Los caminos orantes son siempre nuevos, sorprendentes, llenos de compasión y ternura, en éxodo hacia los pobres: “En el diálogo amoroso de un alma con Dios germinan los grandes acontecimientos que cambian el rumbo de la historia” (Edith Stein).
El Papa Francisco, regalo del Espíritu para nosotros en esta hora, nos ha sorprendido y alegrado con su carta: La alegría del Evangelio. Nos ha puesto encamino, nos ha propuesto una oración nueva que sale de sí misma y se convierte en anuncio gozoso de Evangelio. ¡Gracias infinitas, hermano mayor, que nos presides en la caridad! Metidos de lleno en la urgencia cotidiana de vivir, sentimos tu aliento “Cada vez que intentamos volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio, brotan nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual” (EG 11).
Dios, que es la fuente de la alegría, viene con nosotros, nos da una provisión de gozo para el camino. “¿Quién más amigo de dar que Dios si tuviese a quien?”(Santa Teresa de Jesús). Dios se hace presente en nuestra humanidad concreta, real, generando una extraordinaria novedad. Para Dios todo es posible; Él afianza nuestra esperanza, recrea las fuentes de nuestra alegría. A la fiesta de Dios están todos invitados; aquí no hay excluidos, ni gentes sin papeles. El mundo necesita gente que ame lo que hace
Fuente: Cipecar.
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