PEREGRINO, VIAJEROS Y TURISTAS


Todos los que hemos hecho el Camino de Santiago varias veces en los últimos 30 años, comprobamos el boom que se ha dado en la experiencia. De estar prácticamente abandonada su práctica a ser una de las experiencias preferidas para jóvenes, familias, empresarios, políticos, personas de cerca y de lejos… No sé cuál es la motivación que todas esas personas tienen al salir de casa, con la mochila llena y el calzado nuevo, pero estoy seguro de que todo habrá en la viña del Señor.

Estarán los que actúan desde la fe, dispuestos a caminar como tantos antes que ellos y a encontrarse con Jesús en el camino, al más puro estilo del evangelista Lucas. Estarán los que necesitan soledad, una experiencia de dureza y sufrimiento, medir de lo que son capaces, vivir con cierta inseguridad, probar el sabor del polvo y la humedad de la lluvia… y todo para poner en orden su vida, recordar quiénes son y dar un giro a su existencia. Y, sin duda, también estarán los que lo hagan porque está de moda, porque todo el mundo lo hace, por conocer lugares, porque es un plan chic que da cierto caché… o, tal vez, como sugiere mi amigo Serafín, porque necesitan huir de Dios, de sí mismos o de su realidad, aún sin ellos saberlo muchas veces.

Pero una cosa es tu motivación a la salida y otra distinta es la realidad con la que llegas. Y es el que, al final, tanto unos como otros han salido, han hecho camino, han abierto sus puertas. Y eso siempre puede traer sorpresas. Porque el que salió buscando a Dios puede haberlo encontrado al final o encontrarse con una crisis de fe, simplemente por el hecho de plantearse ciertas cosas. El que salió a buscarse a sí mismo, igual acabó haciendo fotos y huyendo de lo que empezaba a asomarse en el horizonte; y aquel que, huyendo de todo sólo quería darse un paseo fotográfico, igual terminó encontrando a un Dios al que negaba en su partida.

Desde luego, los que no encuentran nada son los que, pensando que nada necesitan, que todo lo tienen, se quedan permanentemente en el lugar en el que están. La seguridad y el miedo son buenos amigos y suelen aliarse para evitarnos pasos hacia lo desconocido. Y así van, de oportunidad perdida en oportunidad perdida. Una pena.

Aleteia.@scasanovam

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