Hoy que, quizá más que
nunca, el mundo parece un gran mercado, donde todo, hasta lo más
sagrado, se compra y se vende, y donde parece que todo tiene –y todos
tenemos- un precio, Jesús envía a sus discípulos sin dinero, sin talega,
sin alforja y sin sandalias.
Jesús no descalifica los
medios humanos, la técnica, el dinero, la radio, la televisión,
internet, etc. Jesús busca coherencia y claridad. Bien están los medios,
pero nunca los podemos convertir en fines. No tenemos que perder nunca
de vista lo esencial. Y lo esencial es el Reino de Dios, el Evangelio,
sus valores y las actitudes que brillaron en Jesús. Si los medios ayudan
a conseguir este fin, hacer llegar el Reino a más personas, y que
llegue en toda su integridad, bienvenidos sean. Si no, preguntémonos por
la autenticidad de la misión, no sea que estemos absolutizando lo
relativo o relativizando lo absoluto. Hay que tratar de ir siempre a lo
esencial, sin detenernos ni siquiera “a saludar a nadie por el camino”,
aunque siempre con respeto, cortesía y formas, pero sin caer en los
puros ritualismos celebrativos o en los ceremoniales sólo mundanos.
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