TIEMPO PARA LA FE Y LA ESPERANZA


Toda palabra de Dios pone en marcha la fe. Toda palabra de Dios acogida en fe pone en marcha la oración. No tenemos nada que decirle a Dios si El no nos da sus palabras. María nos ha enseñado a guardar la Palabra con fe, sin que la desesperanza nos venza. A veces la vida nos va haciendo más pequeños; cada año que pasa es un retroceso de la vida y de la ilusión. Y lo confundimos con falsas humildades. Nuestro mundo se va haciendo cada vez más pequeño. Cada día cerramos la puerta a nuevos proyectos cada vez son menos. Nos cuesta hasta hacer el proyecto de vida. No tenemos ganas de caminar, en todo caso repetir, repetir, para que no se caiga el invento. ¡Ay de quien rompe con el pesimismo y la desilusión el eslabón de la esperanza!
 Escuchad este texto de Isaías:
“Ensancha el espacio de tu tienda, despliega sin miedo tus lonas, alarga tus cuerdas, hinca bien tus estacas, porque te extenderás a derecha e izquierda” (Is 54,3).
 Una comunidad cristiana es, con sus gestos, con sus palabras, con lo que se cuentan de boca a boca, con su vitalidad, con su trabajo, con el estilo de ambientar su casa, es una convocatoria a la esperanza.
 Si tiene sembrada la Palabra y la acoge con fe. Entonces la desesperanza no vence. No prestéis oído a los que no transmiten más que malas noticias y matan la esperanza. No les prestéis oído. Ensanchad el espacio de vuestra tienda, como María, la tienda del encuentro, el arca de la Alianza, la nube fecunda, la viña florida.
Cipecar

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