Me lo envió Guzmán, y es de su amigo Salvador Moreno:
«Es la vergüenza.
Canela y azafrán,
nuez moscada y pimienta…
nuez moscada y pimienta…
pimienta, sí, pimienta,
productos de ultramar que vendía mi madre
en su inefable tienda
-de Ultramarinos y Coloniales,
rezaba así su nombre en la persiana-…
productos de ultramar que vendía mi madre
en su inefable tienda
-de Ultramarinos y Coloniales,
rezaba así su nombre en la persiana-…
pimienta que ahora sirve, disparada a los ojos,
para ahuyentar a negros inmigrantes del Sur
y además ¡ilegales! - o sea, “sin papeles” –
que pretenden saltar sobre las alambradas
de fronteras o límenes,
pimienta, sí, pimienta…
para ahuyentar a negros inmigrantes del Sur
y además ¡ilegales! - o sea, “sin papeles” –
que pretenden saltar sobre las alambradas
de fronteras o límenes,
pimienta, sí, pimienta…
y a un negro – de la otra negritud – en Oklahoma
le inyectan en la vena un producto
para cumplir la pena – o sea, para matarle –
y aquello no funciona,
está mal fabricado
y agoniza – 43 minutos – entre estertor y grito…
le inyectan en la vena un producto
para cumplir la pena – o sea, para matarle –
y aquello no funciona,
está mal fabricado
y agoniza – 43 minutos – entre estertor y grito…
Noticias del periódico de hoy…
martes, un día cualquiera,
y en el año 14 del siglo veintiuno…
martes, un día cualquiera,
y en el año 14 del siglo veintiuno…
Pimienta, sí, pimienta,
y muerte, y asesinos – ¿Ultramarinos y Coloniales?-
y hasta el horror se siente deturpado,
¡ay, qué vergüenza, madre!.»
y muerte, y asesinos – ¿Ultramarinos y Coloniales?-
y hasta el horror se siente deturpado,
¡ay, qué vergüenza, madre!.»
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