendió el aparato y vio a los reporteros del programa Vivir cada día colando sus cámaras en el monasterio de Sobrado. Escribió entonces una carta al prior, presentándose como un joven «no creyente» pero al que le gustaría compartir la experiencia del monasterio. Lo aceptaron y pasó 20 días entre los monjes. Así Dios tocó su corazón. 

Dos años después dejó la carrera, a su familia y a su novia y volvió al monasterio para quedarse. Ya lleva 36 años, los 14 últimos como padre prior. 




El poder de escuchar y de acoger
Para este religioso, que se convirtió por la acogida en el monasterio, poder seguir acogiendo es prioritario. "Pretendemos crear un espacio donde la gente pueda encontrar aquí un oasis para reflexionar, buscarse a sí mismo, ahondar en su vida religiosa", explica.

"No hacemos proselitismo, solo acogemos y el que quiera hablar con un monje puede hacerlo. Escuchamos a quien sea, aquí viene gente creyente y no creyente".

Cuenta que según la regla de San Benito, del siglo VI, "antes, cuando alguien quería ingresar en el monasterio había que ponerle a prueba con improperios, humillaciones... y se le provocaba. Hoy en día no, acogemos a la gente con cariño porque las humillaciones ya vienen solas".

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