LA POTENCIA DE LA NATURALEZA


Tendemos a pensar que somos capaces de controlarlo todo. Buscamos una normalidad en nuestra vida que nos conduce a creer que las circunstancias nunca afectarán o trastornarán aquello que queremos y deseamos vivir. Pero nada más lejos de la realidad. Nuestra pequeñez sale con frecuencia a nuestro encuentro, y se muestra, de una manera evidente, en los contratiempos que nos trae la naturaleza.

Este fin de semana, Málaga ha sufrido las consecuencias de una gota fría que ha marcado con gran evidencia la insignificancia de nuestras fuerzas ante la potencia desorbitada de una naturaleza que tiene sus tiempos, sus formas y sus consecuencias. Si hace unas semanas fueron trece los fallecidos en Mallorca cuando el cielo se rompió y desplomó una enorme tromba de agua, esta vez ha sido un bombero, José Gil, el que, en el servicio entregado de su vocación, perdió la vida ahogado mientras estaba trabajando junto a otros dos compañeros.

No debemos olvidar nuestro ser criaturas y que esto conlleva la limitación de nuestras posibilidades. No somos los creadores de todo, ni somos los dueños de la climatología, ni siquiera somos capaces de evitar las enfermedades. Nos dejamos llevar por el afán de ser pequeños diosecillos que pueden controlar las cosas, pero ese falso castillo se nos cae en el primer resfriado del invierno o el torpe tropiezo con un escalón. Es difícil reconocerse limitado, pero es tan necesario como urgente. Reconocerse limitado no quiere decir que tengamos que bajar los brazos y dejar de trabajar por mejorar el mundo, sino más bien saber cuáles son nuestros límites y aceptarlos. Saber que formamos parte de un ciclo natural que nos desborda y del que tan sólo somos una pieza más.

Ser criaturas de la Creación nos hace partícipes del inmenso y bello mundo del que formamos parte, pero también nos enseña que nuestro radio de acción es reducido. Nuestra contribución, esperada y necesaria, siempre será un pequeño granito de arena en la desproporción del ciclo de la naturaleza que nos envuelve y abraza. No hay intención moral en las acciones naturales, pero sí debemos reflexionar sobre lo que suponen para nosotros, y nuestra sociedad, cada una de ellas. La vida nos sigue enseñando a través de cada acción natural, bien sea un bello amanecer en la estepa africana, un maremoto en el rincón más alejado del Oriente, el deshielo de un glaciar o unas lluvias torrenciales en Europa. La vida sigue rugiendo y, desde nuestra pequeñez, sólo nos queda observar, escuchar y aprender.

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