LUCAS 12,8-12
1) Oración inicial Te pedimos, Señor, que tu gracia
continuamente nos preceda y acompañe, de manera que estemos dispuestos a obrar
siempre el bien. Por nuestro Señor.
2) Lectura Del santo Evangelio según Lucas 12,8-12
«Yo os digo: Por todo el que se declare por mí ante los hombres, también el
Hijo del hombre se declarará por él ante los ángeles de Dios. Pero el que me
niegue delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios.
«A todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre se le perdonará; pero
al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará.
«Cuando os lleven a las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no
os preocupéis de cómo o con qué os defenderéis, o qué diréis, porque el
Espíritu Santo os enseñará en aquel mismo momento lo que conviene decir.»
3) Reflexión• El contexto. En el cap. 11 que precede a nuestro relato, Lucas, en el
camino de Jesús hacia Jerusalén, muestra su intención de revelar los abismos
del obrar misericordioso de Dios y, al mismo tiempo, la profunda miseria que se
esconde en el corazón del hombre, y en particular en los que tienen la misión
de ser testimonios de la Palabra y de la obra del Espíritu Santo en el mundo.
Jesús presenta estas realidades con una serie de reflexiones que surten efecto
en el lector: verse atraído por la fuerza de su Palabra hasta el punto de
sentirse interiormente juzgado y despojado de las pretensiones de grandeza que
inquietan al hombre (9,46)
El lector se identifica, además, con algunas actitudes provocadas por la
enseñanza de Jesús: ante todo, se reconoce en el discípulo que sigue a Jesús y
es enviado delante de él como mensajero del reino; en el que tiene dudas para
seguirlo; en el fariseo o doctor de la ley, esclavos de sus propias
interpretaciones y estilo de vida. En síntesis, el recorrido del lector por el
cap. 11 tiene como característica encontrarse con la enseñanza de Jesús que le
revela la intimidad de Dios, la misericordia del corazón de Dios, pero también
la verdad de su ser como hombre. Sin embargo, en el cap. 12 Jesús contrapone al
corazón pervertido del hombre la benevolencia de Dios, que siempre da de manera
sobreabundante. Está en juego la vida del hombre. Hay que estar atento a la
perversión del juicio humano, o mejor, a la hipocresía que distorsiona los
valores para sólo favorecer el propio interés y las propias ventajas más que
para interesarse por la vida, la que se recibe de manera gratuita. La palabra
de Jesús dispara al lector un interrogante sobre cómo afrontar la cuestión de
la vida: el hombre será juzgado por su comportamiento ante los peligros. Hay que
preocuparse no tanto de los que pueden “matar el cuerpo”, sino tener en el
corazón el temor de Dios que juzga y corrige. Jesús no promete a los discípulos
que se ahorrarán las amenazas y las persecuciones, pero les asegura la ayuda de
Dios en el momento de la dificultad.
• Saber reconocer a Jesús. El compromiso valiente de reconocer públicamente la
amistad con Jesús comporta, en consecuencia, la comunión personal con él cuando
vendrá para juzgar al mundo. Al mismo tiempo, “el que me niegue”, el que tenga
miedo de confesar y reconocer públicamente a Jesús, él mismo se condena. Se
invita al lector a reflexionar sobre la importancia crucial de Jesús en la
historia de la salvación: es necesario decidirse, o con Jesús o contra Él y
contra su Palabra de gracia; de esta decisión, reconocer o negar a Jesús,
depende nuestra salvación. Lucas evidencia que la comunión que en el tiempo
presente ofrece Jesús a sus discípulos será confirmada y llegará a la
perfección en el momento de su venida en la gloria (“vendrá en su gloria, en la
de su Padre y en la de los santos ángeles”: 9,26). Es evidente la referencia a
la comunidad cristiana: aunque se está expuesto a la hostilidad del mundo, es
indispensable que el testimonio valiente de Jesús y de la comunión con Él no
disminuya, es decir, no hay que avergonzarse de ser y de manifestarse
cristianos.
• La blasfemia contra el Espíritu Santo. Blasfemar es entendido aquí por Lucas
como hablar de manera ofensiva o en contra. Este verbo se aplicó a Jesús
cuando, en 5,21, perdonó los pecados. La cuestión que plantea nuestro pasaje
puede presentar alguna dificultad para el lector: ¿Es menos grave la blasfemia
contra el Hijo del hombre que la que va contra el Espíritu Santo? El lenguaje
de Jesús puede resultar un poco fuerte para el lector del evangelio de Lucas: a
lo largo del evangelio ha visto a Jesús mostrando la actitud de Dios que va en
búsqueda del pecador, que es exigente pero sabe esperar el momento de la vuelta
a Él y la madurez del pecador. En Marcos y en Mateo, la blasfemia contra el
Espíritu Santo es la falta de reconocimiento del poder de Dios en los
exorcismos de Jesús. Pero en Lucas más bien significa el rechazo consciente y
libre del Espíritu profético que actúa en las obras y enseñanzas de Jesús, es
decir, el rechazo del encuentro con el obrar misericordioso y salvífico del
Padre. La falta de reconocimiento del origen divino de la misión de Jesús, la
ofensa directa a la persona de Jesús, pueden ser perdonadas, pero el que niega
el obrar del Espíritu Santo en la misión de Jesús no será perdonado. No se
trata de la oposición entre la persona de Jesús y el Espíritu Santo, o de un
contraste o símbolo de dos períodos diversos de la historia, el de Jesús y el
de la comunidad post-pascual, sino que, en definitiva, el evangelista trata de
demostrar que negar la persona de Cristo equivale a blasfemar contra el
Espíritu Santo.
4) Para la reflexión personal• ¿Eres consciente de que ser cristiano
reclama afrontar dificultades, insidias y peligros, hasta el punto de arriesgar
la propia vida para dar testimonio de la amistad personal con Jesús?
• ¿Te avergüenzas de ser cristiano? ¿Prefieres el juicio de los hombres, su
aprobación, o el hecho de no perder tu amistad con Cristo?
5) Oración final¡Yahvé, Señor nuestro,
qué glorioso es tu nombre en toda la tierra!
Tú que asientas tu majestad sobre los cielos. (Sal 8,2)
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