YA NO TENDRÉ QUE HACER LO QUE NO ME APETECE



Sería genial. Imagina que ese trabajo final que te tiene agotado, para el que ya no te quedan fuerzas ni originalidad para seguir sacando ideas, ese proyecto que parece infinito, que solo te trae disgustos, esa lista interminable de papers que se te atragantan… te los acaba el móvil, respetando tu estilo, tus giros particulares y con un buen resultado. Magia casi, ¿no?

Huawei, la marca de tecnología china, te está abriendo ese camino. Hace poco presentó el final de la sinfonía inacabada de Schubert, conseguido gracias al algoritmo que desarrolló uno de sus móviles. Poco más que una lámina de circuitos que te cabe en el bolsillo ha sido capaz de componer dos movimientos de una sinfonía. Un pequeño paso para el camino de una inteligencia artificial real, pero uno grande para todos aquellos que vivimos en la procrastinación (retrasar siempre lo que no te apetece hacer), o que asumimos el lema «¿es que eso no puede hacerlo otro?» con el que Homer Simpson ganó unas elecciones en Springfield.

Porque, aunque muchas voces se han levantado para defender los derechos del compositor original, la realidad es que otros quedan esperanzados a que su móvil sea capaz de terminar los informes, corregir exámenes, escribir trabajos o artículos de pastoralsj. Podíamos hacer aquí una defensa de la cultura del esfuerzo, de las bondades del proceso creativo o de la honestidad de poner en juego la propia singularidad sacando lo mejor de nuestras habilidades. Seguramente eso te suene bien, pero a la vez te preguntes cuándo llegará semejante prodigio a tus manos, cuándo la inteligencia artificial te empezará a resolver la vida.

Quizás en unos años me tenga que tragar estas palabras, pero lamento decirte que eso no va a pasar. Incluso lo que se ha vendido como una creación de la inteligencia artificial en realidad ha sido un algoritmo que luego ha desarrollado un compositor de música profesional, Lucas Cantor. Puede que el desarrollo tecnológico desmienta lo que ahora pienso, pero hoy en día soy escéptico al respecto de que la inteligencia artificial llegue a sustituir al despliegue creativo de cualquiera de nosotros.

Ponemos nuestras esperanzas en que otro resuelva lo que dejamos por hacer. Pero esas esperanzas se suelen convertir en frustración. Predictores de texto que te ponen palabras sin sentido, correctores ortográficos cuyo trabajo tienes que revisar… Ayudas sí para nuestro trabajo. Pero solo eso, ayudas. Tu parte del trabajo seguirá siendo tuya, para bien y para mal. Así que cierra la pestaña y ponte a terminar lo que estabas haciendo.

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