Roma
(Italia). Fe y caridad:
‘También nosotros debemos dar la vida por los hermanos’, es el lema del mensaje
del Papa Francisco para la XXII Jornada Mundial del Enfermo que se
celebra el 11 de febrero, memoria litúrgica de la Bienaventurada María Virgen
de Lourdes. La jornada instituida en 1992, sirve para recordar a todos la
importancia de la solidaridad hacia los que sufren y que, con demasiada
frecuencia son olvidados.
«La
Iglesia –escribe el Papa – reconoce en vosotros, queridos enfermos, una
especial presencia de Cristo sufriente. (…) El Hijo de Dios hecho hombre no ha
quitado de la experiencia humana la enfermedad y el sufrimiento, pero,
asumiéndolos en sí, los ha transformado y redimensionado. Redimensionado,
porque ya no tienen la última palabra, que, por el contario es la vida nueva en
plenitud: transformados, porque en unión a Cristo de negativos pueden
convertirse en positivos. Jesús es el camino, y con su espíritu podemos
seguirlo. Como el Padre dio al Hijo por amor, y el Hijo se dio a sí mismo por
el mismo amor, también nosotros podemos amar a los demás como Dios nos ha amado
a nosotros, dando la vida por los hermanos».
«Pensemos
en la preciosa labor de tantos trabajadores sanitarios, ellos encuentran día a
día en los enfermos no sólo de los cuerpos marcados por la fragilidad, sino de
las personas a las que prestar atenciones y dar respuestas adecuadas. La
dignidad de la persona no se reduce a sus facultades o capacidades y no se
reduce cuando la misma persona está débil, inválida y necesitada de ayuda. […]
¡No tengáis miedo de la fragilidad!. Ayudaos los unos a los otros con
amor, y sentiréis la presencia consoladora de Dios», el Papa en el
Ángelus del domingo 9 de febrero 2014.
La
vida del hombre es un don recibido que encuentra su entera plenitud sólo cuando
se da con generosidad a los hermanos. Pero para que esto sea posible, es
preciso que nos dejemos formar por el Espíritu del Evangelio en la
caridad y en la misericordia, verdadera profecía en una sociedad que conoce
fuertes acentos de egocentrismo y quizás está fuertemente marcada
por la cultura del tener, del consumir y del despilfarro.
El Papa Francisco afirmó: «La cultura del despilfarro tiende a convertirse
en una mentalidad común, que contagia a todos. La vida humana, la
persona, ya no son consideradas como valor primario que hay que respetar
y tutelar, especialmente si es pobre o incapacitado, si todavía no
sirve- como el no nacido -o ya no sirve- como el anciano. Quisiera que
nos comprometiéramos contra la cultura del despilfarro, por una cultura de la
solidaridad y del encuentro».
(Audiencia
general del 5 de junio 2013).
Hay
que tomar consciencia de la importancia del don de sí, gratuito y generoso, por
las personas que sufren, aportación a la humanización y acto de justicia,
además de la presencia de un Dios que, mediante nuestras manos, desea
cuidar de cuantos están viviendo momentos de prueba. La lógica del crucifijo es
la de la compasión, donde con relación empática sincera, acojo el dolor
del otro hasta darle consuelo. “Aceptar al otro que sufre significa,
en efecto, asumir en cualquier manera su sufrimiento de forma que
se convierta en mío. Pero precisamente porque ahora se ha convertido en
sufrimiento compartido, en el que está la presencia de otro, este
sufrimiento está penetrado por la luz del amor. La con-solatio es ‘un ser
con’ en la soledad, que entonces ya no es soledad” (Spe Salvi).
«Para
crecer en la ternura, en la caridad respetuosa y delicada, - explica el Papa
Francisco – nosotros tenemos un modelo cristiano al que dirigir con seguridad
la mirada. Es la Madre de Jesús y Madre nuestra (...) Ella sabe cómo se hace
este camino y por esto es la Madre de todos los enfermos y de los que
sufren. Podemos recurrir a ella confiados con filial devoción, seguros
que nos asistirá, nos sostendrá y no nos abandonará. Es la Madre de
Cristo Resucitado: permanece junto a nuestras cruces y nos acompaña en el
camino hacia la resurrección y la vida plena».
La actitud generosa y cristiana hacia los enfermos es sal de la tierra y luz
del mundo. Que la Virgen María nos ayude a practicarlo y obtenga paz y consuelo
para todos los que sufren.

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