«ERRARE HUMANUM EST»



Anda el mundo perplejo por el error de la gala de los Oscar. El último premio se lo dan a «La la Land» y luego resulta que no era el sobre correcto, que hay que bajarlos del estrado, que suban ustedes de «Moonlight» que sí que han ganado... ¡Vamos! un papelón para todos los que se vieron envueltos en la jugada. Desde casa es fácil decir que Warren Beatty debería haber reaccionado con más contundencia y haberse dado cuenta del error al ver el nombre de la actriz en la papeleta, o que Faye Dunaway se precipitó, o que los dos encargados de los sobres (en realidad uno de los dos, el que dio el sobre que no tenía que dar) debían ser los más lumbreras de la empresa... En fin, podemos decir de todo. Y ya no te digo si esto llega a ocurrir en España. Entonces ya hubiéramos dicho eso de que «esto no pasa en otros sitios», y si me apuras pedimos la comparecencia en el congreso del ministro de Cultura. Pero, la verdad es que sí, la realidad es muchas veces capaz de superar a la más disparatada ficción. 

Porque los errores son humanos. Podemos meter la pata, hacer algo mal, equivocarnos en algo, y generar trastornos, incomodidad o situaciones de verdad indeseables. Ojalá los errores que tengamos no conlleven consecuencias nefastas. Y ojalá aprendamos a afrontarlos, en cada caso con un buen equilibrio de las actitudes que pueden ser más necesarias: humildad para reconocerlos; madurez para encajarlos; responsabilidad para afrontar lo que impliquen; ternura para asumirlos. 

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