
Que en Dios hay espacio para el hombre. Esto es lo que nos dices, Virgen María. Dios mismo es la casa con muchas moradas. Dios es la casa del hombre, su destino, su futuro.
Nos espera su abrazo de amor. María, tú vas a Dios y no te desentiendes de lo nuestro. Los pobres, los pequeños, siempre te van a tener con ellos. Porque Dios está muy cerca de nosotros y quien va a Dios se acerca cada vez más a la humanidad peregrina de Dios por la esperanza.
Tu corazón es tan grande que toda la creación puede entrar en él. María, tú estás cerca. Nos escuchas, nos ayudas. No hay llanto humano que no encuentre eco en tu corazón, no hay grito orante que no pase por tus manos intercesoras, no hay alegría que no se recree en tu fuente. No hay esperanza que no se renueve en ti, María.
Cipecar
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