"Consideradme padre y hermano"
El nuevo obispo ha pedido "no olvidar" a "los pequeños,
los necesitados, los pobres"
Julián Barrio: "Aquí te sentirás profundamente querido"
Jesús Fernández en su consagración como auxiliar de Santiago
Redacción,
08 de febrero de 2014 a las 13:43
·
El nuevo obispo auxiliar de Santiago, Jesús Fernández González, ha pedido "no
olvidar" a "los pequeños, los necesitados, los pobres" y ha
agradecido la "confianza" depositada en él para "hacer
camino" junto al Arzobispo de Santiago, Julián Barrio, "en la
edificación de una Iglesia en comunión sinodal y misionera".
"Considerarme desde ahora mismo el padre y hermano que,
unido a nuestro arzobispo Don Julián, se dispone a compartir con vosotros y a
serviros lo único valioso que posee: Jesucristo", ha manifestado en su
alocución durante la ceremonia de ordenación episcopal que ha acogido este
sábado la Catedral de Santiago para recibirlo tras ser nombrado obispo auxiliar
de Santiago por el Papa Francisco.
Al acto, que ha comenzado a las 11.00 horas, han acudido numerosas
autoridades eclesiásticas como el Secretario General de la Conferencia
Episcopal, José María Gil Tamayo; y civiles
como el vicepresidente de la Xunta, Alfonso Rueda; el conselleiro de Medio
Ambiente, Territorio e Infraestruturas, Agustín Hernández; o los alcaldes de
Santiago y León, Ángel Curras y Emilio Gutiérrez, respectivamente.
Por su parte, en su Homilía, el
arzobispo de Santiago, Julián Barrio, ha asegurado que "toda iniciativa
episcopal" servirá a la "verdadera renovación de la Iglesia" en
tanto "contribuya a mostrar el fascinante esplendor de la verdad y de la
auténtica luz, que es Cristo".
Asimismo, ha considerado que el ministerio episcopal debe de "alentar
la esperanza de quienes, amenazados por mitos ilusorios y por el pesimismo de
sueños que se desvaneces, y afligidos por las múltiples formas de pobreza, contemplan a la Iglesia como monte de las Bienaventuranzas".
"MINISTERIO
LARGO Y LLENO DE FRUTOS"
"Querido hermano Jesús, vienes a una comunidad diocesana en la que
sentirás la necesidad de quererla pues te sentirás profundamente
querido por ella", ha manifestado Barrio para desear al nuevo
obispo auxiliar de Santiago "un ministerio episcopal largo y lleno de
frutos".
Jesús Fernández González nació en 1955 en Selga de
Ordás, León, y fue ordenado en 1980 sacerdote. Se licenció en
Estudios Eclesiásticos y también en Filosofía por la Universidad Pontificia de
Salamanca. Tras ejercer desde 2010 como Vicario General de la Diócesis de León
fue nombrado el 10 de diciembre de 2013 obispo auxiliar de la Archidiócesis
Compostelana y titular de la diócesis de Rotdon.
La
liturgia incluyó lecturas y cánticos en gallego, castellano y latín.
Un coro especial, formado por noventa personas,
intervino a lo largo de toda la ceremonia, de más de dos horas de duración, y
al término del Rito de la Comunión, y como acción de gracias, se activó el
botafumeiro, que marcó el prólogo del rito final, momento en el que monseñor
Fernández González bendijo a los fieles y pronunció su alocución.
Acabada la Eucaristía, se celebró el tradicional "besamanos", mientras se interpretaba al órgano el
preludio y fuga en fa mayor de V. Lübeck (1654-1740).
Más de medio millar de leoneses han
acompañado a Fernández en su ordenación ya que la Diócesis de León organizó un
viaje especial que fletó autobuses desde distintos puntos de la provincia.
Las instituciones leonesas también han estado presentes en Santiago
representadas por la presidenta de la Diputación, Isabel Carrasco, y el alcalde de León, Emilio Gutiérrez, mientras que el
consejero de Fomento de Castilla y León, Antonio Silván, ha asistido en nombre
del Gobierno de esta Comunidad Autónoma.
La Xunta ha estado representada por el vicepresidente, Alfonso Rueda, y el conselleiro de Medio Ambiente,
Territorio e Infraestructuras, Agustín Hernández. También ha acudido el alcalde
compostelano, Ángel Currás.
El Papa Francisco nombró a Jesús
Fernández obispo auxiliar de Santiago el pasado 10 de diciembre. (RD/Ep)
Texto
íntegro de las palabras del nuevo obispo
"Doy
gracias a Cristo Jesús, Señor nuestro, que me hizo capaz, se fio de mí y me
confió este ministerio" (1 Tim 1, 12)
Quero
comezar estas palabras facendo miña a acción de grazas do apóstolo San Paulo.
Dou grazas a Deus Pai que, con infinito amor, me creou e me fixo fillo seu,
coidou de min, educoume e configuroume co seu Fillo Xesús Cristo pola Palabra
de Vida na familia, na parroquia, na escola e no Seminario e, en definitiva,
chamoume e quíxome presbítero e bispo na Santa Nai Igrexa.
Gracias
a Jesús, el Señor, que vino al mundo para salvar a los pecadores, entre los que
me encuentro, para mostrar así que nadie debe desesperar de la misericordia de
Dios. Gracias porque me ha juzgado digno de confianza y me ha hecho instrumento
vivo de su presencia salvadora en el mundo.
En
verdad, puedo decir con el profeta Isaías: "El Espíritu del Señor está
sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha enviado para dar la buena noticia
a los que sufren" (Is 61, 1). En efecto, hoy mismo se ha verificado la
renovada y perenne presencia del Señor por la donación del Espíritu Santo.
