jueves, 3 de agosto de 2017

EL GEMIDO DE LA ESPERANZA

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Dios, prometiéndose, despierta tu esperanza, abre tu vida, rompe tus límites. “Aquello que me diste el otro día” te atrae con fuerza y te pone en camino.

La esperanza te hace pobre, te desviste de riquezas que ocupan tu corazón; te adentra en la novedad. “Claro está que este caminante no podría venir a nuevas tierras, ni saber más de lo que sabía antes, si no fuera por caminos nuevos nunca sabidos, y dejados los que sabía” (San Juan de la Cruz).

El Espíritu te enseña a vivir la esperanza: que se manifieste en plenitud lo que es ser hijo/a de Dios (cf Rom 8,23).

La esperanza cristiana es una actitud teologal, que por la confianza amorosa en Dios, siempre fiel, trae al presente atribulado la certeza de la salvación realizada ya en Jesucristo. (1 Tes 1,2).

La esperanza es como un gemido interior, como un anhelo de trascendencia, de vida divina, de agua viva.

La esperanza te hace escuchar y acoger los gemidos de todos los tiempos, la historia dolorosa de la humanidad, la esperanza de los sin esperanza, para saltar con ellos toda barrera; de este modo, el gesto esperanzado recorre todos los vericuetos de lo humano. Tanto el dolor, como la felicidad, los momentos de plenitud, como los de hundimiento y fracaso, pueden contener gérmenes de esperanza.

Cipecar

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