
La sociedad actual nos lleva a evaluar todas las cosas desde condiciones internas y externas. En esa evaluación prima mucho el “qué dirán” y por eso, en múltiples ocasiones, necesitamos estar cargados de buenos recursos para no quedar mal ante el público expectante que nos quiere evaluar y/o juzgar.
El Señor Jesús nos dice que no tenemos que fijarnos en el éxito que tienen nuestras misiones. No tenemos que estar sometidos a la esclavitud del juicio externo, sino que debemos trabajar por el Reino y estar alegres porque “nuestro nombre está inscrito en el cielo”( Lc 10,20). Porque el Señor, que sabe de lo profundo de nuestro corazón, reconoce el esfuerzo y la entrega, el fondo y la intención. A veces las cosas saldrán como pensábamos y otras no, pero no nos debemos de quedar en lo exterior sino ser capaces de ir más allá y reconocer que cumplimos con la voluntad de Dios.
E Ignaciana
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