LUCAS 10,17-24
1) Oración inicial
¡Oh Dios!, que manifiestas especialmente
tu poder con el perdón y la misericordia; derrama incesantemente sobre nosotros
tu gracia, para que, deseando lo que nos prometes, consigamos los bienes del
cielo. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del santo Evangelio según Lucas 10,17-24
Regresaron los
setenta y dos, y dijeron alegres: «Señor, hasta los demonios se nos someten en
tu nombre.» Él les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad,
os he dado el poder de pisar sobre serpientes y escorpiones y sobre todo poder
del enemigo, y nada os podrá hacer daño; pero no os alegréis de que los
espíritus se os sometan; alegraos de que vuestros nombres estén escritos en los
cielos.»
En aquel momento, se
llenó de gozo Jesús en el Espíritu Santo y dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor
del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e
inteligentes y se las has revelado a ingenuos. Sí, Padre, pues tal ha sido tu
beneplácito. Mi Padre me lo ha entregado todo, y nadie conoce quién es el Hijo
sino el Padre; y quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo
quiera revelar.»
Volviéndose a los
discípulos, les dijo aparte: «¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! Porque os
digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo
vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.»
3) Reflexión
• El contexto. Anteriormente, Jesús había
enviado a setenta y dos discípulos, ahora éstos vuelven y se explican. Puede
constatarse que el éxito de la misión se debe a la experiencia de la
superioridad, o mejor, de la supremacía del nombre de Jesús respecto a las
potencias del mal. La caída de Satanás coincide con la llegada del Reino: los
discípulos lo han visto al realizar la misión. Las fuerzas demoníacas han
quedado debilitadas: los demonios se someten al poder del nombre de Jesús. Pero
este convencimiento no puede ser el fundamento de su alegría y del entusiasmo
de su testimonio misionero; la alegría tiene sus raíces profundas en el hecho
de ser conocidos y amados por Dios. Esto no quiere decir que la protección de
Dios y la relación con él nos sitúen siempre en ventaja ante las fuerzas
demoníacas. Aquí se pone la mediación de Jesús entre Dios y nosotros: “Mirad,
os he dado el poder” (v.19). El poder de Jesús es un poder que nos hace
experimentar el éxito ante el poder diabólico y nos protege. Un poder que sólo
puede ser transmitido cuando Satanás es derrotado. Jesús ha asistido a la caída
de Satanás, aunque aún no ha sido derrotado definitivamente; los cristianos
están llamados a impedir este poder de Satanás sobre la tierra. Ellos están
seguros de su victoria, aunque vivan en situación crítica: participan de la
victoria en la comunión de amor con Cristo aunque son probados en el
sufrimiento y el la muerte. Sin embargo, el motivo de la alegría no está en la
seguridad de salir indemnes, sino en el hecho de ser amados por Dios. La
expresión de Jesús “vuestros nombres están escritos en el cielo” atestigua que el
estar presente en el corazón de Dios (la memoria) garantiza la prolongación de
nuestra vida en la dimensión de la eternidad. El éxito de la misión de los
discípulos es consecuencia de la caída de Satanás, pero por otra parte muestra
la benevolencia del Padre (vv.21-22): el éxito de la Palabra de Gracia en la
misión de los setenta y dos, vivida como designio del Padre y en comunión con
la resurrección del Hijo, es desde ahora revelación de la bondad del Padre; la
misión se convierte en un espacio para revelar la voluntad de Dios en el tiempo
humano. Esta experiencia la transmite Lucas en un contexto de oración: Muestra
la reacción en el cielo (“te doy gracias”, v.21) y también en la tierra
(vv.23-24).
• La oración de
júbilo. En la oración que Jesús dirige al Padre guiado por la acción del
Espíritu, se especifica que “se llenó de gozo”, expresando la apertura al gozo
mesiánico y proclamando la benevolencia del Padre. Se hace evidente en los
pequeños, en los pobres y en los que no cuenta para nada, porque ellos han
escuchado la palabra anunciada por los enviados y de esta manera acceden a la
relación entre las personas divinas de la Trinidad. Sin embargo, los sabios y
doctos, en su seguridad, se complacen en su competencia intelectual y
teológica. Esta actitud les impide entrar en el dinamismo dado por Jesús a la
salvación. La enseñanza que Lucas pretende transmitir a cada creyente, e
igualmente a las comunidades eclesiales, se podría sintetizar así: la humildad
abre a la fe; la suficiencia de las propias seguridades cierra al perdón, a la
luz, a la benevolencia de Dios. La oración de Jesús tiene sus efectos sobre
todos los que acogen la benevolencia del Padre y se dejan envolver por ella.
4) Para la reflexión
personal
• La misión de ser portadores de la vida
de Dios a los demás comporta un estilo pobre y humilde. ¿Está tu vida
atravesada por la vida de Dios, de la Palabra de gracia que viene de Jesús?
• ¿Tienes confianza en la llamada de Dios
y en su poder, que busca manifestarse a través de la simplicidad, de la pobreza
y de la humildad?
5) Oración final
Tú, Señor, eres bueno e indulgente,
rico en amor con los
que te invocan;
Yahvé, presta oído a
mi plegaria,
atiende a la voz de
mi súplica. (Sal 86,5-6)
PP.CARMELITAS
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