LAS FRONTERAS Y EL ARZOBISPO



Las fronteras de España con Marruecos, en Ceuta y Melilla, son noticia cada poco tiempo por los miles de inmigrantes que intentan saltarlas: miles esperan en campamentos en el lado marroquí para cruzar la valla. Algunos pocos lo consiguen y se quedan en tierra española. Otros, de los que cruzan, son devueltos, a veces ilegalmente por las fuerzas de seguridad. Se escuchan los debates: unos dicen que no se puede ser ingenuos, hay que reforzar las fronteras, no se puede dejar a todo el mundo que venga. Otros creen que las fronteras son artificiales y todo ser humano tiene derecho a buscar una vida mejor. Hay quienes se centran en las leyes y en la frontera material viendo a los inmigrantes como números; otros se compadecen de estas personas y defienden sus derechos.

Con tanta noticia en que nos presentan a los inmigrantes como masas necesitamos voces que nos ayuden a ver su humanidad. Una de estas voces es D. Santiago Agrelo, el arzobispo de Tánger, que escribía en su muro de Facebook:

Si lo que vieron mis ojos no es irreal, la noticia que me llegó esta mañana decía que la guardia civil, en la valla de Melilla, a un emigrante que había estado durante horas colgado de la valla, cuando bajó, lo sedó, como se hace con los rinocerontes o con los felinos. Al que tiene hambre lo llama el pan, lo atrae el pan, lo seduce el pan, no lo llama ninguna frontera. De las fronteras huimos, incluso los que tenemos papeles, porque son siempre vejatorias, deshumanizadas, impersonales... La decencia pide que el dinero de los contribuyentes españoles se gaste en algo más digno que vallas y sedantes.

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