2 de FEBRERO
“De pronto entrará en el
santuario el Señor a quien vosotros buscáis, el mensajero de la alianza que
vosotros deseáis: Miradlo entrar, dice el Señor”. Son hermosas estas palabras
del profeta Malaquías que se proclaman en la liturgia de hoy (Mal, 3,1-4).
Responden sin duda a las esperanzas de los judíos de su tiempo.
Pero responden también a
los deseos de los creyentes de hoy. Con frecuencia nos sentimos perdidos y
huérfanos. Necesitamos contar con la presencia del Señor. Casi todos creemos
bastarnos a nosotros mismos. Pero nuestra confianza es frágil y nuestras
fuerzas son débiles. Necesitamos contar con la fuerza de Dios.
Claro
que la presencia de Dios no es un calmante barato. El profeta lo anuncia como
un fuego de fundidor y como la lejía de un lavandero. Hay mucho que purificar y
lavar en nuestra sociedad y en nosotros mismos. Necesitamos esa profunda
limpieza que sólo Dios puede aportar a nuestra vida.
SIMEÓN Y ANA
Hoy
se proclama, Jesús es presentado en el Templo, según lo prescrito por la Ley de
Moisés (Ex 13, 2.11). Todo es “evangelio”. Jesús es consagrado a Dios desde su
nacimiento. Su presentación en el Templo es ya la revelación y el anticipo de
su consagración a Dios (Lc 2, 22-40).
Pero
su presencia no pasó inadvertida. A su llegada al Templo, el nuevo y definitivo
profeta de la Nueva Alianza es reconocido por dos ancianos profetas, que
representan la primera alianza de Dios con su pueblo.
El texto repite hasta tres veces que en ese momento se culmina el tiempo de la Ley y llega el tiempo del Espíritu.
El texto repite hasta tres veces que en ese momento se culmina el tiempo de la Ley y llega el tiempo del Espíritu.
Simeón
tiene la suerte de acoger a un Dios cercano. Y descubre la luz del día
definitivo. Es capaz de leer la salvación en sus signos más pequeños. Ana se ha
preparado a este momento con ayunos y oraciones. Ahora alaba a Dios y habla a
todos de este Niño que llega. Escucha a Dios y reconoce a su Enviado.
ACEPTACIÓN O RECHAZO
Las
palabras que Simeón dirige a María ilustran el misterio que se desarrolla en la
historia de la humanidad. Son la profecía sobre la identidad y la misión del
Mesías.
•
“Éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten”. Aceptar o
rechazar a Jesús como Salvador es lo que determina la suerte de Israel y la
nuestra.
•
“Será como una bandera discutida”. Jesús será siempre una bandera, sobre todo
cuando sea levantado en la cruz. Ante él se divide la humanidad.
•
“Así quedará clara la actitud de muchos corazones”. En nuestra aceptación o
rechazo a Jesucristo se revelan nuestras opciones más íntimas.
•
“Y a ti una espada te traspasará el alma”. La que le dio a luz en Belén, lo
verá entregar su vida en el Calvario por los mismos que lo condenan.
-
Señor Jesús, que el Espíritu que guiaba a Simeón nos ayude a descubrir hoy
entre nosotros tu luz y tu verdad y nos impulse a anunciar, como Ana, la buena noticia de tu presencia en el mundo
Amén.
José-Román Flecha Andrés
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