Junto al don de la Palabra y de la Eucaristía, se nos ha dado el Espíritu de
Dios que recibieron los Apóstoles del mismo Señor, que comunicaron a sus
colaboradores por la imposición de las manos (cfr. 1 Tim 4, 14; 2 Tim 1, 6-7) y
que, a través de esos colaboradores hoy se hace presente en un nuevo eslabón de
la sucesión apostólica. Gracias sean dadas al Santo Espíritu porque, con su
fuerza transformadora, me ha capacitado para ser y vivir como cristiano, como
presbítero y como sucesor de los apóstoles.
Gracias
también a mi Madre la Iglesia en la que, por el bautismo, nací a la vida eterna
y fui incorporado a la familia de los hijos de Dios. Desde muy pequeño recibí
sus cuidados en la parroquia de origen, Selga de Ordás, en el Seminario, en
otras instituciones eclesiales y, finalmente, en la curia diocesana.
Gracias
sean dadas al Santo Espíritu porque, con su fuerza transformadora, me ha
capacitado para ser y vivir como cristiano, como presbítero y como sucesor de
los apóstoles.
Dentro
de la Iglesia, una mención especial, en primer lugar, al Santo Padre el Papa
Francisco que ha querido agregarme al Colegio Episcopal; al muy querido Sr.
Arzobispo de Santiago, D. Julián Barrio, que me ha acogido paternal y
fraternalmente desde el principio y me ha admitido a su lado para hacer camino
juntos en la edificación de una Iglesia en comunión sinodal y misionera. Dios
quiera que sepa responder a la confianza que los dos han depositado en mi persona
y en mi ministerio. Gracias al Sr. Nuncio Apostólico, Mons. Renzo Fratini, a
los Sres. Arzobispos y Obispos que me han mostrado su acogida y apoyo desde el
primer momento del nombramiento y, especialmente, a los que hoy me acompañáis.
Mención
especial merece mi Iglesia de origen, la diócesis de León. Gracias, en primer
lugar, a los obispos que la han pastoreado, particularmente a lo largo de mi
ministerio pastoral: D. Fernando Sebastián que me ordenó presbítero, D. Juan
Ángel Belda, D. Antonio Vilaplana y, sobre todo, D. Julián López que tanto ha
confiado en mí y tanto me ha ayudado en estos últimos años. Gracias a la curia
diocesana y gracias, en general, a todo el presbiterio que me ha devuelto con
creces toda la entrega y dedicación que le ofrecí. Gracias también a los
Seminarios, a los religiosos y religiosas y a los fieles laicos. Con todos me
he sentido a gusto trabajando, todos me han demostrado cercanía y afecto y sé
que oran por mí y por mi nueva misión.
Mi
gratitud alcanza, cómo no, a la Iglesia de Dios que peregrina en Santiago. A la
gratitud expresada ya al Sr. Arzobispo, uno ahora el agradecimiento a la Curia,
al Cabildo catedralicio, al Seminario y, en general, a todas las instituciones
y personas que, nada más conocerse mi nombramiento, me han hecho llegar su
apoyo y han orado por mí. Y gracias, desde luego, a todos aquellos que se han
esforzado en preparar y llevar adelante esta hermosa celebración.
Llegue
mi reconocimiento también a las autoridades civiles, militares, judiciales,
académicas y culturales de los distintos ámbitos autonómicos, provinciales y
locales, presentes o ausentes. Gracias particulares a las que están presentes
aquí en este momento, junto a los demás ciudadanos, lo que manifiesta
plásticamente que pueblo y autoridades han de caminar de la mano en pos del
bien común. Y permítanme también un ruego. Los pequeños, los necesitados, los
pobres, eran los preferidos del Señor y esperan también mi predilección y la de
todos nosotros. Que no nos olvidemos nunca de ellos; de este modo, no nos
avergonzaremos al estrechar sus manos.
Gracias
a mis padres. De ellos he recibido la vida, la fe y el apoyo a mi labor
pastoral; además, han sido para mí un ejemplo importante de honestidad,
respeto, trabajo y laboriosidad. La gratitud se hace extensiva también a mis
hermanos que siempre han estado cerca para ayudarme en cuanto he necesitado y,
en definitiva, a todos mis familiares.
Y
termino este largo capítulo dándoos las gracias a todos los presentes llegados
de diferentes puntos de Galicia, de León y de otros lugares. Gracias por
vuestra oración, por vuestra compañía y por vuestro apoyo. Que Dios os bendiga.
"El
que quiera ser grande entre vosotros sea vuestro servidor" (Mt 20, 26)
Estas
palabras de Jesús, recogidas por el evangelista S. Mateo, me reafirman en la
vocación de entrega total que he ido aprendiendo y asumiendo como presbítero.
La llamada a la plenitud del sacerdocio me exige dar un paso más en la
determinación de entregarme por entero al Señor y a su Iglesia, a esta Iglesia
Compostelana. Consideradme desde ahora mismo el padre y el hermano que, unido a
nuestro Arzobispo D. Julián, se dispone a compartir con vosotros y a serviros
lo único valioso que posee: Jesucristo. Que la intercesión de nuestra Madre la
Virgen María, estrella de la evangelización, del amigo del Señor, el Apóstol
Santiago, y de San Francisco de Asís, peregrino en este lugar hace 800 años, me
ayuden a no desfallecer en la tarea. Que así sea. Me confío a vuestras
oraciones. Gracias a todos.



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