Mis queridos hermanas, ¡Paz y Bien!
Pasadas apenas poco más de 24 horas de lo vivido y celebrado el sábado y reposando tantos sentimientos y emociones quiero enviar este mail a "mis hermanas". Sé que el uso del posesivo es poco franciscano, pero hoy este "mis" quiere expresar un vínculo de fraternidad que no sabría cómo decir. Aunque a algunas os he podido ir dando las gracias individualmente o espero hacerlo en breve, éste quiere ser un mail conjunto a mis hermanas Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor, dirigido también a tantas otras hermanas de los que no tengo su correo electrónico pero que tengo en mi mente ahora mismo junto a vosotras.
El sábado me sentí verdaderamente arropado, por las que pudisteis estar físicamente y por las que os hicisteis presente con vuestras palabras de cariño y vuestras oraciones. Pero lo del sábado fue sólo la constatación de una gracia que el Señor me regaló hace tanto tiempo que se pierde en la memoria y en los años hasta la infancia, la adolescencia, la juventud... Constatación del regalo que me dio cuando me puso en vuestro camino en el cole de Fuencarral.
Gracias a todas y cada una de vosotras y de las que no recibirán este correo pero están también en mi mente y mi corazón, por permitirme caminar a vuestro lado, gracias por encarnar de manera sencilla y silenciosa los valores del Evangelio, gracias por permitirme soñar juntos... Ese sí del sábado fue también un sí a seguir recorriendo junto a vosotras, mis hermanas, estas veredas; a participar de vuestras alegrías y de las tristezas; a seguir compartiendo la misión.
Un fuerte abrazo a todas y cada una de vosotras y todos las que componen la gran familia de María Ana. ¡Que el Señor os bendiga hoy y siempre!
javi
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